22.10.10
Una experiencia significativa (La Huelga de Hambre vista por Arzobispo R. Ezatti)
Etiquetas: huelga de hambre 2010
Ojalá el episodio de la huelga de hambre sea el inicio de un nuevo trato entre quienes habitan la misma tierra y tienen el mismo destino.LA HUELGA de hambre que emprendieron durante semanas 34 comuneros mapuches, llevada al extremo de las pasiones, hacía pronosticar consecuencias irreparables para ellos, sus familias y la paz social del país. Cuando un grupo de los huelguistas acudió a las oficinas del Arzobispado de Concepción para solicitar la intervención de la Iglesia Católica, pude comprobar la profundidad del drama humano. Las dos partes -autoridades del Estado y comuneros- parecían separadas por un infranqueable muro de desconfianza.
Lo primero fue definir el rol que jugaría la Iglesia. El obispo no es un técnico o un agente social y político; misión y deber suyo es buscar el bien integral de las personas y su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por eso, desde el comienzo rechacé asumir la función de "mediador", consciente de que las partes tenían el derecho y el deber de plantear directamente los problemas que los afectaban y de buscar las soluciones que aseguraran la paz social. Mi tarea sería ser "facilitador del diálogo", ofreciendo condiciones objetivas para la superación de los problemas y el entendimiento.
Algunos principios fundamentales ayudaron a encontrar puntos de convergencia. Una huelga, inicialmente legítima y justa, se enfrentaba con el derecho y el deber de defender vidas humanas. Se trataba de un problema ético de significación trascendental para todos los involucrados, y puesto sobre la mesa de diálogo, al final concitó la unanimidad de las voluntades. La vida es un don y una responsabilidad; de ella somos responsables individual y comunitariamente.
Respeto, promoción y calidad de vida que supone también respeto, promoción y calidad de vida marcada por el sello de la propia cultura y organización social. Sobre la mesa estuvo el reconocimiento de la deuda de Chile con el pueblo mapuche y la voluntad de iniciar "una relación apropiada en el marco de la cual se fundará un nuevo trato" con él (acuerdo del 1 de octubre).
Otro principio que ayudó a superar el conflicto fue la valoración de la razón humana. En la mesa de discusión no debían ser las pasiones las que determinaran el camino, sino el ejercicio del don y de la capacidad de razonar con la que Dios nos ha dotado. Una tarea que no fue fácil. Sin embargo, la luz de la razón llevó a reconocer la objetividad, la bondad y factibilidad de los acuerdos que finalmente fueron sellados. La razón, también, fue el instrumento que permitió reconocer y optar por la fecundidad de los métodos pacíficos, superando la tentación de recurrir a la violencia.
La metodología utilizada fue el diálogo, que supone poner en ejercicio la capacidad de escucha, la paciencia para intentar comprender a los otros, la disposición para salir de sí mismo. Dialogar supone creer en el otro, lo que es posible sólo derribando las barreras de la desconfianza y creyendo en la honestidad y buena voluntad del interlocutor. En el así llamado conflicto mapuche, la desconfianza nacía de muchas promesas incumplidas y evidencias de discriminación y marginación.
Queda un largo camino por recorrer. Sin embargo, confiamos que lo vivido sea el inicio de una relación apropiada y de un nuevo trato entre quienes habitan la misma tierra y tienen el mismo destino. Valió la pena el arduo trabajo.
Ricardo Ezzati
22/10/2010
FUENTE
La Tercera 22/10/2010



