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20.08.10

El rol de las veranadas en el territorio pewenche de Alto Bio Bio

Categorías: Pehuenche

Sector Lonquimay, IX Región
Por Viviana Huiliñir, Estudiante de Geografía, Departamento de Geografía, Universidad de Concepción. e-mail: vhuilinir@udec.cl

Resumen: Las veranadas constituyen un espacio con una carga simbólica asociada  a la identidad pewenche y a su desarrollo tanto económico como espiritual. El uso cíclico de estos valles permitió durante siglos el equilibrio ecológico de su ecosistema, y formó parte de la trashumancia pewenche dentro de su territorio.  Actualmente, y debido a distintas medidas estatales que se han aplicado sobre territorio Pewenche, el uso de las veranadas se ha restringido, y con ello, la desfragmentación de éste.

El presente trabajo tiene como principal objetivo analizar el rol de los espacios patrimoniales de veranada dentro del sistema territorial pewenche, y sus funciones a nivel medioambiental y cultural. Con ello se pretende llegar a un acercamiento como concepto de este espacio patrimonial a través de una recopilación bibliográfica relacionada con el tema como primer punto de partida. De este modo,  se hará una aproximación a la espacialidad Pewenche, sus articulaciones y dinámicas en función de los mismos actores indígenas, contrastada con la perspectiva de las actuales intervenciones estatales.



Palabras Clave: espacio patrimonial- identidad- territorio- trashumancia- veranada.



1.  Antecedentes físico-naturales del área de estudio

El área de estudio se emplaza en el sector Sur de Alto Biobío, entre los  38º 05’ - 38º 52’ Latitud Sur y 70º 49’ - 71º 50’ Longitud Oeste (Figura 1). Corresponde a un valle interandino inscrito dentro del curso superior de la cuenca del río Biobío,  caracterizado por el  doble alineamiento del relieve cordillerano que genera un doble efecto de fachada y barrera orográfica.

Figura 1. Localización área de estudio.

 

 

 

Fuente: Huiliñir 2009. Datos extraídos de CONAMA-CONAF, 2002, IGM, 1984.


Las características físicas de esta región de montaña ha permitido la existencia de dos ecosistemas altitudinalmente diferenciados y localizados en los valles de los drenes que constituyen la red hidrográfica de la cabecera de la cuenca del río Biobío, conocidos como invernada y veranada. La invernada corresponde a los valles bajos, entre los 1.200 y 1.400 m.s.n.m., localizados al pie de las laderas cordilleranas, con baja presencia de nieve durante el invierno y compuesta por formaciones boscosas de nothofagus como lenga, ñirre, coigüe, raulí, roble, radal, así como otras especies menores como maqui, pichi, quila (Durán, 2000:58). La veranada, en cambio, son aquellos valles altoandinos localizados entre los 1.500 y 2.000 m.s.n.m., compuesta por comunidades vegetacionales de la formación coironal, coironal-matorral, unidad mallín, y especies propias de las praderas húmeda cordillerana como son el trébol blanco (trifolium repens) y la  lechugilla (Lontodon taraxacoides). Un estudio realizado por Ahumada, Palma, Centron, Ramírez, Hauenstein, Gonzalez y Pérez, (1999:71) las define como “praderas naturales frágiles ocupadas solamente en verano, ya que el resto del año, permanecen cubiertas de nieve, por lo que comúnmente estos lugares de pastoreo estacional son conocidos como veranadas”. Es por esto que, a consecuencia del deshielo tardío y la biodiversidad singular que presenta, este ecosistema sensible constituye un patrimonio fitogenético fundamental para el resguardo de la calidad de las agua de los sistemas fluviales que allí se originan.

