En una simple rutina familiar pareciera haberse gestado el ADN de los Luksic: Andrónico Luksic Abaroa, el fundador del grupo, se definía como un hombre de costumbres sencillas. Una de ellas era llegar relativamente temprano a la casa, acostarse e invitar a sus hijos –Andrónico y Guillermo al principio, y Jean Paul después-, de pantalón corto aún, a sentarse a los pies de su cama para repasar el día. El objetivo no sólo era interesarlos en los negocios, sino escucharse, para ver cómo mejorar lo que había hecho, y más tarde, pedirles su opinión.

En esas conversaciones, cuentan hoy Guillermo –presidente de Quiñenco- y Jean Paul –presidente de Antofagasta Minerals-, acuñaron las frases e ideas que su padre les transmitió, que ahora traspasan a sus hijos, y que hoy, tras haber sido elegidos como la Familia Empresaria 2008 por la Escuela de Negocios de la Universidad de los Andes, ESE, en conjunto con Diario Financiero y Credit Suisse, repasan en una suerte de ping pong de recuerdos y anécdotas.

-“Ahora que miro hacia atrás, me doy cuenta de que mi padre siempre nos estuvo conversando de cómo hacer trascender sus negocios”, resume Jean Paul.

-“Este ejercicio doble lo hizo durante muchos años y nos fue formando en nuestra visión y forma de hacer negocios”, complementa Guillermo.

-“Muchas veces mi papá me hacía preguntas, lo miraba sin saber responder, y él decía 'no te preocupes, no tienes porqué saber, te falta mucha información'. Pero siempre había ese apoyo, sus ganas de prepararnos”, agrega el menor de los hombres del clan.

“Esto es tremendamente importante. Cuando hablamos de empresas familiares, es bastante normal darse cuenta que muchos padres no son así, no son tan empujadores, nunca quieren dejar las riendas. A nosotros mi padre, siendo nosotros muy jóvenes, nos dijo 'hijos, toda mi vida -y esta es otra frase típica de él- he hecho lo que debo y no lo que quiero, así es que háganse cargo de todas estas cosas”, destaca Guillermo.

La influencia del abuelo

Y obligación o no, su padre hizo mucho…Hijo de Policarpo Luksic, inmigrante croata, y de Elena Abaroa, hija de un importante industrial y agricultor del norte de Chile, encontró en su abuelo materno, Andrónico Abaroa, su maestro y ejemplo: “Viajando con él a ver una salmonera en Chiloé hace muchísimos años, yo tenía 17, nos tocó una tormenta más o menos fuerte. Después que pasamos eso me puse a conversar con él y me di cuenta, curiosamente, que su vida de empresario la estaba comparando permanentemente con la de su abuelo, porque fue un tremendo empresario en el norte. Para él lo máximo era levantarse temprano e ir a tomar desayuno con su abuelo, que probablemente hacía lo mismo que nuestro padre con nosotros, conversar de sus negocios”, cuenta Jean Paul.

Guillermo entrega otra visión de esta particular relación: “Los sábado, don Andrónico invitaba a una serie de señores salitreros y de otras áreas –también al obispo de Antofagasta- a almorzar, y el único invitado distinto era mi papá, que en aquellos tiempos debe haber tenido 12 años. El momento cúspide del almuerzo era el momento de fumar puros. Su abuelo lo llamaba con el dedo, mi padre se ponía al lado de él y le pasaba el puro para que le diera sus fumaditas”.

Con todo ese background, Luksic Abaroa partió a estudiar a Francia en cuanto salió del colegio. A su regreso, junto a un hermano de su madre, fue concesionario de la Ford, pero ya pensaba en su gran pasión, la minería, interés que no abandonó ni siquiera cuando delegó los negocios en sus hijos. “A mí lo único que me interesa y me lo voy a reservar, es la minería", les dijo.

En 1954, a los 29 años, concretó su sueño. Adquirió una importante participación en la mina de cobre Portezuelo. A finales de esa década, la compañía japonesa Nippon Mines le hizo una oferta por uno de sus yacimientos. Luksic Abaroa pidió 500 mil y los japoneses aceptaron, pagándole dicha suma en dólares, algo que Luksic no esperaba y que indudablemente fue un importante impulso.

Pero aunque Antofagasta fuera el epicentro de la minería, este empresario quería nuevas oportunidades.

