Wide Blog Theme

09.03.10

CONCEPCION. 14 horas, 28 minutos bajo las ruinas

Categories: Testimonios

El relato de Silvia Brochers, de 28 años, una de las sobrevientes de el edificio Alto Río. Fue ayer por primera vez a ver el estado en que quedaron sus ruinas.

Aguante la respiración todo lo que pueda. Silvia lo hizo. Aguantó la respiración no sabe por qué. Tomó a su hijo Maximiliano de tres años y se quedó parada junto a la cama matrimonial mientras caía el edificio Alto Río.

Silvia cuenta:

- De pronto el cielo del departamento (201) se empezó a desmoronar. “Me caía un montón de polvo en la cara y cerré la boca y los ojos. El ruido era tremendo. No paraba de temblar. Pero peor que eso. Era como una bomba. Me tiré encima de la cama abrazando a mi hijo. Cerré los ojos y apreté los dientes por si el techo me caía encima. De pronto, en vez de eso, sentí que la cama empezaba a caer. Me tragaba la tierra hacia abajo”.


No cambió de posición ni se inclinó. Sino que entre todo el remezón cayó y cayó como en aquellas pesadillas donde uno despierta justo antes caer. Su departamento terminó en el segundo subterráneo. Pero su pesadilla continuó.

-“No grité ni nada. No podía. No tenía idea que se había ido de espaldas. Pensé que el edificio se había desplomado como las torres gemelas”, cuenta Silvia.

A medida que el edfificio se inclinbaba –tardó casi 10 minutos en un remezón- lo que era la losa del techo del departamento se vinó sobre la cama.

-“Lentamente, sentía como venía demoliendo toda la tabiquería, amuñando, rompiendo, tirando la cáscara del estuco y se venía encima mío. Yo pensé que iba a morir aplastada”.

Con los ojos y la boca cerrados, Silvia seguía aguantando la respiración.

-“Pensaba no Dios mío, no Dios mío… Y la losa se detuvo justo antes de que empezara a aplastarme el pecho. Ahí quedé”.

Acostada boca arriba, con su hijo al lado abrazándolo y llorando, el ruido cesó.

-“Empecé a tocar a mi hijo, para saber si estaba entero, si estaba bien y no tenía nada. Yo tampoco. Cuando bajó el polvo. Si me ponía un poco de lado hacia la derecha sentía que había un hoyito donde entraba el aire”.

Después, el silencio. No escuchaba gritos ni golpes ni nada.

-“Yo grité y grité pero no escuchaba ninguna respuesta. Pero pensaba, puedo respirar, estamos sanos, nos van a sacar. Nos van a sacar. Me lo repetía una y otra vez. Vi tantas noticias de Haití, que rescataban personas tantos días después… Pero nunca pensé ni en mi peor pesadilla que un mes después, me iba a pasar a mí…”.

Entonces esperar ocho horas parecía al menos soportable. Sorprende Silvia. Su voz melodiosa y tranquila, su tono pausado. Su voz no se quiebra.

-“De pronto en el poco espacio que tenía para recostarme del lado derecho, encontré tanteando un pedazo de plato roto. Y empecé a golpear el cemento que tenía encima”.

Era el medio día del sábado y un sol frío picaba sobre Concepción pero Silvia no se podía enterar. Sintió frío casi todo el tiempo, lo que es normal aseguran, en un caso así. Pero ella, que no se podía ver ni las propias manos, tanteando se abrigó con las frazadas de la cama.

Habían ya pasado ocho horas cuando sintió pasos y gritos de bomberos sobre –ahora lo sabe- las dos losas de cemento que tenía encima.

-“Grité de nuevo pero no me oían y pasaron de largo. Tampoco mis golpecitos porque como no tenía espacio eran muy suaves. Escuchaba a los bomberos gritar entre ellos, que anda para acá, que sube para allá y me decía: ¿Por qué no me escuchan?, ¿Tan lejos estoy?”

Casi una hora después del primer paso de bomberos, por el hoyito por el que respiraba, sintió que se introdujo un tubito. Una voz preguntó si había alguien dentro.

Dijo:

-Estoy aquí soy Silvia Borchers vivía aquí… Estoy aquí con mi hijo…

-No tengas miedo… trataremos de sacarte – le respondieron bomberos–.

-El “trataremos” me derrumbó, dice ahora. No traten – pensaba-. Sáquenme. Sáquenme ya, por favor.

Tardaron casi cinco horas en remover y taladrar los escombros y parte de la pared que tenía a su derecha. Le enviaban por el tubito consejos, frases de apoyo y mensajes de calma. Por fin vio que la luz se abría ante sus ojos. Eran ya las cuatro de la tarde.

Silvia fue el jueves a las ruinas del edificio porque algunos vecinos querían comenzar a organizarse para ver el tema con la empresa y los seguros. Pero no va a ser tan fácil para todos.

De pronto, entre la multitud de periodistas, móviles de prensa, cables y bomberos, divisó a una señora con un brazo en cabestrillo. Era su vecina Edith Bravo de 51 años.

-“Me da una alegría tremenda verla con vida –le dijo a la señora Edith quien apenas sintió sus brazos comenzó a llorar sin parar por varios minutos”.

Ella fue rescatada junto a su marido a las nueve de la mañana desde el departamento 305. Antes, se conocían sólo de vista.

-Me hace mal venir aquí- le dijo Edith llorando a Silvia. Entre todo el enjambre de periodistas, ellas avanzaban juntas como dos fantasmas.

 

Viernes 5 de Marzo de 2010

Por Roberto Farías, desde Concepción.

FUENTE

http://www.elmostrador.cl/seleccion/2010/03/08/14-horas-28-minutos-bajo-las-ruinas/


Wide Blog Theme

 

Archivo de prensa - CEPPDI -  www.politicaspublicas.net