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18.03.09

El Plebiscito de Vitacura y su trascendencia política

Categorías: Urbanismo

La contundente derrota de la propuesta del Alcalde de Vitacura, Raúl Torrealba, y de su entorno, de modificar el plan regulador comunal, tendrá un enorme significado no sólo para la regulación inmobiliaria de esa comuna, sino también para toda la política de gestión urbana en Chile.

Los resultados del plebiscito demuestran que los ciudadanos pueden incidir de manera muy concreta en la planificación de su ambiente urbano más directo, y que no están inermes frente a las decisiones de las autoridades si se proponen en serio opinar e influir. A los habitantes de Vitacura les consta la activa campaña que su edil (y su entorno) realizó para intentar conseguir la aprobación por los vecinos a sus propuestas de densificación urbana, principalmente vía construcción a una mayor altura.

Lo deseable en el futuro sería que las consultas a los ciudadanos respecto a las decisiones mayores en materia urbanística, como lo es la transformación de raíz de barrios completos, sean parte de un procedimiento necesario o estándar, y no la consecuencia a un "parelé" de la Contraloría General de la República a la autoridad comunal, acogiendo los reclamos de los vecinos.

El marco jurídico actual es estrecho, por lo que debería ser modificado, para facilitar y asegurar este tipo de expresiones democráticas. Lo importante en este caso es que el proceso se dio pese a la estrechez y dificultades para poder concretarlo, lo que transforma sus resultados en un imperativo de ley para la política nacional, que debería ser satisfecho.

En la vida cotidiana nacional no existe una materia más volátil, oscura y de menor certidumbre jurídica que los planes reguladores urbanos. Sea que sus contenidos dependan de las autoridades edilicias y sus direcciones de obras, o que provengan de las competencias de los gobiernos regionales o las autoridades centrales.

Ello no es solo el producto del volumen de intereses económicos en juego, sino también de la vieja tradición centralista y autoritaria del Estado chileno, que considera un imperativo de bien común la opinión de la autoridad.

De ahí derivan muchos abusos y atropellos. Durante décadas la ciudadanía ha debido resignarse a que, de la noche a la mañana, le cambien la altura de su entorno, se autorice equipamientos o destinos que cuando compraron sus viviendas no se permitían en su barrio, que le cambien el sentido a las calles sin aviso, le instalen antenas de telefonía, y un sin fin de cosas más. Frente a ellas, la mayoría de las veces la gente queda impotente, mientras ve como se menoscaba su calidad de vida y/o se disuelve su patrimonio inmobiliario por el impacto negativo de los cambios. Como contrapartida, el beneficio de unos pocos, que las más de las veces ni siquiera viven en el lugar afectado.

Esto ha estado ocurriendo en todo Chile y no solo con los grandes proyectos inmobiliarios. También en el diseño y operación de las autopistas urbanas o las ampliaciones de radio urbano, o el Transantiago. Por lo mismo, no son sólo los municipios las ánimas negras de la mala urbanización. La desintegración de la ciudad se debe todavía mucho más a los gobiernos regionales y a las autoridades centrales. Baste al efecto con recordar la última oscura ampliación al límite urbano de Santiago, parida entre gallos y medianoche por la Seremi de Vivienda y Urbanismo de la Región Metropolitana.

Pero la corrección viene de la mano ciudadana y de ahí la importancia de lo ocurrido el domingo pasado en Vitacura. Porque abre un camino para generar efectos políticos más contundentes y permanentes en la administración de la ciudad. Para hacerla más humana y articulada, a la medida de lo que desean sus habitantes, y no a la mera voluntad de los poderes económicos o de las autoridades de turno, muchas veces demasiado sincronizados.

Hacia delante, es presumible que se genere presión por la realización de procesos similares en todo el país, principalmente en las grandes ciudades. Independientemente de su factibilidad y calidad de sus resultados, la ciudadanía podrá expresar su malestar y su necesidad de cambio.

Se ha introducido una nueva dimensión política en la gestión urbana, municipal y de la ciudad, y únicamente resta saber cómo reaccionarán el Estado y la política ante esta manifestación de poder ciudadano.

