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22.01.12

La Tasa de Alfabetización Mundial en el 2011 y su Evolución Histórica

Categorías: Educación

Por alfabetización entendemos el acto de instruir a una persona en la lectura y escritura. Tradicionalmente, el término sólo hacía referencia a la acción y el efecto de enseñar a leer y a escribir. Sin embargo, esta definición no considera la comprensión de lo leído o escrito, por lo que han ido apareciendo distintas categorías de analfabetos en función de su capacidad de comprensión del lenguaje simbólico de la escritura.

El concepto de analfabetismo ha evolucionado significativamente en las ultimas décadas, ya que el hecho de poder decodificar un mensaje escrito o codificarlo adecuadamente no significa que el individuo pueda desenvolverse con normalidad en su vida diaria.

Podemos distinguir entonces el analfabetismo total del parcial, en función de que se sepa o no escribir; estas dos categorías entran dentro del considerado analfabetismo absoluto. En otra categoría entra el concepto de analfabetismo funcional u oculto, en el que el individuo, aun sabiendo leer y escribir, es incapaz de comprender o de explicar el significado de lo escrito, por lo que, excepto para labores menores, es analfabeto, o es incapaz de leer y escribir, aunque pudiera hacerlo en un momento determinado de su vida. La alfabetización se ha dividido tradicionalmente en etapas: prealfabetización, aprendizaje de la lectura y la escritura, postalfabetización, lo que ha impedido concebirla como un proceso holístico, continuo y progresivo de conciencia individual y del exterior que permita la percepción, el conocimiento, la reflexión y la acción.

 

 

 

 

En consecuencia, el concepto de alfabetización ha ido matizándose y ampliando su campo de aplicación. En 1987, el Consejo Internacional de Educación de Adultos definió la alfabetización como la adquisición del "conjunto de conocimientos necesarios para el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de los adultos". La UNESCO define al individuo alfabetizado como "toda persona que es capaz de leer y escribir, comprendiéndola, una breve y sencilla exposición de hechos relativos a su vida cotidiana". Acorde a esto, el proceso de alfabetización no sólo comprende la lecto-escritura (a la que se añade la facultad de contar), sino que exige que el lector tenga procesos mentales adecuados y nociones que le permitan establecer una relación personal con lo escrito. El proceso de alfabetización tiene lugar en la primera etapa de formación de la persona, por lo que está directamente relacionado con la educación y la primera infancia. Las investigaciones han confirmado que durante los primeros años del niño, el cerebro despliega trillones de sinapsis entre las neuronas. Sin embargo, a partir de los diez años, se destruyen las conexiones más débiles, permaneciendo sólo las que han sido transformadas, enriquecidas y fortalecidas por la experiencia. El descubrimiento de la lectura y la escritura se produce en esos años, y es trascendental para la actitud que tendrá el niño en su vida adulta.

 

Evolución.

Históricamente, la alfabetización aparece vinculada al nacimiento de la escritura y del alfabeto, y ha ido evolucionando conforme al desarrollo de las distintas culturas en que dicha escritura ha ido tomando cuerpo. No es hasta el siglo XX cuando la alfabetización se ha incluido, contenida dentro de la educación elemental, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948.

 

El dominio de las técnicas de lectura y escritura desde siempre ha estado vinculado al ejercicio del gobierno y al poder. En consecuencia, las culturas y las personas siempre se han clasificado según su capacidad de acceso a las fuentes escritas. La escritura, vinculada a una categoría mágica, religiosa, artística, estética o administrativa, nació al servicio de la memoria colectiva. Es incalculable el número de obras de valor literario y artístico que han sido transmitidas de forma oral en todo el mundo y han desaparecido por no haber sido escritas. La memoria quedó definitivamente vinculada a los alfabetizados de cada época, quienes con frecuencia eran los encargados de redactar las leyes y controlar los impuestos. Así fueron imponiéndose como consejeros de los gobernantes y jueces de la colectividad, apropiándose en ocasiones de las riquezas que inventariaban o de los impuestos que percibían. En este contexto se pueden rescatar las palabras de Meliá: las sociedades tribales sin clases desconocen la escritura; quizás por eso no existan las clases en ellas.