2.  Antecedentes socioeconómicos de las comunidades pewenches de Lonquimay

Administrativamente, este sector comprende la comuna de Lonquimay, una de las 11 comunas que constituyen la provincia de Malleco, IX Región de la Araucanía, Chile. Limita al Norte y Noroeste con la VIII Región del Biobío; al oeste con la comuna de Curacautín, IX Región; al Suroeste con la comuna de Melipeuco (provincia de Cautín, IX Región) y al Este con Argentina. Esta comuna cubre una superficie de 3.953,79 km2, con una población de 10.237 habitantes, de los cuales 6.500 son de origen pewenche, es decir, el 63,5% de su población total. Según el Instituto de estudios indígenas, el año 1997 existían nueve comunidades indígenas1 pewenches con títulos de merced2 registradas en CONADI: Pedro Calfuqueo, Benacio Humillan, Manuel y Samuel Queupu, Paulino Guaquillán, Bernardo Ñanco, Francisco Cayul, Pedro Curilem - Levinao Zúñiga - y otros,  José Quintrequeo, Bautista Nahuelcura Caniuñir y otros, Quiñelevi Meliqueo y otros, número que aumentó a 32  hacia el año 2002. Este incremento se explicaría por la subdivisión de algunas comunidades ancestrales tradicionales, muchas de ellas no reconocidas jurídicamente por el Estado chileno. Así, ocho de las nueve comunidades con título de merced fueron divididas, a excepción de Pedro Calfuqueo (Roldán, 2006:25). José Aylwin (2002:55) habla de este proceso, señalando que el minifundio, al que dio origen la división de tierras comunales, incidió en el empobrecimiento de la población mapuche rural, lo que aceleró su migración a los centros urbanos. Esto se constata con datos obtenidos de la Encuesta Casen 2000 y el Censo 2002, que estiman que el 66,45% de la población de la comuna de Lonquimay es rural, con un 28% de incidencia de pobreza, la que afecta mayoritariamente a la población pewenche rural, hoy en día transformada en una población de campesinos pobres.


3.  Cosmovisión Pewenche: territorio, espacio e identidad

Para comprender la lógica territorial de los pewenches, es necesario referirse al concepto de Identidad Territorial bajo la concepción mapuche-pewenche, es decir, el Fütal Mapu o Fütalmapu, parte del territorio delimitado espacialmente por el che (hombre), y que representa la máxima expresión jurisdiccional del Wajontu Mapu . El Wajontu Mapu3, dividido geográficamente por la cordillera de los Andes, da origen a dos grandes espacios territoriales: Gulu Mapu (área comprendida al oeste de la cordillera de los Andes hasta el océano Pacífico) y el Pwel Mapu (área comprendida al este de la cordillera de los Andes), y estos a su vez, están conformados por distintas parcialidades territoriales o fütalmapu, estructuradas sociopolíticamente y ordenadas jerárquicamente por el ayjarewe4 , rewe y lof.

La configuración de cada fütalmapu esta supeditado a ciertos elementos y espacios naturales identitarios con los que el che de dicha parcialidad establece una mayor conexión material y espiritual 5: “Lagos, volcanes, ríos, mares, cordillera, pampas, esteros, estepas, mallines, montes, son también referentes identitarios que hacen sentirnos parte inseparable del conjuntos del fillmongen” (Marimán, 2002: 69). De esta manera, el fütalmapu Pewenche se construiría a partir de los siguientes espacios: -Bafkeh (lago), Wixunko (arroyos, ríos), Menoko (humedales), Mawiza (Pinalerias, bosques cordilleranos) y Walügtuwe-Pukemtuwe (veranada-invernada)6 en los cuales el Pewenche nutre su kimün (conocimiento) y establece la base cultural de su forma de ser y hacer-.

Los espacios de invernada y veranada están sujetos a un uso cíclico condicionado por los factores climáticos existentes en la zona y derivado de una necesidad económica, religiosa y cultural, que ha dado origen a un patrón de asentamiento trashumante. La invernada (Pukemtuwe) es el espacio económico y el hábitat donde se encuentra la vivienda (Ruka), los corrales, las praderas y parte del bosque nativo. En esta zona permanecen las familias durante los meses de mayo a diciembre, debido a que son áreas de menor precipitación (Molina y Correa, 1998: 257). La veranada (Walügtuwe), en tanto, es el espacio en que familias pewenches se trasladan durante la estación walung-gillu, es decir, de diciembre a abril, para pastar sus animales, desarrollar ceremonias religiosas tradicionales como el guillatun, y extraer plantas para práctica de medicina natural. Por tanto se diferencia de la invernada por la ausencia de una vivienda permanente, reemplazada en este caso por una autoconstrucción de madera que sirve de alojamiento durante los meses de verano. El uso de las tierras de veranada, en la mayoría de los casos, es de tipo comunitario, pero el espacio en donde se ubican los rucos es designado y establecido ancestralmente (Norero, 2007:116). La importancia de la veranada, como espacio simbólico, va más allá de una mera dependencia económica, pues en ella se efectúa la recolección de piñones o pewen, frutos de las araucaria (árbol sagrado del Pewenche), actividad tradicional practicada durante siglos que ha significado el soporte alimenticio de las familias pewenches, y cuya connotación socio-cultural es vital para la interacción de las comunidades.