“Vivimos en Antofagasta hasta el año 64, si mal no recuerdo, y la razón por la que mi padre tuvo la necesidad y el deseo de venirse a Santiago es porque era un hombre con tal nivel de entusiasmo, que quiso emigrar hacia un ambiente donde su imaginación pudiera realmente tener efectos más allá que la minería. A partir de ese momento, empezó a mirar otras áreas. Tenía carboníferas y pesqueras, y empieza a mirar los alimentos, Madeco, Lucchetti”, cuenta Guillermo.

Esa búsqueda de nuevas oportunidades dieron origen a Quiñenco, el brazo del grupo que reúne los negocios del área industrial, financiera, de telecomunicaciones y consumo.

En la década de los 70, el grupo adquirió Antofagasta PLC, que manejaba el Ferrocarril de Antofagasta-la Paz; el Hotel Carrera e incursionó en al área inmobiliaria.

A principios de los 80 adquirió Madeco. Fiel a su política de liquidez y bajo endeudamiento, para la crisis del ´82 fue uno de los pocos grupos no endeudado en dólares, lo que le permitió tomar nuevas oportunidades.

En 1985, adquirió Anaconda Chile y Anaconda International, propietarias de la mina Los Pelambres y cuando aún se sentían los ecos de la crisis, el grupo adquirió activos clave para su crecimiento: CCU y posteriormente el Banco O'Higgins, que en 1997 se fusionó con el Santiago. Catalogado como uno de los bancos más eficientes de la plaza, en 2001 lo vendieron al Santander, sus socios en esa institución. Dos años antes habían comprado el Banco de A. Edwards, pero conocida era su intención de estar en un gran banco…en 2002, el grupo tomó el control de Banco de Chile.

Cambio de mando

Mucho tiempo antes, eso sí, los hijos habían tomado las riendas del grupo. Andrónico el área financiera; Guillermo, el área industrial, de consumo y de telecomunicaciones y Jean Paul, el área minera.

“Una repartición natural”, describe Guillermo, quien de paso aclara que muchos piensan que cuando murió su padre (2005)se produjo un cambio en el grupo, pero no es así.

- ¿Cómo fue esa división?

- “Cada uno de los hijos teníamos habilidades y defectos. Él era un hombre muy sagaz y hábil, identificaba claramente las habilidades que cada uno tenía, y de alguna manera nos fue guiando”, precisa Guillermo.

Y sin dejar espacio para otra pregunta agrega: “Nuestro padre tenía unas ganas inmensas de que uno de sus hijos saliera minero y tal vez en lo único que se equivocó un poquito –ríe- es que a muy temprana edad a Andrónico y a mí nos subió a una de sus 4x4, estoy hablando a principios de los años 60 cuando éramos unos niños de cinco, seis o siete años, y en vez de andar en triciclo los fines de semana, partíamos al desierto con él y un geólogo, don Gregorio Lobos. El tenía la intención de que nos fuéramos entusiasmando por la minería, pero produjo el efecto contrario…

Interviene Jean Paul: “Yo fui el último de la familia en nacer en Antofagasta, nuestra hermana menor nació en Santiago. La diferencia es que en el verano cuando íbamos a Hornitos, me decía 'me acompaña' y yo decía ok, pero creo que era un poquito más grande, no sé, 14 ó 15 años. Y partíamos dos o tres días a unos paseos bastante duros por el desierto, pero interesantes”.

Su vocación terminó de desarrollarse en Europa, después de la universidad. “Me quedé trabajando en bancos y lo que hacíamos era básicamente levantarle deudas a una cierta categoría de empresas de muy alto rating. Lo que hacían estas empresas era traer proyectos súper entretenidos y después yo veía cómo todos los bancos se cortaban las venas por financiarles esas cosas. Cuando volví a Chile, el área que estaba haciendo proyectos era justamente el área minera. Y por otro, dado que yo ya había vivido seis años fuera sin mi padre, lo obvio era tratar de aprender de él. La verdad es que no entendía nada de minería, pero tenía un gran profesor, entonces se dieron dos cosas juntas.

Las lecciones del padre

-Este ejercicio de conversar con su padre, lo hacen ahora entre ustedes?

-Guillermo: Naturalmente, dentro de nuestro gobierno corporativo familiar existe la instancia y la decisión. Si bien es cierto que cada uno tiene responsabilidades en distintas áreas, eso en ningún caso debe entenderse como una separación. Tenemos la permanente necesidad de juntarnos y recibir las opiniones de los otros.

-Y ustedes con los hijos…

-Guillermo: Bueno algunos tenemos hijos más chicos, otros más grandes. Pero sí, es un ejercicio tan exitoso que, por supuesto, uno tiene la tendencia a repetirlo con los propios hijos, entrenarlos a que se formen también dentro de esta magia, que son los negocios.

