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09.03.10

Impactante relato del jefe de la Tenencia Tirúa: Maremoto lo arrastró 800 metros

Categories: Testimonios

"No se veía nada, estaba todo oscuro. Esa agua venía con casas y hasta con un lobo marino", recuerda el teniente Gonzalo Febre.
Tirúa.- “No se nos murió nadie en Tirúa. La gente está súper contenta, pero yo tengo pena, pena porque personas pobres lo perdieron todo”, dice mientras reposa en su habitación en el Hospital de Carabineros de Santiago el teniente Gonzalo Febre Santis.

Sobrevivió luego de que durante el maremoto una ola lo arrastrara 800 metros, entre casas, árboles y todo tipo de escombros. “Estoy vivo de puro milagro. Yo soy oficial del Gope y ahí te preparan para situaciones límite, te preparan incluso para no respirar en largo tiempo, pero lo que me sucedió y que yo siga con vida no se explica sólo con eso. Aquí está Dios. Dios vio lo que los carabineros habíamos hecho y nos salvó”, reflexiona.

Febre, jefe de la Tenencia de Tirúa, recuerda que “después del terremoto, ordené que un dispositivo fuera a la playa para ver si el mar se había recogido. Cuando volvieron, comenzamos a dar aviso a la gente. Eramos 22 carabineros y con parlantes y gritos empezamos a avisar en el radio urbano, donde viven unas 2 mil 500 o 3 mil personas. En 20 minutos ya teníamos al 90% de la población en los cerros, algunas subían solas, a otras, como los viejitos, los llevábamos en vehículos policiales... debemos haber hecho unos cinco viajes con el furgón cuando un cabo me manifiesta que abajo quedaban unas personas que no querían salir. Y partimos de nuevo...”

“Vomité sangre”

Ahí fue cuando ocurrió todo: “Había una niebla tremenda. Avanzamos unos 4 kilómetros. Eramos cuatro carabineros en el furgón y cuando íbamos llegando me alertan que el auto se estaba llenado de agua. Luchamos para abrir las puertas y cuando salía viene una ola grande que nos envolvió a todos. No se veía nada, estaba todo oscuro.

Esa agua venía con casas y hasta con un lobo marino. Fui proyectado unos 800 metros y quedé debajo de un invernadero. El plástico quedó encima de mi cuerpo y eso me permitió respirar, porque el agua seguía corriendo arriba. Estuve unos 25 minutos ahí. Escuché que gritaban afuera “¡Mi teniente Febre!”, que los carabineros estaban llorando.

Me dejaron ahí porque podía volver otra ola, y a los 20 o 25 minutos comencé a reaccionar, a mover los dedos de mis pies, de mis manos. Con la antena de una portátil (una radio) que tenía en el pecho, hice un hoyo en el plástico y salí del lugar. Vomité sangre. Caminé 500 metros. Estaba mal, muy mal. Me saqué la ropa, quedé en pantalones solamente y cuando iba caminando los carabineros me encontraron. Así fue que vivimos... y aquí estoy”.


El teniente Febre tiene dos hijos pequeños, mellizos de un año y medio que estuvieron en su mente en todo momento. Con ellos se volvió a encontrar en Santiago, hasta donde fue trasladado para recuperarse de sus contusiones. “Yo quiero irme ya, quiero volver. Este es el minuto en que los carabineros tenemos que estar con la gente. Este es nuestro trabajo”, finaliza.

Martes 9 de Marzo de 2010
Fuente :La Segunda

FUENTE

http://www.lasegunda.com/ediciononline/cronica/detalle/index.asp?idnoticia=543554

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