La alternancia en el uso de la invernada-veranada orienta las actividades de los pewenches durante el transcurso del año, junto con organizar la experiencia total del grupo de acuerdo al ritmo de los propios ciclos naturales. Además, este sistema responde a un uso común y sustentable de los recursos disponibles y existentes en ambos espacios, que permite el equilibrio ecológico del ecosistema, y que está vinculado a la cosmovisión holística Pewenche -e indígena en general- : no separa “naturaleza” de “cultura” e integra nociones de carácter supranatural a su medioambiente. Además, el tránsito entre los espacios de invernada-veranada permite mantener la continuidad territorial del fütalmapu Pewenche, muy vinculado al sistema hidrográfico de la cuenca del río Biobío. Dichos espacios actúan como verdaderos núcleos articuladores de una red de circuitos que conforman el ancestral sistema territorial identitario Pewenche, construido en base  a un modelo de ocupación espacial que dependen de dichos espacios patrimoniales para su reforzamiento. De esta forma, la conectividad entre los distintos componentes del territorio es circunstancial a su identidad cultural, lo que obedece a la integración histórica que este pueblo ha desarrollado con su entorno natural (Azócar, Sanhueza, Aguayo y Valdés, 2002: 7).


4.  Alcances de la intervención del Estado chileno en territorio Pewenche

Los actuales conflictos entre pewenches, Estado chileno y privados, en torno a tierras ancestrales reivindicadas por los mismos indígenas, tiene su génesis en procesos iniciados con la creación de la Provincia de Arauco el 2 de julio de 1952. Este hecho dio paso a la Pacificación de la Araucanía, cuyo objetivo era incorporar el territorio mapuche dentro de la jurisdicción del Estado de Chile, y que comprendía también los territorios cordilleranos ocupados por las antiguas comunidades Pewenches. De este modo, el  territorio de Lonquimay fue declarado propiedad del Estado chileno por leyes en los años 1866 y 1883, las que establecieron que dentro de estos terrenos, la acción oficial se abocaría a constituir la propiedad indígena mediante la entrega de Títulos de Merced (Roldán, 2006: 25). La entrega oficial de estos títulos de dominio se registra entre los años 1905 y 1920, período en que se concreta la colonización de la Araucanía impulsada el año 1866 por el coronel Cornelio Saavedra y que permitió, además, el remate público de muchas tierras indígenas localizadas en la zona, y que en ese momento fueron declaradas como fiscales. Esto dio cabida a la adquisición de terrenos por particulares colonos nacionales y extranjeros, y la reducción del antiguo espacio territorial habitado por las comunidades pewenches, ya que los títulos de propiedad sólo reconocieron como “efectivamente ocupado” las invernadas, excluyendo así territorios antiguos como el espacio comunitario de veranada, que permitía la supervivencia material y cultural de las familias.  Además, la comisión radicadora 7, separaba al Lonko y su familia de los demás linajes formando más de una reducción en el mismo territorio jurisdiccional (Correa, Molina y Yáñez, 2005:474).