-¿Hay algo que su padre haya querido hacer y no pudo?

-Jean Paul: No, a mí me da la sensación de que él estaba muy conforme y sobre todo muy tranquilo, en paz con el hecho de que sus hijos habían aprendido mucho de él.

-¿Y qué les decía sobre cómo continuar con el grupo?

- Jean Paul: Esa es otra de las frases de mi padre, él siempre nos decía 'niños el día que yo me muera, ustedes serían los más tontos si se separan. Mantener el grupo unido, lo que yo he logrado y lo que ustedes están haciendo crecer, es importante porque el día que se separen, van a perder la fuerza de ser este gran grupo empresarial". Y tenía razón.

Guillermo: “Nos inculcó que la unidad era fundamental y probablemente esta cosa que tenía él de leer tantos libros de otras familias que hicieron grandes fortunas -los Kennedy, los Guggenheim, los Patiño en Bolivia- en el fondo era porque ya estaba planificando, pensando cómo iba a ordenar sus cosas y a sus propios hijos. 'La unión hace la fuerza' era una frase permanente de él. Y también un lado formal de que esta familia se maneja por un estatuto que está claramente establecido y que cada uno de nosotros ha hecho suyo y se cumple al pie de la letra.

-¿Qué echan de menos?

Jean Paul: La experiencia. A mí me tocó estar los últimos años con él, y había cosas que realmente me complicaban muchísimo, entonces había que preguntarle y me contestaba con una simpleza que yo decía, qué idiota, como me he cabeceado tanto con este tema si es tan simple la solución…

Guillermo: De ahí su frase típica, otra más de las tantas: 'hijos, todo en la vida es simple, es uno el que se complica'. O problema que no tiene solución no es problema.

Jean Paul: La otra frase que es súper decidora es ' hay una sola cosa que no pueden hacer, no tomar decisiones, no hay nada peor para una organización que no tomar decisiones. Tomen decisiones, equivóquense, siempre existe la posibilidad de cambiar una mala decisión'.

-En los negocios tienen la impronta de su padre. ¿Cuál ha sido la de su mamá?

-Guillermo: La unidad familiar. Ambos, en realidad, pero ella era la que ejecutaba. El papá hablaba de la unidad y ella ejecutaba. Los almuerzos de los sábados, de juntarnos a todos, de trata veranear juntos.

-Jean Paul: la unidad familiar y lo positiva que es. Una mujer contenta con la vida, con la familia, con las empresas y jugada por los negocios de la familia.

-Y a futuro, ¿cómo se ven como grupo?

-Guillermo: Tal vez acompañar más la globalización. Es una cosa a la que le hemos estado dando vuelta los hermanos y la familia naturalmente, tenemos mucha comunicación con la mamá y las hermanas.

Creo que hemos dado pasos claros en ese rumbo en minería, evidentemente la globalización e internacionalización de la compañía es evidente, y en el área industrial también. En el caso de Madeco, hemos dado pasos bastante importantes al tomar una posición significativa en el líder mundial de fabricación de cables.

Esa puede ser una dirección importante para nosotros y creo que en general el empresariado debiera mirar eso con atención.

-¿Hay algo que les aburra de los negocios?

-Noooo, al unísono

-Jean Paul: “De repente viajar tanto, te viene una avión fobia súper fuerte

-Guillermo: Los viajes son pesados, sobre todo cuando uno lleva una cantidad de años importante y nosotros partimos bastante temprano.

Una mirada
a la crisis financiera internacional

Aunque prefieren no entrar en la contingencia de sus negocios, es imposible abstraerse de las turbulencias de los mercados mundiales y el tema de la crisis se impone.

-“Lo que pasó la semana del dieciocho para mí fue inesperado, no preveía un colapso tan grande como el que estamos viviendo. Yo entendía que estábamos entrando en un problema y que tendríamos créditos más caros, etc. Pero con esto, los análisis hacia adelante van a ser de otra naturaleza”, comenta Jean Paul, a lo que Guillermo agrega:

“Van a venir cambios en las regulaciones, de legislación en el sistema financiero mundial. Es una situación que hay que mirar y estudiar con bastante atención, y tratar de adelantar un poco las medidas que se van a tomar, si es que eso se puede”.

-¿Y qué diría su padre en estos momentos o qué les diría?

