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12.03.10

[Asalto neoliberal ] La oportunidad en medio del desastre (Por Ascanio Cavallo)

"El hecho cierto es que el terremoto de 1985, con su poder de destrucción, fue utilizado de una manera creativa para deshacer algunos de los nudos que frenaban el desarrollo. La necesidad de acelerar el crecimiento, de inyectar más inversión pública y de quitar lastre al Estado creó un consenso al que nadie se podía oponer, y que se convirtió en indiscutible cuando se presentaron los primeros signos de recuperación."

"Büchi quedó en condiciones de relanzar el gigantesco programa de privatizaciones que estaba detenido, ya por las presiones corporativas de las propias empresas públicas, ya por la resistencia de muchos militares ante la perspectiva de entregar sectores productivos que consideraban estratégicos."



El gobierno estaba estancado. La crisis económica había pasado, pero sus coletazos aun se dejaban sentir en el empleo y la producción. Un espeso debate entre los que querían más proteccionismo y los que pugnaban por más liberalismo tenía al Ejecutivo paralizado. El clima social estaba enrarecido.

No se trata del comienzo del 2010, sino el de 1985. Igual que ahora, después de un verano caliente, tras el último fin de semana de vacaciones se esperaba el debut de un equipo nuevo de ministros, cambiado recién el 11 de febrero. Y entonces, a las 19.48 del domingo 3 de marzo, un terremoto de 7,8 grados Richter y 90 segundos azotó Santiago y las regiones Quinta y Sexta.
La reacción del régimen militar fue lenta y desordenada. El corte de las comunicaciones impidió conocer la magnitud del daño en lugares tan cercanos como San Antonio, que quedó devastado. Fuera de mantener el toque de queda que ya tenía, el gobierno sólo dispuso que un funcionario del Ministerio del Interior se hiciera cargo de la coordinación.

Sólo un día después el general Pinochet –que al momento del sismo estaba en Punta Arenas- ordenó la creación de un Cuartel de Emergencia a cargo del Ejército. En los días siguientes, este Cuartel debió someter paso a paso las resistencias del Ministerio del Interior y de los gobiernos regionales, hasta que logró superar –días mediante- la sensación inicial de desorden y descontrol administrativo.


Pero la réplica más importante de ese terremoto fue política. Apenas tres semanas antes, Pinochet había removido a Sergio Onofre Jarpa de Interior y a Luis Escobar Cerda de Hacienda, ambos inclinados al proteccionismo estatal. En Interior entró un abogado desconocido, Ricardo García, y en Hacienda apareció Hernán Büchi.

Las inmensas pérdidas producidas por el terremoto y la urgencia de recuperar la producción crearon las condiciones para que Büchi tomaran el control total de la política económica, algo que había parecido impensable a lo largo de casi cuatro años. Las discusiones anteriores cesaron. El sector proteccionista fue desplazado y todo lo que hasta entonces había parecido demasiado audaz o demasiado liberal adquirió una inesperada vigencia.

Büchi quedó en condiciones de relanzar el gigantesco programa de privatizaciones que estaba detenido, ya por las presiones corporativas de las propias empresas públicas, ya por la resistencia de muchos militares ante la perspectiva de entregar sectores productivos que consideraban estratégicos. Tras el terremoto se iniciaron las ventas de las grandes empresas que aun estaban en manos de la Corfo, como Endesa, Entel, Schwager, Enaex, Soquimich, Laboratorio Chile, Iansa y muchas otras. Codelco y Enap quedaron excluidas por el veto de los militares.


También quedó cancelada la discusión sobre fijación de precios y bandas de protección de diversos productos agrícolas que tanto había defendido Jarpa, y se estableció la preeminencia definitiva de Hacienda sobre cualquier medida de política económica, incluyendo al Ministerio de Economía, la Corfo y el Banco Central.


Por añadidura, los daños en diversos sectores productivos obligaron a muchos empresarios a modernizar sus sistemas o a buscar oportunidades en negocios más competitivos, lo que constituyó el inicio del modelo exportador que se convertiría en pilar de la economía por más de dos décadas.


El terremoto le dio a Büchi la oportunidad no sólo de disolver la discusión en que se había enfangado el gobierno, sino también de dar una dirección a la economía chilena que perdurado a lo largo de cinco gobiernos.


El 2010 no es lo mismo que 1985. Entonces había una dictadura y hoy hay una democracia, donde no se puede hacer lo que se quiera. En aquellos días cambiaba el gabinete, pero no el gobierno, como ahora. Todas estas cosas son obvias y por sí mismas no demuestran que la de 1985 haya sido una situación menos compleja: aun en régimen dictatorial, el gobierno se encontraba atrapado por las disensiones internas.

El hecho cierto es que el terremoto de 1985, con su poder de destrucción, fue utilizado de una manera creativa para deshacer algunos de los nudos que frenaban el desarrollo. La necesidad de acelerar el crecimiento, de inyectar más inversión pública y de quitar lastre al Estado creó un consenso al que nadie se podía oponer, y que se convirtió en indiscutible cuando se presentaron los primeros signos de recuperación.

Para eso se necesitó la convicción y la decisión de Büchi, un hombre de 35 años que no temía a perder su cargo y que estaba dispuesto a enfrentar a los militares más temidos.

El terremoto del pasado 27 de febrero ha sido una desgracia para el gobierno de Bachelet y para sus exhaustos funcionarios. Pero puede ser una oportunidad para el gobierno entrante de Sebastián Piñera, a condición de que se concentre en los cambios de fondo y renuncie a los golpes de popularidad.

Quizás es por eso que en estos días Piñera se ha reunido con Büchi, el único que en Chile sabe cómo se comportan las placas de la política y la economía después de un terremoto.




Decano Escuela de Periodismo Universidad Adolfo Ibañez

Publicado en REPORTAJES, LA TERCERA Domingo 7/03/2010

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