Este primer mecanismo de colonización desencadenó una primera desfragmentación territorial del fütalmapu Pewenche, y una ruptura de su estructura político social, en el marco de un sistema legal que no protegía los intereses de los pueblos originarios ni tampoco respetó su concepción de territorio. No obstante, a lo anterior se suma la división de comunidades, mecanismo que comenzó a desarrollarse a partir del año 1927 con la Ley Nº4.169 y que culminó durante el Régimen Militar, en el año 1979, con la dictación del Decreto Ley Nº2.568, cuya finalidad era la abolición de la propiedad colectiva fraccionada ahora en hijuelas de propiedad individual y que significó además, la desaparición del indígena, quien paso a ser un ciudadano chileno más, bajo el alero de políticas de corte económico que buscaban integrar a los pueblos originarios dentro del Estado en condiciones de igualdad. Así, los pewenches fueron transformados en pequeños campesinos minifundistas condicionados a un esquema productivo de autosubsistencia,  con la idea de apoyar la inserción de sus tierras dentro del nuevo modelo económico neoliberal que fomentaba la exportación agrícola y forestal en Chile durante el gobierno militar y que continúa hasta el día de hoy. Esto se tradujo en la migración y sedentarización de muchas familias pewenches, afectando el patrón de ocupación espacial que fortalecían sus lazos culturales y permitían el control sobre sus recursos y territorios, abriendo paso a un proceso interno de desarraigo, de vivir en lo propio, pero reconocido jurídicamente como ajeno (Azócar, Sanhueza, Aguayo y Valdés, 2002:7).


5.   La actual situación de las Veranadas Pewenches

Con respecto a las veranadas excluidas en un principio dentro de los títulos de dominio, algunas fueron cedidas a particulares colonos por los mismos pewenches mediante procesos de adquisición poco claros tanto en el modo de cómo se llevaron a cabo, así como la definición de los deslindes de cada terreno; otras, en cambio, pasaron a ser fiscales, de las cuales un porcentaje se remató a particulares colonos, otras fueron traspasadas y/o compradas por instituciones públicas, y otro porcentaje pasó a formar parte de Reservas Nacionales, bajo la tutela de Bienes Nacionales. Según Azócar, Sanhueza, Aguayo y Valdés (2002:7), -(...) el procedimiento ocupado por los particulares para despojar a los pewenches de sus tierras consistía en la ocupación mediante terceros (inquilinos y/o medieros), de los valles cordilleranos donde ellos habitaban. Estos llevaban animales a las veranadas, establecían relaciones comerciales y de amistad  con los indígenas, compartiendo las actividades de subsistencia y el tráfico de animales allende a los Andes. Con el tiempo se posesionaban del sector, impidiendo paulatinamente la ocupación de los grupos pewenches, y negociando con algunos indígenas proclives la cesión o venta de derechos sobre estas tierras-. Fue de esta forma que los colonos nacionales y extranjeros adoptaron la práctica del “veraneo” y poco a poco esta actividad comenzó a formar parte de sus actuales costumbres. Sin embargo este patrón de ocupación espacial sólo nace como respuesta forzada a las condiciones físico-naturales de la región cordillerana y la dependencia económica que generaba la actividad ganadera, base del sustento económico de la población. 