 

En la mayoría de las sociedades, el desarrollo de la escritura originó no sólo la capacidad de leer, sino también de escribir los textos canónicos y religiosos. Aunque la escritura aparece en Oriente Medio como un instrumento al servicio de la administración de las incipientes ciudades, en el Lejano Oriente constituyó un medio de acercamiento a los dioses. A partir del siglo XXII a.C. apareció el sistema chino de escritura, con las dinastías Xia (siglos XXII al XVIII a.C.) y Shang (siglos XVIII al XI a.C.). En esta época, la sociedad china se jerarquizó, y quedó sólidamente establecido el poder estatal bajo la figura del emperador. La escritura empleada con fines comerciales llevó a una simplificación de los sistemas alfabéticos y desde sus inicios estuvo en manos de los escribas (Mesopotamia, Egipto y China), quienes con frecuencia pertenecían a las castas sacerdotales. Durante siglos, los letrados se dedicaron a perfeccionar los sistemas de representación hasta poder llegar a transmitir todos los matices expresados en el lenguaje oral. Los primeros vestigios de la escritura en Mesoamérica podemos encontrarlos en la cultura olmeca, probablemente vinculados a las clases sacerdotales, y que evolucionaron lentamente en las posteriores civilizaciones de Teotihuacán, Mixteca, Maya, Zapoteca y Azteca, hasta llegar a los primeros manuscritos de los silgos XVI y XVIII.

 

En la Grecia clásica, hacia el siglo V a.C., se fijaron las bases del sistema educativo que perduraría en la civilización occidental. Los griegos fueron los primeros en concebir la educación como un proceso de integración del ciudadano en la polis: a los siete años comenzaba la formación del niño, quien era instruido en lectura, escritura y aritmética por un esclavo anciano, además de música y gimnasia, hasta que al cumplir los 16 años ingresaba en el gimnasio. Platón fue el primero en preocuparse por los problemas referentes a la educación con su Academia, seguido de Aristóteles. Los patricios romanos eran aficionados a poseer una biblioteca en su casa, y fueron precisamente los latinos, hastiados de ser gobernados y juzgados por leyes que ignoraban, los primeros en exigir que sus normas figurasen por escrito en panales de madera en el Capitolio romano. Con Espurio Carvilio Ruga, nació en Roma la primera escuela de gramática hacia el año 250 a.C. En todas las épocas la enseñanza fue transmitida de forma selectiva, y sólo en ocasiones fue objeto de un enfoque sistemático.

 

Las invasiones bárbaras provocaron que la cultura escrita se refugiara en templos y monasterios, para preservar los textos sagrados de la celebración del culto. Durante los denominados "siglos oscuros" de la cultura visigoda (siglos V al VIII), la alfabetización quedó definitivamente en manos de la Iglesia católica, quien se ocupó de la difusión de la cultura y la alfabetización de clérigos y nobles. En esta época fue trascendental el papel de San Isidoro de Sevilla. Las escuelas, laicas y paganas, fueron desapareciendo para dejar paso a la educación cristiana a cargo de profesores particulares (magistri domestici). Las clases dirigentes, en las que el dominio del latín era imprescindible, fueron educadas en la cultura latina. Durante el feudalismo, los señores se vieron obligados a acompañarse de clérigos quienes, conocedores de las técnicas de escritura, ocuparon una posición privilegiada. La mayoría de la población, sobre todo rural, no tenía acceso a la educación, aunque en el ámbito religioso y nobiliario debió existir un nivel de escolarización adecuado. Durante siglos, el poder religioso, estrechamente vinculado al civil, estimó indispensable enseñar unos principios básicos de lectura, a modo de acceso pasivo a lo escrito. Por otra parte, la Iglesia eliminaba los escritos que atentaran contra su doctrina o los que consideraba paganos o heréticos, y en este aspecto la Inquisición desempeñó un papel importante.

 

El descubrimiento de la imprenta proporcionó un marco singular para el desarrollo de la alfabetización. Durante el renacimiento, los secretarios de los príncipes asumieron un papel destacado como encargados de redactar las leyes, los textos judiciales y administrativos y los tratados diplomáticos y comerciales. En Francia, por ejemplo, apareció la "nobleza de toga", letrados que compraron sus cargos y que se adueñaron del poder (y de buena parte de las riquezas del estado). Con Erasmo de Rotterdam y Juan Luis Vives, la educación volvió a ocupar un papel principal. En Europa, se enseñaba primero a los niños a conocer los caracteres y a comprender los textos latinos; la escritura se reservaba para una fase posterior, a menudo optativa. Aparecieron así categorías semialfabetizadas que a menudo sólo tomaban conciencia de un texto mediante la lectura colectiva. Durante mucho tiempo la lectura en voz alta o murmurada fue una práctica habitual en la industria (por ejemplo la del tabaco cubano que se practica actualmente) o para que las mujeres pudieran disfrutar de las novelas. Sin embargo, la lectura silenciosa quedó reservada para aquellos privilegiados que habían tenido acceso a estudios en colegios y universidades.

