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18.03.10

Financiamiento de la reconstrucción (Editorial de EL Mercurio)

 

Aunque todavía no hay cifras definitivas, se ha ido consolidando la idea de que los daños provocados por el sismo del 27 de febrero pueden sumar entre 20 y 30 mil millones de dólares, que representan aproximadamente entre cinco y 7,5 por ciento del stock de capital de la economía. El impacto en el crecimiento de ésta en el corto plazo dependerá del grado en que la infraestructura dañada estuviera siendo plenamente utilizada, pero no se puede descartar un efecto negativo en torno a un punto porcentual de crecimiento.

Reunir los recursos para la reposición del capital dañado es una tarea compleja, pero factible. Una parte de los mismos provendrá de los seguros comprometidos. En una reunión con senadores oficialistas, el Presidente Piñera estimó que ellos podrían sumar entre cinco y ocho mil millones de dólares —probablemente estén en el rango inferior de esas cifras— y los demás recursos deberán provenir de otras fuentes. Se han planteado aquellas que son propias de estas situaciones, como la reasignación de partidas presupuestarias, el endeudamiento público o el alza de impuestos como el royalty. En el caso de Chile, a resultas de la regla estructural que se aplica a la política fiscal, es posible apelar también al Fondo de Estabilización Económica y Social.

De todas estas opciones, quizás la más conveniente es la reasignación presupuestaria, si bien no son muchos los espacios para ello. La oposición ha planteado que no está disponible para considerar ajustes en el gasto social, y éste, por estar muy laxamente definido, reúne casi el 70 por ciento del presupuesto nacional. En el resto del presupuesto hay una serie de partidas inerciales que tampoco pueden flexibilizarse con la urgencia requerida.

Por otra parte, aunque todavía no hay cifras definitivas, existe el temor de que durante los primeros dos meses de 2010 se haya gastado una proporción mayor a un sexto del presupuesto, que sería la fracción apropiada si éste se gastase linealmente. El resultado de ello sería que habría aún menos espacio para hacer reasignaciones.

La conveniencia de esta reasignación está vinculada al impacto macroeconómico que producen las otras opciones, particularmente por las presiones al alza sobre los precios de bienes y servicios y a la baja en el tipo de cambio. El financiamiento vía impuestos tiene un impacto macroeconómico más acotado, porque su aplicación compensa el efecto expansivo del proceso de reconstrucción, pero después de 15 meses de crisis económica y un terremoto devastador, la posibilidad de elevar algunos gravámenes o establecer otros nuevos no encontrará mayor apoyo en la población. Cabe recordar, además, que el próximo 25 de marzo se revierte la baja transitoria de UTM 1,5 por metro cúbico en el impuesto específico a las gasolinas, lo que si bien es adecuado, provocará rechazo en parte de la opinión pública.

Con todo, en las actuales circunstancias —al menos como recurso de última instancia— no deberían descartarse de plano impuestos a bienes cuya producción es acompañada de externalidades negativas o que generan rentas económicas, es decir, ingresos asociados a la localización específica de la producción antes que a la gestión e innovación propiamente tales.

Además, es indispensable una programación en etapas del proceso de reconstrucción, de modo de diluir en el tiempo los gastos y, con ello, impactos macroeconómicos de corto plazo que sean costosos para la economía. Una inyección cuantiosa de recursos provocaría desequilibrios macroeconómicos que complicarían aún más la situación. Las urgencias y apuros que producen estas situaciones no deben hacer perder de vista el panorama general del país.

FUENTE

http://blogs.elmercurio.com/editorial/2010/03/18/financiamiento-de-la-reconstru.asp

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