Actualmente, en la Novena Región, las veranadas se localizan en zonas de cabecera de cuencas, sobre la cota de los 900 hasta 2. 000 m.s.n.m. en las comunas de Lonquimay, Melipeuco y Curarrehue (Pérez 2001: 154). En esta región, las veranadas están consideradas como lugares de alta prioridad para la conservación de la biodiversidad, debido a la existencia de praderas naturales, mallines de alto interés para las comunidades que allí habitan, posibles propiedades farmacéuticas o resistencias naturales en estas especies altitudinales, posibles especies nativas desconocidas en su composición. Además, la zona de las veranadas es considerada como un corredor bioceánico natural (CONAMA, 2002: 171).  Según Ahumada et al. (1999: 71), existen siete veranadas prioritarias con situación fronteriza dentro de la IX Región, específicamente en Lonquimay 8, localizadas cerca del límite internacional con Argentina, tres de las cuales están bajo tutela de Bienes Nacionales: la veranada Pulul, la veranada Pelehue y la veranada Cajón del Ancho. La veranada Rahue, Agua Enterrada y Carilafquén, en cambio, pertenecen a particulares privados y la veranada Pehuenco pertenece a particulares indígenas. Dichas veranadas se presentan como lugares estratégicos para el país desde la perspectiva geopolítica debido a su situación de frontera. Esta misma razón le concede importancia desde el punto de vista agropecuario ya que las veranadas son usadas como una zona de barrera para impedir el ingreso de animales que pudiesen ser portadores del virus de la fiebre aftosa al país (Mardones 1993: 92) 9. Junto con esta condición de aislamiento, ha habido un aumento en la intensidad del uso de las veranadas debido al crecimiento de la carga animal y prácticas de deforestación, que ha incidido en la degradación de los recursos naturales asociados a ellas. Esta situación es evidente en la veranada de Pulul, una de las veranadas de mayor superficie de la comuna de Lonquimay, en la cual la unidad de mallín o vega la sido catalogada en condición regular, con claro indicio al deterioro (Bustamante, 2007: 22). Por lo mismo, el Estado chileno, a través de  instituciones públicas como el SAG, CONAMA y CONAF,  ha comenzado un continuo y sistemático aumento en el control y en la restricción en el uso de las veranadas, con el fin de regular la capacidad sustentadora que puede soportar  y proteger el potencial productivo de la comunidad vegetal que la integra. En efecto, a partir del proceso de colonización en el sector cordillerano de Alto Biobío (1900-1939) comenzó la quema y desmonte del bosque original nativo que componía las veranadas y su posterior tala para la construcción de viviendas. Luego, con el asentamiento de los colonos y la posterior transición agrícola-ganadera hacia la década del ’70, se desarrolla la erosión del suelo debido a la producción de  cultivos en pendiente y al continuo pisoteo del  ganado. Luego con el crecimiento del rubro ganadero y la diversificación productiva impulsada durante el régimen militar y mantenida hasta la actualidad, se agrava la baja calidad de los suelos tanto de veranada como de invernada, dentro de un contexto de crecimiento demográfico de población pewenche como no pewenche, y por ende, aumento de la presión por sus recursos naturales, ahora con uso restringido.


6.  Los desafíos de una redefinición de las veranadas pewenches

Es claro que la reducción y fragmentación legal de los componentes del Fütalmapu Pewenche, la llegada de colonos nacionales y extranjeros, con los cuales muchas familias indígenas deben compartir el uso de las veranadas, y la inserción de una política integracionista amparada bajo un nuevo modelo económico occidental, ha concluido con la insuficiente dotación de espacios de veranada tanto para la crianza de animales como para la práctica de la vida trashumante, y que no tan sólo afecta las relaciones que ha mantenido durante siglos el Pewenche con dichos espacios referentes de identidad, sino que también se asocia al deterioro de los recursos naturales de estos ecosistemas. En efecto, en muchas veranadas bajo control de comunidades pewenches no existe una continuidad territorial con la invernada, situación que dificulta enormemente el desplazamiento estacional de animales, personas y recursos (Azócar, Sanhueza, Aguayo y Valdés, 2002: 7). Mientras que otras veranadas, sujetas a restricciones por parte de instituciones estatales así como por particulares privados, quedan desvinculadas del territorio del cual los pewenches reconocían dominio y por ende, acelera el proceso de desarraigo con respecto a estos espacios patrimoniales. Además, limitado el acceso a las veranadas, la carga animal se concentra durante todo el año en la invernada y esto sólo profundiza la erosión y sobrepastoreo que también se ha desarrollado en este espacio.

Por otra parte, estos cambios a nivel territorial pewenche y la ruptura de su ancestral estructura político-social, trajo consigo la sedentarización y el crecimiento demográfico dentro de reducidas porciones de terrenos que obligó la migración de familias hacia zonas urbanas en busca de mejores expectativas económicas que les permitiera subsistir, mientras que otras se han mantenido hasta el día de hoy como simples campesinos con altos índices de pobreza, cuyo interés por las veranadas sólo se reduce al mismo concepto economicista que poseen los colonos y que se orienta a la extracción de recursos naturales que en éstas existen.