-Guillermo: Estaría diciendo 'el mundo está complicado'; 'Hijos para que vean ustedes que mi predicamento y mi política de no tener mucha deuda es muy importante. Porque cuando se producen las crisis mundiales, uno no puede vender ni generar lo mismo que antes, y si estoy endeudado no puedo pagar. Entonces, no tengan deudas, niños'.

-¿Y qué pensaría del actual precio del cobre, que está a la baja, aunque él inauguró El Tesoro con un cobre a menos de US$ 0,6 la libra?

-Jean Paul: Diría es 'éste es el momento de las oportunidades, prepárense…porque esto de no tener deuda viene acompañado de una cosa que a él le gustaba, que era tener liquidez cuando caen los activos. Por eso estaría diciendo' no tengan deudas, porque el que guarda siempre tiene', otra frase típica de él (ríe).

- ¿Dónde están viendo oportunidades? ¿en el retail?

-Guillermo: Una parte importante de nuestro trabajo consiste en mirar oportunidades, todo lo que nos parezca una oportunidad interesante lo vamos a ver.

-¿Cómo ven hoy el país en relación a cuándo ustedes partieron en los negocios y respecto de lo que su padre describía?

Jean Paul: En algunas conversaciones con el papá, le preguntaba cómo era hacer minería cuando él partió y me decía que sólo se podían trabajar yacimientos de alta ley, porque parte importante del tiempo no había energía o agua. Hoy Chile cuenta con las tecnologías, el conocimiento y gente con mucha preparación para desarrollar los yacimientos, incluso los de baja ley.

-Se dijo por muchos años de que Chile llegaría al bicentenario como país desarrollado, y no será así. ¿cómo ven esa situación?

-Jean Paul: Me parece que a todos nos gustaría crecer muchísimo más, pero en general creo que tenemos un país que ha andado muy bien, con una clase política de lujo en comparación al barrio, con una economía muy ordenada. Y nosotros nos vemos apoyando el proceso de crecimiento del país, somos tremendamente positivos y apostamos por Chile.

-Guillermo: Como bien dice Jean Paul, no somos médicos ni ingenieros, somos gente de negocios. Cualquiera sea el medio en que estemos, el gobierno de turno, las políticas en un determinado momento, tenemos que ser capaces, es nuestra obligación, de desarrollar lo que sabemos hacer, que es generar riquezas, generar empleos, contribuir al desarrollo del país. Somos chilenos, nacimos aquí y pretendemos quedarnos acá y seguir haciendo negocios, como dicen los americanos, "business as usual".

Todo sobre mi hermano…

No fue fácil que los hermanos Jean Paul y Guillermo Luksic hablaran de las virtudes y defectos del otro. Pero ante la insistencia, Guillermo decide tomar el guante: “Voy a partir por Jean Paul. Creo que una de sus características más importante es que es extremadamente riguroso, es un empresario que piensa muy bien las cosas. Tiene también la habilidad de rodearse de gente extremadamente preparada, de trabajar en equipo y una capacidad de trabajo infinita. ¿Defectos? No, para eso hay que entrevistar a su señora (ríe)… quizás es un poquito serio de repente”.

“Y Andrónico es una persona muy especial, con una condición muy importante para un hombre de negocios: una imaginación fructífera. Y no es un defecto lo que voy a decir, pero es un gran imaginador, un gran ejecutor, pero después se pone a pensar en otra cosa y hay que armar un equipo para seguir manejándolo”.

Jean Paul agrega: “Respecto de Andrónico diría lo mismo, es capaz de ver cosas que realmente son impresionantes por el nivel de detalle, de la variedad de los temas y la película global que tiene en la cabeza, es lo que más impresiona.

Con respecto a Guillermo, claramente su defecto es que fuma (ríe). Pero a mí me impresiona la capacidad de trabajo de mis hermanos. En el caso de Guillermo admiro su enorme capacidad de negocios y una particularidad: el manejo de la competitividad, sabe muy bien todos estos negocios de alta competencia, en los que el milímetro cuenta. Él es extraordinario en eso.

-¿Andrónico los ha invitado a subir cerros?

-Guillermo: “Yo he declinado la invitación. Mis hermanas han sido más entusiasta ¿tú lo has acompañado?

-Jean Paul: No, y no tengo ningún interés. El pequeño estudio que he hecho al respecto es que las condiciones de higiene no cumplen mis estándares, eso de andar una semana sin ducharse…

C.Miranda/R.Cuadra
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FUENTE
http://www.df.cl/portal2/content/df/ediciones/20081004/cont_94299.html

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