Editorial El Mostrador
FUENTE
http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/editoriales/el-plebiscito-de-vitacura-y-su-trascendencia-pol/

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Los mensajes del triunfo del NO en Vitacura

Por Carlos Huneeus*

La amplia victoria del "No" en el plebiscito de la comuna de Vitacura es un hecho de la mayor relevancia, con alcances que van más allá del conflicto por la reforma del plan regulador. Los ciudadanos participaron masivamente, más del 70% de los inscritos, y por una mayoría, superior al 70% de los votantes, derrotaron la decisión del alcalde y el consejo de ampliar la altura permitida para los edificios en tres sectores de la comuna.

La democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo, que se hace a través de sus representantes. En la práctica, la autoridad se encierra en cuatro paredes y escucha a algunos, especialmente a quienes tienen más poder: los grupos de presión, especialmente empresas y sus asociaciones gremiales.

Varias observaciones se pueden formular ante el plebiscito. En primer lugar, hay una larga historia, que comienza cuando un grupo de vecinos, bajo el liderazgo de Rodolfo Terrazas, tomó la decisión de organizarse para oponerse al plan de la municipalidad dirigida por el alcalde Raúl Torrealba (RN), de autorizar el aumento de la altura en la construcción de edificios. Durante su mandato, un costado del río Mapocho fue cubierto con una docena de torres por una empresa inmobiliaria que quería extender su negocio hacia el poniente, por varios kilómetros.

No fue fácil el trabajo de los vecinos. Debieron reunir miles de firmas para convocar al plebiscito y tuvieron que recurrir a la Contraloría, porque el alcalde se negó a convocarlo a pesar de reunir los requisitos legales para la consulta ciudadana. Este organismo, que ha adquirido una singular eficiencia en el último tiempo, les dio la razón y el alcalde debió llamar al plebiscito, no sin antes tratar de boicotearlo, sin hacer mayor difusión. Estaba confiado que no habría participación suficiente y la iniciativa ciudadana fracasaría. Quienes vivimos otro plebiscito, de carácter nacional, en que las alternativas eran "Si" y "No" encontramos interesantes similitudes en el comportamiento de la autoridad para imponer su posición y que fracasaron.

En segundo lugar, la acción de los vecinos chocó no sólo contra la oposición del alcalde Torrealba, sino también de las empresas inmobiliarias, las empresas constructoras y los profesionales que trabajan en el sector, todos los cuales se benefician con los planes del edil. El grupo de presión más fuerte es la Cámara Chilena de la Construcción (CCHC). De ahí que el NO se dirige contra el alcalde y esos grupos de presión que promueven la construcción de torres -habitacionales, oficinas o de negocios- en Vitacura, mensaje que se extiende a otras comunas de la capital y de regiones.

En tercer lugar, el triunfo de los vecinos es muy importante porque lo han conseguido en un escenario de soledad institucional. Los parlamentarios -un diputado de RN y otro de la UDI, un senador del PDC y otro de la UDI- han estado ausentes, como en muchos otros temas de interés ciudadano. El gobierno central, a través del Minvu, tiene una actitud pasiva, porque se trata de un tema de competencia municipal y porque existe una ley que debe ser reformada, objetivo inviable por la oposición de los grupos de presión, conducidos por la CCHC. El Ministerio de Obras Públicas, en la práctica, bendice grandes proyectos inmobiliarios que tienen un alto impacto en la infraestructura urbana y en la calidad de vida de los ciudadanos (Torre Paulmann en la Costanera), con el beneplácito de la CCHC.

En cuarto lugar, hay un tema acerca de la formación de la política urbana en un escenario definido por la enorme asimetría de poder entre poderosos grupos de presión y ciudadanos que no están organizados, parlamentarios que no los consideran y son complacientes con esos grupos de presión, alcaldes que se dejan influir por esos grupos y ministerios en una actitud contemplativa ante proyectos que dañan la calidad de vida en las ciudades. Para resolver esta contradicción, en una democracia seria como la chilena, se requiere voluntad política para hacer primar el bien común en este escenario, especialmente en un contexto de crisis económica, en que esos grupos de presión se escudan en "la defensa del empleo" para llevar adelante sus planes de construcciones de torres y autopistas. El mensaje de Vitacura también es para el gobierno central, los parlamentarios, los partidos y los grupos de interés empresarial. Ese poder político, en un año electoral, sólo puede venir de la presidenta Michelle Bachelet.

*Carlos Huneeus es director del CERC.

FUENTE
http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulo/los-mensajes-del-triunfo-del-no-en-vitacura/

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