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19.03.10

EEUU. Censo 2010. Las casillas étnicas y raciales del Tío Sam

 

EEUU sigue siendo un enorme receptáculo de migraciones voluntarias. Una vez por decenio el gobierno procede entonces a un conteo más preciso. Pero ¿qué es lo que cuenta cuando se cuenta?

Dígale censo a un estadounidense y entenderá conteo racial y étnico. El Census Bureau, por lo demás, no se preocupa de saber si aquellos a los que se dirige son o no ciudadanos estadounidenses, residentes legales o clandestinos (una propuesta para instaurar esas distinciones fue rechazada por el Congreso). Pero quiere conocer el origen de cada uno.

Cada diez años, Estados Unidos cuenta a sus habitantes. El censo de 2010 se interesa particularmente en los latinos, los asiáticos y en la vivienda.

El cuestionario (de sólo dos páginas) debía llegar a cada hogar del territorio de EEUU, “entre el 15 y 17 de marzo”, según los cálculos del Census Bureau, el organismo encargado del censo decenal de EEUU. Primera pregunta: ¿de qué sirve contarse si el número es conocido de antemano? En el sitio internet de esta institución se puede ver desfilar una cifra que cambia de minuto a minuto, que supuestamente rinde cuentas de la evolución demográfica instantánea del país.
El 16 de marzo, a las 13:06 horas de Washington, la primera potencia mundial contaba con 308 millones 879 mil 255 habitantes. Se trata evidentemente de un estimado. Ejercicio práctico: sabiendo que en Estados Unidos hay un nacimiento cada siete segundos, un deceso cada once segundos y que un inmigrante adicional, legal o clandestino, entra cada 37 segundos al territorio (es decir, un “saldo neto” total de un individuo cada trece segundos), se puede calcular el crecimiento anual de la población del país. Resultado: EEUU crecería en cerca de 2,5 millones de personas por año; exactamente 2 millones 425 mil 846, según los parámetros del Census Bureau. Este crecimiento se debe en 41% a la inmigración. Pese a las restricciones impuestas al derecho de residencia después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, EEUU aún es un enorme receptáculo de migraciones voluntarias. Una vez por decenio, por imposición constitucional, el gobierno procede entonces a un conteo más preciso. ¿Qué es lo que cuenta cuando se cuenta? Tratar de comprenderlo ofrece algunas sorpresas significativas.

Llamamos a relaciones públicas de la célebre Universidad de Columbia y pedimos reunirnos con un especialista. “Tenemos precisamente la persona adecuada”. Se llama Dave Epstein. Hacemos una cita. ¿Es demógrafo? Para nada: es profesor de ciencia política, pero sobre todo “especialista en asuntos raciales”… Dígale censo a un estadounidense y entenderá conteo racial y étnico. El Census Bureau, por lo demás, no se preocupa de saber si aquellos a los que se dirige son o no ciudadanos estadounidenses, residentes legales o clandestinos (una propuesta para instaurar esas distinciones fue rechazada por el Congreso). Pero quiere conocer el origen de cada uno.

“La diversidad evolutiva constituye la única identidad colectiva estadounidense posible”, estima el politólogo. Este año el formulario es particularmente sucinto. Diez preguntas para un hogar constituido por un individuo único, 17 para los de dos o más miembros… Pero una vez despejados los datos prácticos (nombre del o los residentes, sexos, lazos de parentesco, etcétera), sólo quedan tres preguntas específicas. La primera tiene que ver con la vivienda. “Esta casa, este departamento, esta casa móvil, ¿fueron comprados a crédito por usted o por alguien de su hogar? ¿Comprados sin crédito? ¿Son arrendados? ¿Ocupados gratuitamente?”. Por lo que uno recuerda incidentalmente que 11 millones de estadounidenses viven en una “casa móvil”.

También se ve que la crisis generó un nuevo interés de los poderes públicos por la situación inmobiliaria de los habitantes. Las otras dos preguntas se refieren a la identidad étnica o racial. Pregunta 8: “¿Es usted de origen hispánico, latino o español?” (Si la respuesta es sí, vaya a la subcasilla “origen mexicano; portorriqueño; cubano; otro, precíselo”). Pregunta 9: “¿Cuál es la raza” del jefe de hogar? Opciones propuestas: “blanco”, “negro o afroamericano”, “amerindio” (o inuit). Luego una declinación mucho más precisa de los originarios de Asia (“indio asiático, chino, filipino, japonés, coreano, vietnamita, hawaiano, de Guam o chamorro, de Samoa, otros asiáticos, otros nativos de Oceanía, precíselo”).

Para reivindicar, primero hay que contarse


No se le puede reprochar al estadounidense medio que considere al censo en primer término como un conteo étnico-racial, al aparecer éste en forma tan predominante. El profesor Epstein se asombra de que uno pueda asombrarse. “Ninguna política pública es posible si la administración no conoce más de cerca a sus administrados. Una gran cantidad de gastos federales están ligados a las identidades étnico-raciales. Los políticos están igual de interesados en conocer la población de sus circunscripciones, sobre todo cuando los censos determinan la modificación de los distritos electorales. Por último, los representantes de los diversos grupos necesitan conocer el peso de su grupo racial o étnico para desarrollar una acción pública. Para reivindicar, primero hay que contarse”.

El censo de 2010, que viene acompañado de una nota explicativa accesible en 40 idiomas en internet, se orienta a estudiar como prioridad a los hispánicos y los asiáticos. Su particularidad está, por eso, en que por primera vez rompe con su división históricamente estructurante: blancos y negros. Esas dos categorías sólo son estudiadas en sus grandes masas. De esta manera, séase africano-norteamericano, negro de África, del Caribe, de América Latina o del Medio Oriente, se pertenece a la misma casilla. Lo mismo para la casilla “blanco”, no importa de dónde se venga. Por lo demás, numerosas poblaciones que podrían ser objeto de una categorización étnica o racial en el sentido estadounidense no aparecen como tales: los árabes, los persas o los turcos no son identificados como tales, contrariamente a los nipones, los chinos, los vietnamitas…

Eso también lo explica Dave Epstein por motivaciones pragmáticas. “Latinos y asiáticos constituyen desde hace veinte años la inmensa mayoría de los nuevos inmigrantes. El gobierno quiso entrar en el detalle para poder actuar mejor”. Durante la primera mitad del siglo XX, los blancos eran divididos en tres categorías (nórdicos, eslavos y mediterráneos). Los judíos (y otros) formaban una sub-categoría específica. Europa suministraba entonces lo esencial de los inmigrantes. Esas categorías cayeron en desuso y todos aquellos a los que se catalogaba separadamente en una categoría única: la llamada de los “solamente blancos”. ¿Será la designación de las categorías raciales y étnicas un asunto antes que nada de coyuntura?

por Sylvain Cypel
Herald Tribune

 

FUENTE

http://www.lanacion.cl/las-casillas-etnicas-y-raciales-del-tio-sam/noticias/2010-03-18/213237.html

 

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ENLACES RELACIONADOS

http://2010.census.gov/espanol/

 

 

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