Cristián Warnken
Jueves 27 de Mayo de 2010
Chile: ¿ya nunca más?

Soy un patriota irredimible y sensiblero. Devoré en la infancia biografías (casi hagiografías) de héroes. También tienen la culpa Themo Lobos y sus historietas con las aventuras de Mampato en la Patria Vieja. Me emociona ver la bandera chilena flameando al viento, escuchar los pífanos y los tambores, me encanta sentir en las calles al pueblo vibrando con la marcialidad e impecabilidad de los marinos y de los soldados de plomo de carne y hueso de mi niñez. He estado en Iquique aplaudiendo a los escolares peinados “a la cachetada”, con sus pendones y trombones, protagonistas de una épica ingenua pero genuina, viva. Pero donde he respirado con más intensidad esos aires patrioteros es en Valparaíso, cuando los habitantes de los cerros se toman el plano para recibir el desfile donde se abraza y confunde el pueblo civil y militar, en un mito y rito colectivo, en un “había una vez una dulce patria”.


Este 21 de mayo nos preparamos con mi mujer como siempre, viajamos al puerto, compramos los sombreros de cartón de marineros para nuestros niños, le dimos a cada uno su bandera. Parecían marinos de juguete, listos para un día de gloria.

Nuestros corazones temblaban al unísono con los miles de corazones de los porteños que esperaban el gran momento. Pero también ahí comenzó lo que llamaré la gran decepción. Los porteños deambulaban como fantasmas esperando un desfile que inexplicablemente no empezaba. Las alocuciones oficiales se habían alargado y duplicado. Las calles estaban como nunca llenas de barreras colocadas estratégicamente para impedir no sólo el acceso, sino la vista a la Plaza Sotomayor. La ceremonia había sido secuestrada en un radio estrecho e inaccesible, donde sólo podían verla las autoridades, pero no el pueblo. Las horas pasaban y la policía le decía a la gente que no habría desfile por las calles. La fiesta viva hacía agua por todos lados. Ninguna explicación oficial, ningún gesto para con la “galería”. Todo empezaba a parecerse a una ceremonia de cartón piedra, un rito vacío, trunco. De repente tuve un pálpito: “Se dejaron el desfile para ellos” —me dije—. Una vez más, era la politocracia chilena en acción, encerrada narcisistamente en sus palacios y hemiciclos, preocupados del pueblo sólo cuando se necesitan sus votos y sus impuestos, quitándole impunemente ahora lo más preciado y querido: “su” fiesta, en un país donde escasean los ritos colectivos. El Ministerio del Interior, alguna autoridad, no sé quién había decidido minimizar la ceremonia colectiva y callejera; las barreras se interponían entre los marinos, los soldados y el pueblo, ese pueblo de donde vienen, ese pueblo que son. Alguien había levantado un muro infranqueable entre el rito y la gente. ¿Miedo al fervor colectivo, a que la foto no saliera perfecta? Cuando la multitud empezaba a dispersarse, se inició una parada tardía, disminuida, de pocas unidades militares, sin civiles marchando, un desfile express, deslavado.

Al día siguiente, un porteño indignado, Francisco Fuenzalida, escribiría en internet: “Cada año que pasa, el 21 de mayo se convierte en la ceremonia pública más privada de Chile. Fue prácticamente imposible para un ciudadano común y corriente, sin privilegios y pitutos, tener acceso al espacio digno para apreciar la ceremonia. Nos robaron el desfile por nuestra ciudad”.

Mala señal para un Bicentenario que puede volverse vacío, de fachada, oficialista, sólo para la foto. Necesitamos tal vez un nuevo Arturo Prat ciudadano, que —junto a otros Francisco Fuenzalida— encabece un abordaje nacional para recuperar el país que nos viene robando simbólicamente la élite dirigente todos los días, desde hace años. Guardé los gorros de marino de mis tres hijos en un baúl de los recuerdos. ¿Tal vez para siempre? Chile: ¿ya nunca más, como en la infancia y en los sueños?

FUENTE

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/05/27/chile-ya-nunca-mas.asp


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Cartas
Sábado 29 de Mayo de 2010
“Chile: ¿Ya nunca más?”


Señor Director:

Comparto la profunda columna de Cristián Warnken del 27 de julio. Remediemos lo que relata al haber sentido que le habían secuestrado la ceremonia de las Glorias Navales, “donde sólo podían ver las autoridades, pero no el pueblo”. Actuemos para que el Bicentenario “no sea de fachada”, sino una auténtica fiesta nacional y expresión de cohesión social.

Cristián me hizo recordar episodios de mi vida. El mayor orgullo de ser soldado lo sentí en la parada militar de 1962, cuando, con 14 años, siendo el penúltimo cadete de la Escuela Militar, entramos a la calle Ejército, donde una multitud nos ovacionaba, tocaba, gritaba y aplaudía. Ese calor humano y cercanía al pueblo no lo percibí igual al pasar frente al palco presidencial independiente del respeto que me merecieron las autoridades que estaban allí.

Pasaron tres décadas, y como general, a fines de los años 90, durante tres años entré a la misma calle Ejército al mando de las Fuerzas de mi institución. La emoción provocada por el clamor popular fue igual que la experimentada cuando era un niño soldado.

Como Comandante en Jefe en 2002, recuerdo haberle dicho al Alto Mando que el termómetro que mejor mediría la fusión Ejército con todos los chilenos sería la forma como nos recibieran en el recorrido de nuestras tropas por la Alameda de cualquier pueblo en Chile o el arribo de ellas a Conchalí o Maipú. Es en esos lugares donde pueblo y Ejército se funden en uno solo.

¡Que siempre el desfile sea para todos, porque las FF.AA. son un bien querido y respetado, al deberse y entregarse a cada uno de sus compatriotas!

Chile cumplirá doscientos años de vida independiente, y su Ejército los mismos al servicio de la Patria que, junto a su pueblo, forjó. Cada acto debe tener contenido para que los niños de Cristián y todos los chilenos, lejos de guardar un gorro o sustraernos de las celebraciones, seamos uno solo en el recuerdo de nuestro pasado y en la construcción de nuestro futuro.

Juan Emilio Cheyre
General de Ejército (r)
Comandante en Jefe 2002-2006

FUENTE

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/05/29/chile-ya-nunca-mas-1.asp

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