 

Los sistemas nacionales de educación aparecieron a comienzos del siglo XIX vinculados a la progresión de la burguesía liberal, que hasta entonces no tenía acceso ni a la universidad ni a las escuelas, destinadas estas últimas a la elite nobiliaria. Durante mucho tiempo, la alfabetización fue muy reducida en las sociedades occidentales, y algunos autores llegaron a sostener que las grandes revoluciones tuvieron lugar cuando más de la mitad de la población estaba alfabetizada. De hecho, los grandes movimientos populares emplearon panfletos y documentos para transmitir sus ideas.

 

Situación actual.

 

A comienzos del siglo XX se generalizó la educación y con ella la alfabetización en los países occidentales. Después de la Segunda Guerra Mundial, el nivel educativo disminuyó y los nuevos sistemas educativos ignoraron aspectos fundamentales como la lectura, la escritura y la gramática. Aquellos países que mantuvieron una política gubernamental adecuada tuvieron éxitos notables. Al fin de la guerra, Albania tenía el 75, 4% de la población analfabeta. Diez años después se había reducido al 30%. El descenso en la educación fue progresivo y se aceleró después de los años cincuenta, cuando el televisor "asumió" el cuidado de los niños, controlados por el continuo flujo de imágenes. En los últimos treinta años se han ido produciendo alternativamente distintos enfoques. La crisis de los años setenta llevó a recortes en los países industrializados, quienes "redescubrieron" el analfabetismo en los mismos. Las nuevas industrias requerían que personas analfabetas que antes ocupaban un puesto de trabajo sin ningún problema quedaran desprotegidas y convertidas en un problema social. En los ochenta, el énfasis sobre los indicadores cuantitativos asoció el desarrollo educativo con expansión antes que con transformación social. Las agencias internacionales fomentaron esta política exigiendo el cumplimiento de metas cuantitativas, en particular, el incremento de la matrícula escolar, especialmente de las niñas. Por otra parte, muchos gobiernos, principalmente de los países no industrializados, habían reducido su presupuesto de enseñanza debido a los pagos de la deuda externa y a una disminución de los ingresos por exportaciones.

 

En 1990, Año Mundial de la Alfabetización, se celebró la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos en Jomtien, Tailandia, organizada por la UNESCO, el PNUD, UNICEF y el Banco Mundial, a los que se sumó posteriormente el FNUAP. Jomtien hizo de la educación una prioridad internacional para intentar detener el declive de la educación básica que se produjo en los años ochenta. Participaron 155 gobiernos, 33 organismos intergubernamentales y 125 ONG, quienes aprobaron el siguiente principio: "Cada persona -niño, joven o adulto- deberá estar en condiciones de aprovechar las oportunidades educativas para satisfacer sus necesidades básicas de aprendizaje". Se fijó el objetivo de reducir el analfabetismo en un 50% durante la década de los 1990, con énfasis en la alfabetización de las mujeres. No obstante, los gobiernos no asumieron las enormes inversiones necesarias para conseguirlo. La década, tras la caída del muro entre otros eventos, tuvo varias crisis económicas y sociales, y empezó con 882 millones de analfabetos y 125 millones de niños no matriculados, que serán los analfabetos del siglo XXI. La Conferencia Internacional de Alfabetización celebrada en Ginebra en 1990 y organizada por la UNESCO se propuso como objetivo que el 80% de los niños y niñas menores de 14 años estuvieran escolarizados o hubieran completado la educación primaria, reducir al 15% el analfabetismo mundial en el año 2000 y eliminar la desigualdad entre hombres y mujeres. A pesar del esfuerzo desarrollado en todo el mundo, de los importantes programas de alfabetización y de formación de adultos implementados, y de que la situación ha mejorado claramente en algunos de los países menos adelantados, la proporción de adultos analfabetos sigue siendo abrumadora. El número es cuestionado: la UNESCO lo estima para el año 2000 en 876 millones de personas, el 20, 6% de la población mundial (en 1970 era el 37% y en 1950 del 45%), mientras que otras fuentes (quizás más realistas) lo cifran en más de 1.000 millones. En cualquier caso, más de los dos tercios son mujeres. Una mujer de cada tres es analfabeta, mientras que en los varones la proporción es de uno a cinco. En los 90, muchos países han superado la tasa crítica del 70% de alfabetizados, en la que se mantiene el proceso de alfabetización y es posible erradicar el problema. Países como Costa Rica, Tanzania, Kenia y Zimbabwe obtuvieron resultados sorprendentes. Otros, como los Países Árabes, ricos en petróleo, mantienen aún tasas elevadas del 38, 8% (27, 7% en hombres y 51% en mujeres).

