Wide Blog Theme

02.03.10

Reportaje a estado de la ruta Santiago- Concepción

Categories: Varios, - Impactos

La Segunda recorrió el centro sur del país hasta llegar, vía terrestre y por caminos alternativos, a Concepción. La devastación, el dolor de las familias afectadas y el caos ciudadano —saqueos incluidos— se apoderaron de tres regiones del país. ¿Destino? Concepción.

Estanque de gasolina a full, equipos técnicos con sus baterías cargadas, provisiones y paciencia… mucha paciencia para comenzar un viaje que en situación normal se hace en no más de 5 horas, pero que esta vez duró 24.



Los cortes en la Ruta 5 Sur nos obligaron a usar la Autopista del Sol e ingresar por el cruce Las Arañas hacia el lago Rapel (VI Región).

Primer contratiempo: el ducto que atraviesa las aguas estaba cortado por Carabineros por peligro de derrumbe. De hecho, la casa de un pescador flotaba en la orilla.

Eran las 4 de la tarde y una fila de más de 50 vehículos imploraba a la policía que los dejara pasar para ir en busca de sus familias. Para colmo, los automóviles quedaban al costado de una quebrada que amenazaba con derrumbarse.

40 minutos más tarde los uniformados dejaron pasar a los vehículos livianos. La decisión fue tomada para evitar una suerte de “motín” que ya organizaban los angustiados conductores.

Allí Alfonso Besa —camionero de 45 años— nos pidió que lo acercáramos hasta Teno (17 kilómetros al norte de Curicó). Necesitaba tomar contacto con su mujer y su hijo que lo creían muerto.

Besa escapó milagrosamente de la oleada que se llevó las cabañas costeras de Llolleo (aledaña a San Antonio, V Región). “Ya habíamos descargado el trigo en el puerto, estaba con unos amigos cuando de repente vi una neblina rara y escuché gritos de niños que alertaban sobre un movimiento extraño del mar. Pesqué el camión y salí a entregarlo a su dueño. De allí me vine a dedo”, contó.

Enormes trizaduras
La carretera que conecta Melipilla (Región Metropolitana) con Las Cabras (VI Región) era simplemente desastrosa... A tal punto que era posible entrar en las trizaduras que el terremoto dibujó en el pavimento y cuya profundidad alcanzaba fácil los 4 metros. Las zanjas obligaban a los automovilistas a zigzaguear a baja velocidad para avanzar.

El impacto del movimiento telúrico quedó retratado con fidelidad en el desplome íntegro de la iglesia de San Roberto, cuyo campanario apenas quedó en pie. En esa misma población vive Verónica Reyes, cuya casa quedó completamente inutilizada: el techo se vino abajo y los muros cedieron como si fueran de cartón.

Desesperada, pidió auxilio a la municipalidad para poder recomenzar con su vida en otro lugar: “Aquí yo no me quedo”, dijo decidida con sus ojos inundados por el dolor.

Ya en la zona de Teno (norte de la VII Región), nos encontramos con la copa de agua que abastecía a ese sector en el suelo y la estación de trenes de Colchagua completamente destruida. Como esta última es un Monumento Histórico Nacional, su administradora, Gladys Castro, optó por dar un ultimátum a las autoridades de Bienes Nacionales: “Yo me tengo que preocupar de mi familia porque estamos durmiendo en carpa. Si no vienen de Santiago a poner orden, yo no puedo hacer nada para que la oficina de los trenes (todavía en pie) no se venga abajo”.

Santa Cruz en el suelo
Mientras en la radio Éxodo de Santa Cruz realizaban una “cadena de amor” contactando a los vecinos e informando sobre la entrega de agua, alimentos y bencina, fuimos testigos que en toda la comuna de Palmilla hubo un desplome absoluto de decenas de casas de adobe, galpones y casonas patronales.

En Santa Cruz la situación era dramática: mientras el hotel del empresario Carlos Cardoen cerraba sus puertas porque no tenía ningún servicio básico, la policía intentaba coordinar el tránsito que estaba cortado en varias calles debido a los derrumbes de las fachadas.
Pero aquí la situación más impactante fue ver el edificio que acogía al BancoEstado y a la Coopeuch convertido en un cerro de escombros en el que sólo se alcanzaba a ver un  vehículo blanco aplastado. Al lado, la comisaría de Carabineros no sufrió ningún rasguño.

El transportista que viajaba con nosotros recomendó seguir por Chépica, lo que nos obligó a retornar a la VI Región para evitar el casi seguro derrumbe de dos puentes que conectan esa área con los pueblos de más al sur.

Reventón de los neumáticos
En medio de las réplicas, que se sucedieron durante todo el camino, vimos el dolor y desesperación de familias completas paradas al borde de la carretera, hacían dedo o pidiendo agua con bidones en sus manos.

En Chépica, la municipalidad instaló un escritorio en la calle para recibir y entregar información sobre el paradero de personas. Una luna llena y brillante hacía esfuerzos por iluminar a quienes todavía no conseguían resguardo y avanzaban en bicicleta en distintas direcciones.

Producto del daño que sufrieron las rutas que transitábamos, el automóvil que nos transportaba reventó dos neumáticos. Un conductor solidario ofreció su ayuda y gracias a una rueda de repuesto logramos llegar de madrugada a Curicó (VII Región), donde se rumoreaba una fuga de reos desde la cárcel, lo que sumado a la nula oferta de hoteles y alquiler de habitaciones obligó a cientos de personas a pasar la noche dentro de sus vehículos.

A la mañana siguiente conectamos con la ruta 5 Sur a la altura de Villa Alegre (cerca de Talca), donde los precios de los víveres en los almacenes se habían triplicado y la parroquia estaba completamente destruida.

De allí, la autopista al sur tenía algo de normalidad ya que sólo estaba interrumpida por pequeños socavones del terreno marcados de manera improvisada por conos naranjos y palos con telas rojas que instaló la misma gente que vive junto al camino.

Saqueos y desesperación
En la ruta del Itata la escena era digna de una película apocalíptica... Una bomba de bencina Terpel estaba abarrotada por un centenar de personas provistas de palos y piedras que rompían los cristales del minimarket y arrasaban con todo a su paso.

Además de robar todos los comestibles, se peleaban la bencina que sacaban con baldes desde los estanques subterráneos.

El cielo, completamente cubierto y anunciando una posible lluvia, abría el ingreso a Concepción: eran casi las 3 de la tarde y los militares comenzaban a ubicarse en puntos estratégicos de la ciudad.

Al llegar nos encontramos con que el supermercado Unimarc era literalmente asaltado por una horda de penquistas que se llevaban hasta las cajas registradoras. Los estantes estaban en el suelo, todo impregnado de leche y aceite, a oscuras y con militares intentando que la gente saliera haciendo vista gorda de los carros de supermercado llenos de abarrotes con los que escapaban.

Como si fuera poco, un pequeño grupo de delincuentes le prendió fuego y obligó a que tres compañías de bomberos llegaran a apagar las llamas. “Nuestra prioridad es el rescate de los cuerpos de las personas que están atrapadas. Las demás situaciones nos sobrepasan”, admitió un militar ante la descontrolada situación.

FUENTE

La segunda 1/03/2010





 

Wide Blog Theme

 

Archivo de prensa - CEPPDI -  www.politicaspublicas.net