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25.03.10

Pescadores artesanales después del tsunami: entre la cesantía y el temor a adentrarse en el mar

Categories: Caletas, Testimonios

 

Muchos perdieron sus botes o los motores y no pueden salir a trabajar. La situación es sumamente grave, ya que en esta época reúnen el dinero para vivir durante los meses de invierno. Anticipan una fuerte alza en el precio de la merluza para Semana Santa.
"Semana Santa es la fecha que esperamos todo el año... pero ahora estamos completamente perdidos".


Luis Recaval (45) tiene una mezcla de rabia y tristeza. Ha vivido siempre de la pesca en caleta Pelluhue, una de las zonas más golpeadas por el terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero. Las violentas olas que ingresaron a tierra firme se llevaron a sus padres y una hermana. También destruyeron su casa y el bote en el que salía a trabajar. "Acá, esto no se va a normalizar antes de seis meses", dice agobiado, mientras observa a su alrededor, donde hasta las estructuras de concreto que el año pasado se habían habilitado en la caleta pesquera -donde se guardaban redes y equipos de buceo- se vinieron abajo.

Esa es la dura realidad que enfrentan cientos de pescadores de la Séptima Región, que normalmente trabajan en las casi 400 embarcaciones de la zona. En las caletas de Pellines, Loanco, Pelluhue, Curanipe, La Pesca, Duao y Llico, la mayoría quedó de brazos cruzados, con botes dañados, sin redes ni motores para sus embarcaciones.

Proyectan que los mayores efectos se sentirán en el precio de la merluza, el "producto estrella" de la zona: según datos de la Subsecretaría de Pesca, sólo la Región del Maule aportó en 2009 cerca de 6.000 toneladas de merluza, equivalentes al 60% de las cuotas de extracción extendidas para la pesca artesanal de este producto.

Su destino, mayoritariamente, es el terminal pesquero de Santiago donde -a pesar del aporte industrial- seguramente habrá un reajuste en los precios de la merluza. En la zona, hoy sólo la extraen unas 25 lanchas frente a las costas de Constitución.

"Espérese no más: el precio se va a ir a las nubes. Antes del terremoto una caja de 30 kilos se vendía en $ 10.000. Cuando escasea, sube a $18.000. Con lo del tsunami, fácil va a llegar a los $ 30.000", auguran los pescadores.

"Con los temporales no se puede trabajar"

El problema tiene ribetes dramáticos, porque Semana Santa es la fecha del año en que los pescadores ahorran para los gastos de invierno.

"Con lo que se trabaja en esos días, se aseguran la plata para pagar matrículas de colegios, cuentas atrasadas y mercadería para los meses de invierno, cuando llegan los temporales y no se puede trabajar", dice Diego Beltrán (45), presidente de uno de los dos sindicatos de pescadores de Duao, en la costa norte de la Región del Maule.

"Igual vamos a trabajar con los botes que estén disponibles", adelanta, aunque estima que con los materiales que tienen en este minuto "no vamos a recaudar ni el 20% de la plata que hicimos el año pasado".

En esa caleta el apoyo del velerista Felipe Cubillos ha sido un pilar para que los pescadores vuelvan al mar, pues llegó a la zona con maestros que les enseñaron a los trabajadores de la caleta a reparar sus botes. También les donaron cuatro motores fuera de borda, que serán instalados en las embarcaciones que se vayan arreglando. Y las embarcaciones reparadas serán compartidas para salir a trabajar. Y vendrá más ayuda. Cubillos ha calculado que han arreglado más de 80 botes en las caletas de la VII Región.

Los que no tienen la suerte de haber recuperado su embarcación no se amilanan. En Pellines. Iván Recaval (41, no es pariente de su homólogo de Pelluhue) cuenta que "aquí hay dos botes operativos, de los 18 de la caleta, pero como sea yo voy a salir a trabajar. Acá hay un cabro que tiene motor: se lo vamos a poner a mi bote, que no quedó tan mal. Así hay que hacerlo. Hay que juntarse para salir a trabajar... porque la Semana Santa ya está encima".

"Si pescados hay..."

"Pescados hay y va a haber para Semana Santa... el problema es cómo sacarlos del mar", dice Enrique Ramírez, tripulante de un bote pesquero de Constitución.

El es uno de los pocos pescadores que ha logrado salir a trabajar desde la caleta a orillas del río Maule, hasta donde se trasladaron cerca de 25 embarcaciones (de 50) luego que el tsunami se llevara el puerto Maguilles, donde trabajaba.

Los trabajadores de las embarcaciones restantes no laboran porque su lancha se la llevó el mar. Otro tanto ("los menos", dice Ramírez) no lo hacen por miedo a que una réplica fuerte "los pille mar adentro". Por lo mismo, los que están operativos sólo pescan a pocas millas del borde costero.

"Los viejos están dejando de pescar reineta, que se da mar adentro", indica. "Para trabajarla hay que dormir en el mar, meterse 40 millas para adentro... y después de lo que pasó, no quieren dejar a sus familias solas", explica Ramírez. "Es que hay miedo", confirma Iván Muena (35).

"Lo que no se perdió, lo robaron"

A los problemas de los pescadores se suma la falta de redes e, incluso, de chalecos salvavidas reglamentarios.

"Los 'artes de pesca' (como llaman a estos implementos) se perdieron todos. Los que no, se los robaron", dicen los pescadores. En otras caletas, cerros de redes inutilizables se apilan frente a la playa, entre trozos de madera de lo que eran las casas de la zona.

"Así como estamos, no tenemos cómo pescar. No tenemos motores. Tenemos que trabajar arreglando nuestros botes, no más, y ver qué pasa", dice Ricardo Cancino (27), pescador de Loanco.

"Yo ni quiero pensar en Semana Santa... me angustia no poder salir", afirma Patricio Gutiérrez, presidente del Sindicato de Pescadores de Llico. Su bote fue devuelto por las olas, pero gravemente dañado y sin motor, como el de la mayoría de sus compañeros en la caleta. "Con la plata que iba a juntar, iba a pagar la universidad de mi hija, que estudia ingeniería... ahora, no sé qué va a pasar".


2.000 pescadores comprometidos

Cerca de 2.000 son los pescadores artesanales de la VII Región que resultaron afectados por el terremoto y tsunami ocurrido el 27 de febrero.

Así lo indican los resultados del catastro que han estado realizando confederaciones y Sernapesca.

El plan de ayuda del gobierno -se ha informado oficialmente- consiste en un fondo de $5.500 millones que se obtendrá de los recursos no asignados del Fondo de Administración Pesquera (FAP) y del Fondo de Fomento de la Pesca Artesanal (FFPA).

La idea es invertir las platas en reposición de botes, motores y otros elementos, proceso que se realizará en conjunto con Fosis, Sercotec y BancoEstado, los que forman parte del Comité Interinstitucional para la Pesca Artesanal, en el que participan, además, Sernapesca, Instituto de Fomento Pesquero, Dirección de Obras Portuarias y Dirección Marítima de la Armada de Chile.

 

 

FUENTE

http://www.lasegunda.com/ediciononline/cronica/detalle/index.asp?idnoticia=547189

 



 



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