 

No obstante, hay que reconocer el esfuerzo realizado en el siglo XX: la tasa mundial de analfabetismo de los adultos nacidos antes de 1926 era del 75%; se redujo al 52% para los nacidos alrededor de 1948 y al 20% para los nacidos en 1970. Las mujeres y las niñas son las más perjudicadas. Las chicas representan los dos tercios de los niños no escolarizados a escala mundial. Entre las causas que producen esta situación figuran la existencia de tradiciones patriarcales y de sistemas sociales que penalizan a las mujeres, su seguridad y el papel que el trabajo doméstico tiene en muchas sociedades. Los sistemas educativos establecidos por las potencias coloniales favorecieron la discriminación de género que, con menor fuerza, sigue vigente en nuestros días. En Asia meridional, la tasa de matriculación de las niñas es del 50%, frente al 65% de los niños. Esto provoca muchas dificultades en todos los campos, incluso en el sanitario. En Malaui, la diferencia entre sexos se ha reducido desde 1991: una normativa exime de gastos de escolarización a los niños y niñas que no repiten en la escuela primaria. En un estudio sobre 19 países, más del 40% de las mujeres analfabetas desconocían qué es el SIDA, frente al 8% de las mujeres que lo desconocían habiendo superado la primaria. Aunque la educación de las chicas ha mejorado claramente en el mundo, la de las mujeres no ha tenido la misma suerte y su índice de alfabetización sigue siendo bajo.

 

Aun con el rápido crecimiento de la población, el índice de analfabetismo se ha reducido. Una de las principales explicaciones para este hecho es que el contingente de nuevos alfabetizados se ve alimentado constantemente por adultos jóvenes que no han podido acudir a la escuela o que la han abandonado con una preparación insuficiente. La triste realidad es que, cuando el número de niños escolarizados aumenta, la calidad de la enseñanza tiende a bajar.

 

En los países en desarrollo se ha producido un proceso de universalización de la enseñanza y de mejora de su calidad. No obstante, el número de analfabetos de este grupo de países en el año 2000 se estima en 865 millones, el 26, 3% de la población. Más del 20% de los niños en edad escolar primaria (unos 130 millones) no acuden a la escuela (cerca de un 60% de ellos son niñas), mientras que solamente la mitad de los niños en edad escolar secundaria (un 55% de los niños y un 46% de las niñas) están matriculados. Desde 1990, la matrícula en primaria ha aumentado en 50 millones de alumnos, de los que más de la mitad son niñas. 150 millones de niños y adolescentes matriculados abandonaron la enseñanza primaria antes de llegar al quinto grado. En muchos países, los maestros necesitan del pluriempleo, con la consiguiente disminución de la eficiencia, o bien son necesarios esfuerzos privados para complementar al sector público. Los países menos favorecidos son Afganistán (63, 7%), Bangladesh (59, 2%), Bután (52, 7%), Nepal (58, 6%), Pakistán (56, 7%) y Yemen (53, 8%). Los que se encuentran por debajo del 10% son Brunei Darussalam (8, 4), Hong Kong (6, 6%), Chipre (3, 1%), Israel (3, 9%), Corea (2, 2%), Macao (6, 8%), Maldivas (3, 7%), Mongolia (0, 7%), Filipinas (4, 6%), Singapur (7, 6%), Sri Lanka (8, 4%), Tayikistán (0, 8%), Tailandia (4, 4%) y Vietnam (6, 7%).

