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21.03.10

Bendita radio (Por Andrea Vial)

 

Cuando todo falla, la radio esta ahí. Y ahí están también los Mosciatti, con su periodismo adictivo, y eso que son lo opuesto a la farándula e incluso a la simpatía. De hecho, parece que nunca los he escuchado reir al aire.

 

El año 1991, cuando Peter Arnett transmitía solo desde Bagdad para CNN, yo quería estar pegada a él. Hoy, habría pagado por llamarme Andrea Mosciatti. Ambos sueños –por cierto, favores no concedidos– se relacionan. La extraordinaria cobertura que hizo el periodista neozelandés durante la guerra del Golfo catapultó a la cadena de cable de Ted Turner, lo mismo que están logrado los hermanos Mosciatti con el trabajo informativo que han desplegado en radio Bío Bío. Con un equipo que refleja un estilo muy particular, pasaron de ser una radio preferida por muchos a una admirada por todos. Son una especie de fenómeno del momento, de esos que obligan al chileno asomado, al que le gusta estar en todas, decir que los sigue de toda una vida.



El día aquel, mientras se movía la tierra, pensé, como la mayoría, que la falla geológica estaba justo bajo mis pies. Un minuto más tarde traté de recordar si tenía alguna vela presentable además de esas piñuflas que tanto regalamos para el amigo secreto. Cuando abrí la boca, todavía tiritando de miedo, grité a mis niños que se vistieran rápido y corrieran al auto. Aunque mi instinto me impulsaba a arrancar a los cerros, lo que de verdad buscaba era la forma de entender qué había ocurrido. Para ello, tenía claro que lo mejor era recurrir a esa especie de compañero seguro y querendón que es capaz de conectarnos cuando toda la tecnología inalámbrica se duerme. Bendita radio. Mi marido manejaba y yo desesperada movía el dial. La única voz que apareció fue la de un locutor argentino de Junín disparando frases sueltas sobre un posible terremoto en Chile con epicentro en Concepción. No era nada y lo era todo. Si por un momento creí estar parada sobre el punto focal de la historia, ahora me daba cuenta de la dimensión que podía tener la tragedia 600 kilómetros al sur de donde me encontraba. Poco a poco se fueron sumando radios locales. Ninguna tenía muchos datos, pero les sobraban las palabras de cariño y acogida. Hasta que empezó a amanecer y logré captar la Bío Bío…

Los Mosciatti son adictivos, y eso que son lo opuesto a la farándula e incluso a la simpatía. Parece que nunca los he escuchado reír al aire. Como que no van de dicharacheros por la vida. Lo de ellos es puro periodismo, sin adornos ni cursilerías. Lo que más se les agradece es que no subestiman a sus auditores. No les hablan en la tecla “querida amiga”, o “usted señora dueña de casa”. Ambos, Tomás y Nibaldo (dos de ocho hermanos) tienen voces potentes, con matices, buena dicción y un vocabulario ajeno al lugar común. Pero por supuesto que eso no basta para encumbrarse tan alto. Lo que ellos tienen, más allá de sus condiciones innatas para hablar detrás del micrófono, es credibilidad. Y me pregunto por qué les creemos; más bien, por qué les creemos tanto. No me parece que sea sólo por su capacidad de análisis. Tampoco, por el talento envidiable para manejar el ritmo y el tono. Pienso que la gracia de los Mosciatti está en que saben preguntar como nadie, indagan en lo relevante, no sueltan la presa hasta no dar con lo que buscan y lo hacen siempre con respeto, aunque nunca en forma condescendiente.

El día domingo 28, cuando atrincaron a un comandante de bomberos intentando comprender por qué todavía no partía a Concepción el grupo de rescate que participó en la búsqueda de María Teresa Dowling en Haití, no le aguantaron ninguna imprecisión y lo acorralaron del tal forma que nos quedó claro que faltaba mucho rato para que ese equipo se embarcara a la VIII Región. Estoy segura de que esa entrevista apuró la que a esas alturas era una de las tantas tareas no resueltas por las autoridades de gobierno.

Los Mosciatti no sólo son capaces de mantener la distancia adecuada con sus fuentes; tampoco aceptan que sus propios reporteros se anden tentando con actitudes “buena onda” al momento de informar. A una semana del terremoto y cuando un periodista de Bío Bío conversaba desde Concepción, en pleno toque de queda, con un señor X que estaba sacando bencina en un bidón, lo pararon en seco al constatar que el corresponsal no cuestionaba la conducta del entrevistado.

Sin desmerecer el trabajo de muchas otras radios, que también han desarrollado un trabajo de manera notable, y sin dejar de reconocer la esforzada labor de emisoras locales que son vocación pura, llama la atención la capacidad de Bío Bío para desplazarse y despachar desde casi todos los puntos afectados por la tragedia. Y basta que se nombren un pueblo o una caleta para que los Mosciatti agreguen un dato. Probablemente el ser oriundos de la región del epicentro los ayuda a tener más autoridad. Cuando hablan de una calle, uno supone que jugaron a la pelota en esas esquinas. Pero con eso no se construye lo que los Mosciatti han montado. Hay algo más, algo que tiene que ver con la pasión con que ejercen el periodismo, ese periodismo que sigue siendo, en palabras de García Márquez, el mejor oficio del mundo.

 

Por Andrea Vial*

*Periodista y directora de la escuela de periodismo de la Universidad Alberto Hurtado

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