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26.06.07

Recrear la nación (Por Eugenio Tironi)

Etiquetas: eugenio tironi


Repensar nuestra identidad nacional, incorporando las culturas originarias, es algo que no nos devuelve al pasado, sino que nos lanza al futuro.

El candidato de la derecha republicana, Nicolas Sarkozy, escandalizó a los franceses bienpensantes cuando puso en el centro de su programa un tema que era propio de la ultraderecha: la protección de la identidad nacional francesa. Aun así -y, quizás, en parte por ello- ganó holgadamente las elecciones.

Curiosamente, en el otro extremo del mundo, en Nueva Zelandia, un gobierno de centroizquierda, encabezado por Helen Clark, ha propuesto entre los tres objetivos estratégicos de la próxima década el fortalecimiento de la identidad nacional, para llegar a "sentir orgullo por quienes somos".


Seguir pensando que la identidad y el orgullo nacional es un tema propio de la ultraderecha parece, pues, totalmente obsoleto. En Chile, sin embargo, éste sigue siendo un tema tabú -incluso, curiosamente, para la derecha.

¿Qué llevó al laborismo neozelandés a poner el tema de la identidad nacional en el centro de su agenda? La historia es larga. Nueva Zelandia es una nación mayoritariamente europea, pero que cuenta con una población originaria de raíz maorí que alcanza aproximadamente al 15 por ciento, a la que se suman crecientes olas migratorias de otras etnias del Pacífico sur, del sudeste asiático y de China. A mediados de los años 80 del siglo pasado, mirando lo ocurrido en Sudáfrica y ante la amenaza de un incremento de las tensiones étnicas, se instaló un tribunal para acoger los reclamos maoríes contra las formas que tomó el proceso de colonización, y buscar la manera de compensarlos. Al mismo tiempo, se inició un vasto movimiento orientado a crear una identidad nacional neozelandesa, en la que convergieran su población europea y maorí.

El esfuerzo en tal sentido ha sido notable. Enormes recursos se han orientado a favorecer la integración económica y social de los maoríes, lo que constituye la dimensión más obvia de tal empeño. Lo excepcional es la manera como se ha encarado la dimensión simbólica, donde se ha emprendido un programa sistemático de relevamiento y subsidio de la cultura maorí. Por ejemplo, su idioma ha sido revitalizado, al punto de que está presente en toda la señalética oficial, se enseña a lo largo de todo el ciclo educacional, y el Estado financia señales de televisión y de radio que emiten en su lengua. El museo histórico nacional está organizado a partir de su cultura. Las fuerzas armadas han incorporado a su tradición las costumbres guerreras maoríes, y lo mismo han hecho los All Blacks, su mítica selección de rugby. En suma, el idioma, la gráfica, los ritos y las costumbres maoríes se han instalado premeditadamente en toda la vida cotidiana de los neozelandeses, y es cada vez mayor la población que ya no acepta reconocerse a sí misma como maorí o europea, sino exclusivamente como neozelandesa.

Todo este esfuerzo ha permitido a Nueva Zelandia gestionar exitosamente una sociedad crecientemente multicultural, y transformar esta capacidad en una ventaja comparativa en el mundo global. En efecto, la incorporación de la cultura maorí y la gestión de su multiculturalidad la proveen de una identidad específica que agrega valor a su imagen país. Supo, en otras palabras, transformar lo que parecía una amenaza en una oportunidad.

¡Qué lejos estamos en Chile de algo semejante! Aquí seguimos viendo la "cuestión indígena" como algo ajeno, y que sólo tiene espacio en las secciones policiales de la prensa. No comprendemos que repensar nuestra identidad nacional, incorporando las culturas originarias, es algo que no nos devuelve al pasado, sino que nos lanza al futuro.

FUENTE

El Mercurio 26/06/2007

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