 

El problema no afecta solamente a los países en vías de desarrollo, sino también al 26% de los adultos de los países industrializados, según un estudio realizado por la OCDE en 1995. La mayor proporción de analfabetos absolutos se encuentra en las regiones densamente pobladas. En los países desarrollados es la población adulta la que se esta quedando sin educadores. En 1986, un adulto de cada ocho no era capaz de leer; en el Reino Unido, el 13% de una muestra de jóvenes de 23 años tenía dificultades para leer, escribir y calcular. En Francia, Canadá y otros países ricos del mundo se obtuvieron cifras similares. En los países industrializados, donde la escolaridad es obligatoria (en algunos desde hace más de 100 años) y la mayoría de los jóvenes pueden recibir enseñanza escolar hasta pasados los 20 años, se descubrió en los años 70 el llamado "analfabetismo funcional". El 30% de los húngaros no ha usado la escritura nunca en su vida y el 16% jamás ha tenido una hoja impresa en sus manos. Si consideramos todas las categorías de analfabetos y las personas que no han concluido los dos primeros ciclos de la enseñanza básica, las cifras de los analfabetos funcionales serían las siguientes: España, 36, 4%; Italia, 23%; Grecia, 23, 2%; Francia, 20%; Canadá, 24% (mayores de 18 años) y EE.UU., 17% (mayores de 17 años).

 

América Latina y el Caribe cuentan en general con una mejor estructura que otras zonas del planeta. Se estima en 42 millones la población analfabeta (2000) en dichas regiones; el 11, 7% (10, 8% en hombres –19 millones- y 12, 6 % en mujeres –23 millones-), menos de la mitad del porcentaje que tenía en 1970 (43 millones). El ritmo de alfabetización ha sido muy lento, pero ha manifestado un descenso continuo. Tras las graves crisis estructurales, los difíciles periodos inflacionistas y las políticas de ajuste de la "década perdida", en los años noventa se han desarrollado varios programas de descentralización de los ineficientes sistemas educativos, con experiencias exitosas en México, Argentina, Brasil y Colombia. El analfabeto está identificado con el sector rural, el desempleado o subempleado, el indígena o el individuo de clases marginales. En México, el porcentaje de la población que no sabe leer pasó del 77, 7% en 1900, al 23, 8% en 1970, y al 10% en la actualidad. A pesar de estos avances, la distribución es muy desigual: en el Distrito Federal es del 4%, mientras que en algunas comunidades de Chiapas llega hasta el 70%. En Cuba, tras la campaña de alfabetización posterior a la Revolución, se mantienen tasas inferiores al 10% (7, 9% en 1980; 4, 4% en 1995). Una de las características de los sistemas educativos latinoamericanos es la coexistencia de grandes masas de excluidos con grupos relativamente grandes que han tenido acceso a estudios superiores, lo que dificulta los procesos de integración nacional, las reformas democráticas y los avances hacia un desarrollo sostenible.

 

En América del Norte, el 7, 3% de la población (6, 7% de los hombres y 7, 9% de las mujeres), unos 44 millones, son analfabetos. Más de 25 millones de estadounidenses tienen esta condición. Otros 45 millones, por lo menos, son sólo capaces de llevar vidas productivas en forma limitada. Estas dos categorías ascienden a casi el 49% de todos los estadounidenses adultos. L. Ronald Hubbard indicaba en una nota escrita alrededor de 1980 que en Estados Unidos la incapacidad para comprender la comunicación escrita y oral es de dimensiones tan epidémicas, que "ya no deberíamos preguntar más la razón de su fracaso". En estudios realizados a partir de 1978, con estudiantes de las décadas de 1950 y 1960 en escuelas públicas de Estados Unidos y Europa, Hubbard observó que el nivel de alfabetización era mucho más bajo que cualquiera que hubiera encontrado antes, excepto el de las tribus beréberes en Marruecos. Las investigaciones posteriores fueron más elocuentes: un 50% de la población de los Estados Unidos no era capaz de leer un texto de octavo grado de primaria. El porcentaje de estudiantes que abandonaban sus estudios era cinco veces más alto que en Japón y diez veces más que en Rusia. El costo financiero de esta crisis para la industria de los Estados Unidos se estimó en veinte mil millones de dólares al año, y el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos advirtió sobre las "devastadoras consecuencias" del analfabetismo de la fuerza laboral estadounidense.

