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20.03.10

Financiando la reconstrucción (Opinión Banchile)

El terremoto ocurrió durante la madrugada del sábado 27 de febrero. Sólo unas horas más tarde EQECAT, firma especializada en el análisis económico de catástrofes, publicó un informe que estimó las pérdidas en el rango 15 a 30 mil millones de dólares. Desde entonces, el costo de la reconstrucción se instaló colectivamente en el techo de este rango. Sin embargo, aún es demasiado pronto para saber cuánto más pobres somos.



Lo menciono porque desde ese desgraciado sábado y pese a la escasa información disponible, han abundado las opiniones sobre cómo financiar la reconstrucción. Me preocupa, porque las políticas equivocadas imponen costos económicos más allá del terremoto mismo. Los desastres naturales son exógenos, pero sus consecuencias totales dependen de cómo los enfrentemos.

Por ejemplo, tan importante como el monto de las pérdidas es cómo éstas se distribuyan entre la infraestructura residencial e industrial, la privada y pública. Una parte de estas pérdidas está cubierta por seguros. Para el resto, la reconstrucción exigirá recursos propios. Corfo deberá jugar un rol clave, asistiendo con líneas de financiamiento que complementen al mercado financiero. Porque la experiencia en catástrofes anteriores muestra que la principal variable para acelerar la reconstrucción es el acceso a financiamiento, principalmente, de las empresas medianas y pequeñas.

Al menos, el contexto económico es favorable. El prudente manejo presupuestario y las proyecciones al alza para el precio del cobre de largo plazo -clave para determinar nuestras holguras futuras- garantizan que las líneas de crédito internacionales estarán abiertas para el gobierno. También explican los US$ 11 mil millones ahorrados en el exterior en un fondo soberano. Pero la repatriación de dólares asusta a los exportadores. Por ejemplo, si utilizáramos la totalidad de estos fondos, el dólar podría caer cerca de $ 50. Y es que todas las alternativas de financiamiento tienen sus costos. Para evitar que éstos recaigan sobre un sector específico, la estrategia elegida debe combinar diferentes fuentes de ingreso.

En el ámbito doméstico, las opciones abundan. Una evidente para muchos es la tributaria. Por su impacto en la eficiencia, yo prefiero no modificar impuestos bajo razones coyunturales. Pero si se hace, el IVA, si bien políticamente incorrecto, tiene ventajas por sobre los impuestos al ingreso: es fácil de recaudar y no distorsiona las decisiones de ahorro e inversión. Un punto más de IVA equivale a casi US$ 700 millones. Un impuesto más popular -y hoy también más solidario- es el royalty. Aunque para subirlo se debe negociar con las mineras para que renuncien a la invariabilidad tributaria que se les garantizó en 2005. Elevarlo desde el actual 5% sobre resultados operacionales hasta 10%, lo ubicaría como tasa en el promedio internacional y recaudaría alrededor de US$ 500 millones anuales adicionales.

Una alternativa menos evidente, pero deseable, es vender activos públicos. Por ejemplo, la Constitución mediante, enajenar 20% de Codelco permitiría, sin perder el control de la compañía, recaudar más de US$ 8 mil millones. Y si, de paso, esto mejora su gobierno corporativo, el valor de la propiedad del Estado podría incluso aumentar. La experiencia de Petrobras en Brasil lo sugiere. Finalmente, se pueden ampliar las concesiones a hospitales, colegios e infraestructura deportiva, tal como se planteó en el programa del Presidente Piñera.

Los recursos están; de dónde salgan y cómo los usemos harán la diferencia.

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por Raphael Bergoeing, Universidad de Chile y Banchile Inversiones

FUENTE

http://diario.latercera.com/2010/03/20/01/contenido/7_26945_9.html

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