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12.12.10

Al rescate del pueblo Yagan

Categorías: Pueblos

AL RESCATE DEL PUEBLO YAGÁN
La mañana en Puerto Navarino es helada. Cada tanto los lugareños mencionan la palabra “bagual”, refiriéndose a aquello salvaje que habita o habitó en la zona, por ejemplo los perros y cerdos perdidos, el frío y la cultura yagana. Y es que aquí habita el grupo étnico más austral del continente pero del cual poco queda, el pueblo yagan o yámana, del cual subsisten alrededor de 10 familias, que habitan la Villa Ukika.


Bien lo relata la escritora Patricia Stambuk en su libro “Rosa Yagan”: “Los residentes de Ukika son descendientes de yaganes, pero ya muy pocos hablan el idioma, se han perdido los antiguos nombres. No hubo respeto, nadie preguntó...”.

Pero hoy hay quien sí trabaja por el rescate de la cultura local, una emprendedora que se aferra a esos yaganes cazadores con arpones, y que el científico Charles Darwin calificó duramente como “desdichados salvajes, con cabellos enmarañados y gestos violentos”.

Parte de esta cultura, queda de manifiesto en un pequeño pero elocuente museo que ha creado la comunidad, y donde Cristina Zárraga comparte su rol de madre de Aniquipa, que significa mujer del viento Norte, con el de desarrollar proyectos que rescaten esas historias extraviadas: “Hemos realizado talleres con niños, buscando recuperar el idioma. No hay mucho apoyo, pero preferimos trabajar de forma independiente. Hoy estamos trabajando de cara a un libro y un diccionario sobre esta cultura”.

El libro en mente lleva el nombre de “Hal kur mamashu shis”, que significa “Quiero contarte un cuento”. Por ese proyecto Cristina dejó Concepción, para insertarse en recuperar la cultura yagana, pudiendo recopilar valiosos materiales, siempre con un respeto y un recelo a quienes no pertenecen a la comunidad, seguramente debido la discriminación que le ha tocado presenciar.

Y en estos sueños mucho tiene que decir su esposo alemán, Oliver Vogel, que es fotógrafo, y con quien apoyan el centro, y desarrollan el proyecto editorial, y por supuesto, junto a la abuela de la villa, una que tiene una especial característica, y es que es la última yamana pura en Villa Ukika.

Son numerosas las historias sobre extranjeros que han venido a entrevistar a la abuela Cristina Calderón, pero a ella no le entran balas. Hoy se encuentra algo enferma, pero de todas formas esboza una sonrisa y comparte algunas palabras: “La familia es la que ayuda, yo estoy aquí desde 1928. Mis padres eran yaganes. Las leyendas no me las traspasaron tanto. A mi padre no lo conocí, a mi madre sí. Ninguno de mis siete hijos logró aprender la lengua.”

Al sur del Estrecho de Magallanes aún hay vida en Villa Ukika, y son pocos pero llamativos los esfuerzos de quienes buscan recuperar esas historias legendarias.

FUENTE

La Nación 12-12-2010

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