 

África, como en otros ámbitos, es el continente más desfavorecido; se caracteriza por su elevada tasa de analfabetismo y la baja tasa de escolaridad, sobre todo en el África Subsahariana. En esta región, en los Estados Árabes y Asia meridional, la educación ha estado supeditada a los avatares políticos y económicos, y sólo se han apreciado mejoras en aquellos países que no han sufrido guerras. En África, a pesar de los grandes esfuerzos realizados durante décadas, la presión demográfica, los ineficaces sistemas educativos y la enseñanza en lenguas no maternas ha producido un aumento del número de analfabetos. En 1970 la cifra era de 141 millones (el 71, 6%; 60, 6% en hombres y 82, 2% en mujeres); en el año 2000, el número alcanza unos 182 millones, el 40, 3% de la población (49, 1% en mujeres y 31, 3% en hombres). Estas cifras se consideran bajas por la escasa fiabilidad de los sistemas estadísticos oficiales, aunque también es cierto que excluyen a las personas alfabetizadas en lenguas no oficiales. Cada año mueren en Kenia cientos de individuos incapaces de leer las etiquetas de los fertilizantes químicos y pesticidas que usan o de las medicaciones que les administran. No obstante algunos países han hecho esfuerzos considerables por combatir el analfabetismo (en 1970, el índice alcanzaba el 71, 6% de la población): Malaui declaró en 1994 la gratuidad de la enseñanza primaria, con lo que la matriculación neta pasó de menos de un 50% a más del 80%. El caso de Guinea-Conakry es especialmente significativo en cuanto a la alfabetización femenina: a comienzos de los años noventa el gobierno convirtió dicha tarea en una prioridad nacional; se abolió el reglamento que prohibía que las embarazadas fueran a la escuela y se obligó a que todas las escuelas nuevas tuvieran lavabos (lo que incidía en el absentismo de las chicas); se repartieron periódicamente manuales escolares gratuitos para que las chicas los pudieran leer y se intensificaron los esfuerzos por incrementar el número de profesoras y por mejorar la calidad de la enseñanza. Los principales problemas del continente africano son las largas distancias, la escasez de maestros y las condiciones sociales, políticas y económicas. El analfabetismo es también un obstáculo para la aplicación de las leyes: el 68% de las mujeres de Costa de Marfil no pueden leer los periódicos que informan de sus nuevos derechos. Muchas creen equivocadamente que la escisión es una práctica impuesta por el Islam.

 

En Asia Oriental y Oceanía, el elevado crecimiento económico no se vio acompañado de una reducción ni reestructuración del gasto público, como en Latinoamérica. En Asia, el porcentaje es del 24, 9%, la mitad del que tenía en 1970 (49, 1%). Sin embargo, sigue arrojando la nada desdeñable cifra de 641 millones de analfabetos frente a los 629 millones de aquella fecha. En China, la proporción se ha reducido a la mitad desde 1980 (33%, 218 millones) hasta el 15% en el año 2000 (144 millones). El mayor problema es la brecha existente entre hombres y mujeres: en 1970 la tasa de analfabetismo masculina era del 36, 7% y la femenina del 61, 9%. En el año 2000 se estima que la femenina (33, 2%) duplica a la masculina (16, 8%). El problema más acuciante a escala mundial se encuentra en la región central y meridional de Asia. En Oceanía las cifras son más alentadoras: 1, 1 millones, el 4, 6% de la población.

 

 

Tasas de matriculación de la escuela primaria

 

Datos de UNICEF, 1999 (%) NIÑOS NIÑAS

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Africa subsahariana 59 51

Oriente medio y Africa septentrional 85 77

Asia Meridional 65 50

Asia Oriental y el Pacífico 99 99

América Latina y el Caribe 87 87

Europa Central y Oriental, CEI

y Estados Bálticos 93 92

Países industrializados 97 97

 

 

 

Analfabetismo y pobreza son dos fenómenos que se relacionan, y también se da una clara relación entre el analfabetismo por un lado y la violencia, las pérdidas económicas y los disturbios políticos, por otra. En los países industrializados, los analfabetos funcionales son casi siempre los desocupados, los excluidos y los grupos marginales, y tal analfabetismo es causa importante, pero no única, de su exclusión, ya que les impide el acceso a las fuentes de conocimiento y la producción de otros nuevos. La educación es el principal instrumento en el desarrollo de las comunidades rurales, ya que éste es el espacio donde más se extiende el analfabetismo funcional. Los gobiernos de casi todos los países cifran en seis años la edad exigida para que el niño inicie la enseñanza obligatoria y con ella su alfabetización. Las dificultades en cuanto a la escolarización son en gran medida consecuencia del analfabetismo de los adultos y, respecto al género, de la división sexual de las funciones sociales y familiares. Los verdaderos problemas suelen ser los que reciben una respuesta -política, técnica o social- inadecuada, o bien los provocados por una distribución desigual de la riqueza y del conocimiento. En otras tantas ocasiones, la política de enseñar en una lengua distinta a la materna ha tenido consecuencias desastrosas. Una lengua extraña es una herramienta ajena e inadecuada. En África, el aprendizaje de las lenguas nacionales ha sido rechazado durante mucho tiempo por que también tienen que aprender las lenguas locales. Joseph Poth indica que "cuando se domina bien la propia lengua materna, se aprende una lengua extranjera con mucha facilidad y serenidad". Los primeros aprendizajes se hacen en la lengua materna. Si a "muy temprana edad, un niño se salta esta etapa para lanzarse en una lengua no materna, se convertirá en un alumno pasivo". El éxito relativo de los sistemas informales indica que la educación tradicional saldría ganando si fuera más flexible y más adaptable.