Ahora sólo resta reflexionar en cuales serán las futuras medidas estatales en torno a estos espacios y de qué forma se irán incorporando a las políticas de “desarrollo indígena”, si es que realmente se pueden llamar así. Quizás falte una mayor preocupación por entender la dinámica de la espacialidad Pewenche, y  por ende replantear ciertos conceptos tomando en cuenta la perspectiva del indígena y su concepción holística del territorio. Frente a esto, cuestionar si la veranada pewenche se debe considerar como tal, es decir, incluirla dentro del conjunto veranadas que se distribuyen a lo largo del país, siendo común a todas ellas su ubicación en la cordillera andina 10. O bien, redefinirla según el kimün pewenche y la connotación social, cultural y religiosa que, como espacio patrimonial, ésta posee, y que trasciende la dependencia de un régimen climático, un tipo de uso productivo o la dominancia de un tipo de comunidad vegetal. Tal es el caso de instituciones estatales, que plantean diferentes definiciones para la veranada, como el caso de CONAMA (2002:171), que en el catastro de sitios prioritarios la reduce a una condición de pradera.

La veranada e invernada interactúan como referentes identitarios que trazan un modo de interpretar el espacio y de habitarlo, por tanto, como conceptos se construyen en base a las particularidades propias de la etnia y la forma de relacionarse con su entorno. Por tanto, cuando el Estado de Chile y sus instituciones hacen referencia a la “protección de sitios prioritarios para la conservación de la biodiversidad”, separa intrínsecamente al indígena del medio físico natural, orientando sus políticas medioambientales sólo a lo segundo, y olvidando el componente socio-cultural del territorio. Y si se logra la comprensión de la lógica que encierran estos dos conceptos en función del Pewenche,  se podrá superar los múltiples impactos negativos que se han sucedido a lo largo del tiempo, como ha ocurrido en Lonquimay,  y con ello, permitir  el  desarrollo  efectivo desde  y para el indígena, con el fin de asegurar la biodiversidad de un territorio y la toma de mejores decisiones al momento de planificar los recursos existentes dentro de éste.


7.  Referencias Bibliográficas

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Notas

1   Entiéndase el concepto como comunidad reduccional desde el punto de vista jurídico chileno, y no como comunidad ancestral concebida por la  concepción mapuche-pewenche.

2 Los Títulos de Merced fueron otorgados a los mapuches una vez que el Estado chileno concluyó el proceso de ocupación militar de la Araucanía. Estos títulos se entregaron en virtud de la Ley del 4 de diciembre de 1866 por la Comisión Radicadora de Indígenas, en las provincias de Biobío, Arauco, Malleco, Cautín, Valdivia y Osorno, iniciándose la titulación en 1884 y terminando el proceso en el año 1929.

3 Dimensión territorial o material. La territorialidad general mapuche era identificada con el concepto de Meli wixan mapu (los cuatro puntos cardinales), concepto que indicaba la propiedad territorial jurisdiccional global de este pueblo (Ñanculef, 1989; 1990. En Aylwin, 2002:55).

4 En mapudungun quiere decir nueve rewes y es referido al espacio geográfico amplio que agrupa nueve puntos de ceremoniales distintos. Informe Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato (2003: 243).

5 Lo espiritual se relaciona con el contacto con  el  newen,  o espíritu, de un aliwen o geh, es decir, el dueño espiritual de una especie y su espacio. (Informe Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato 2003: 243).

6 Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato (2003: 243).

7 La Comisión Radicadora de Indígenas debía empadronar a todos los grupos indígenas y mensurar los terrenos que ocupaban, después de lo cual se les otorgaba una “merced de tierras”, en nombre del Estado. Para hacer efectiva este sistema se estableció un funcionario que bajo el nombre de Protector de Indígenas, debía representar a éstos en el proceso

8 Es importante esclarecer que hay antecedentes de la existencia de más veranadas dentro de la zona, como es el caso de la veranada Ranquil y Lircay, entre otras, pero cuya información es muy limitada y generalizada.

9 En Bustamante, P. (2007). Veranadas: Situación Actual y Temas Pendientes. Programa Ambiental DAS Curacautín Lonquimay. Obispado de Temuco, Chile.

10 Las veranadas a lo largo de Chile poseen distintas connotaciones: en el norte, se asocian a los bofedales, en el centro del país, al uso ganadero, y en el sur del país como extensos pastizales, asociados al uso ovino de grandes estancias en las regiones de Aysén y Magallanes.

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