 

El derecho a la educación debe favorecer que el niño pueda seguir aprendiendo. Es necesario establecer puentes entre la educación informal y unos sistemas educativos más amplios, para que los infantes puedan acceder a todos los grados de escolarización.

 

La alfabetización debe contemplarse con un enfoque más amplio que el de la pedagogía y el aprendizaje de la lectura y el cálculo. El concepto no puede estar aislado de su contexto social y cultural, ya que las medidas comunes de alfabetización que se utilizan en países industrializados son inapropiadas para los que no están. Los procesos educativos latinoamericanos han tenido escasos resultados por el grave error de alfabetizar en castellano en aquellos países donde la lengua materna es otra. La denominada educación bilingüe está dando resultados sorprendentes desde México hasta la Patagonia.

 

La educación es un actor promotor del cambio social y una necesidad de supervivencia en un entorno cada vez más complejo. En palabras de Paulo Freire, la alfabetización debe establecer un vínculo entre "decir la palabra" y "transformar la realidad". En la sociedad tecnológica en la que nos encontramos, que requiere un nivel muy elevado de comprensión, un analfabeto no puede trabajar eficientemente, leer un prospecto médico, velar por su seguridad y la de su familia. En los países industrializados se han acuñando términos como analfabeto matemático, tecnológico, informático o cultural. El analfabetismo no excluye ni el conocimiento ni la sabiduría tradicional conservada en la forma oral y los analfabetos tienen un patrimonio cultural oral valiosísimo.

 

Las tendencias de la última década incorporan la tecnología de la información en todos los niveles educativos; se caracterizan por la reducción de gastos y la reestructuración de los sistemas educativos, la transparencia de los organismos relacionados, el respeto a la diversidad e igualdad entre los sexos, un enfoque ecológico, una enseñanza de calidad. Sin embargo, en los países desarrollados se está reduciendo y reestructurando el gasto público. Esto ha tenido especial repercusión en los países de Europa del Este y Central y en la CEI, con economías en transición en las que las restricciones presupuestarias han creado graves problemas a los maestros. UNICEF indica que los avances conseguidos en el siglo XX pueden truncarse en el XXI. Actualmente, la atención ya no se centra exclusivamente en los índices de escolarización, sino en lo que aprenden los infantes y en los fenómenos de marginación dentro de las aulas. Las niñas pueden quedar marginadas del aprendizaje por la actitud del maestro, porque se vean acosadas o porque se sientan en un ambiente de inseguridad.

 

La alfabetización sigue siendo un objetivo que no han alcanzado ni los países pobres ni los ricos. No sólo se necesitan más recursos, sino también una visión política clara y unos conocimientos técnicos. Los cambios de política, que deben fundamentarse en los estudios sobre la calidad de la enseñanza, no son útiles si son parciales. No obstante, estudios recientes parecen demostrar que el desarrollo de los países está más vinculado al grado de libertad económica que al de alfabetización. Sin embargo, la alfabetización se considera un factor básico para el desarrollo de las naciones, de la justicia y de la igualdad de oportunidades. Durante el siglo XX se dinamizaron enormemente los medios de comunicación, y la escritura se convirtió en un instrumento de liberación del poder que tradicionalmente se le había otorgado, para convertirse en una técnica al servicio de la sociedad.

 

La UNESCO celebra el 8 de septiembre de cada año el Día Internacional de la Alfabetización desde 1967.

 

Fuente: Espasa

FUENTE

http://py.m.globedia.com/tasa-alfabetizacion-mundial-2011-evolucion-historica

 

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