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26.03.10

Terremoto, agenda pública y macroeconomía de la reconstrucción (2 textos de Oscar Landarretche)

Lo que quedaba como sector estratégico para la promesa del millón de empleos era la agroindustria, es decir la suma de la agricultura, pesca, acuicultura, silvicultura y de todo el sector industrial derivado (como los alimentos, la celulosa, los muebles, los alimentos y los vinos) que es el sector transable con más potencial de desarrollo productivo de nuestro país.
Ese era el espacio donde se jugaba, a mi juicio, el éxito del nuevo gobierno, y ese es el sector que quedó devastado con el terremoto.


Sobre la estrategia macroeconómica de la reconstrucción

Antes del terremoto la promesa económica central de la nueva administración era el millón de nuevos empleos. Por mucho que buscaran relativizarla a posteriori, era evidente que si no cumplían, enfrentarían costos políticos.


La minería no tiene un potencial generador de empleo a la escala necesaria, por ende, los sectores que cumplirían la promesa eran la construcción, los servicios y la agroindustria. La construcción se encontraba con un problema de excesos de stocks que tenían que gastarse y los servicios llevan años al tope.

 

Lo que quedaba como sector estratégico para la promesa del millón de empleos era la agroindustria, es decir la suma de la agricultura, pesca, acuicultura, silvicultura y de todo el sector industrial derivado (como los alimentos, la celulosa, los muebles, los alimentos y los vinos) que es el sector transable con más potencial de desarrollo productivo de nuestro país. Ese era el espacio donde se jugaba, a mi juicio, el éxito del nuevo gobierno, y ese es el sector que quedó devastado con el terremoto.


El tema central para hacer rendir a la agroindustria antes del terremoto era apuntalar su competitividad, la que llevaba varios años amenazada por varios flancos: regulaciones ambientales y laborales, aguas, acceso y costo del crédito, energía y, críticamente, el tipo de cambio. Mucho de la estrategia económica del nuevo gobierno estaba dirigida a enfrentar varios de estos temas. Sin embargo, era previsible que el precio del cobre siguiera poniendo presión revaluadora con cierta frecuencia, por lo que el tema cambiario sería central, a nuestro juicio, durante este gobierno. Es por esto que el tema de la austeridad fiscal surgió apenas se designó el gabinete económico.


La razón por la cual menos gasto fiscal genera mayor competitividad cambiaria es porque el gasto fiscal es intensivo en no transables y mano de obra, es decir, tiende a encarecer el trabajo. Restringir el gasto fiscal, en términos muy simples, le abarata la mano de obra al sector privado. Por eso no es demasiado sorprendente que la primera cosa que hizo el designado Ministro Larraín fue anunciar una política fiscal austera, imaginamos, tratando de generarse una reacción cambiaria especulativa favorable antes de asumir.


El terremoto generó la imperiosa necesidad de gastar para enfrentar la emergencia humanitaria y para impulsar la reconstrucción, tirando al tacho de la basura la estrategia cambiaria de la austeridad fiscal. Pero además, cualquier estrategia de reconstrucción que se elabore tiene que pensar en la competitividad de la agroindustria y, por ende, en el tipo de cambio. Este es un elemento central para recuperar la economía de las zonas más afectadas. Parte del trabajo lo haría el renovado dinamismo de la construcción, pero eso tiene límites de escala y temporales.


Es por esto que el problema de financiamiento de la reconstrucción es en forma muy central un problema cambiario y no realmente un problema de acceso a recursos. Chile tiene fondos soberanos y puede conseguir fácilmente más créditos en los mercados de crédito multilateral o de deuda soberana. El problema es que, curiosamente, esta abundancia de acceso a divisas no es tan útil por sus consecuencias sobre la competitividad agroindustrial.


Cualquier alternativa de financiamiento que involucre liquidar masivamente divisas en el mercado local (liquidar fondos soberanos o pedir créditos en el exterior) va a tener un potencial anti competitivo para la agroindustria y para las regiones a reconstruir. La alternativa de traer las divisas resultantes de estas estrategias, pasárselas al Central y pedirle pesos a cambio (lo que los economistas llamamos monetizar) es, de facto, una fijación del tipo de cambio lo que generaría problemas muy serios a futuro.


La alternativa de privatizar empresas Estatales o la posibilidad de subir el royalty, si uno las piensa con cuidado, tienen un potencial de atracción y generación de flujos de capitales que se monetizan o revalúan. En el caso de las privatizaciones se han sugerido condiciones de residencia a los compradores, pero incluso en estos casos hay que pensar con cuidado en como se hace (imaginemos un intermediario local que pide un crédito afuera para financiar la compra).


La emisión de deuda local genera presión al alza de las tasas de interés que no son oportunas, pero que podrían suavizarse si la deuda es larguita. La reasignación de partidas presupuestarias, creo, es más fácil de titular que de explicar y tiene un potencial disruptivo sobre la gestión pública que yo no recomendaría a una administración entrante.


Subir impuestos al tabaco y alcohol siempre suena bien, pero su potencial de recaudación es limitado. Subir los impuestos a las empresas es algo que probablemente debiéramos hacer en el mediano plazo, pero la oportunidad y la capacidad de insular a las regiones afectadas es cuestionable. Subir el IVA es profundizar la desigualdad y subir el impuesto a la renta es difícil para un gobierno de derecha.


Finalmente hay una alternativa que no se ha discutido tanto y es activar agresivamente una política de fomento productivo muy discrecional (usando CORFO y Banco del Estado). Esto tiene problemas, pero también la virtud de permitir compensar directamente a las empresas y regiones que se quiere ayudar frente a lo que venga en revaluaciones, impuestos y tasas de interés.


En Hacienda van a tener que inventar un mix entre un conjunto de alternativas imperfectas, con gran incertidumbre sobre las elasticidades involucradas. Mi sugerencia es no comprarse ninguna solución “mágica” y cuidarse de los entusiasmos ideológicos interesados.


Además que el mix de fuentes de financiamiento óptimo puede cambiar en el tiempo. Fijar el monto a financiar ya es un desafío. Fijar el mix óptimo para varios años es utópico. Recordemos, por lo demás, que aún hay incertidumbres flotando sobre la recuperación mundial y si algo fuerte pasa afuera, el mix óptimo cambia.


Lo que el gobierno necesita es recursos en pesos y no peleas políticas. Mi sugerencia es desideologizar completamente esta discusión legislativa. Partir con una declaración clara de que todas las medidas de financiamiento que se soliciten al parlamento serán transitorias y reversibles (eso descarta la privatización, por lo pronto), pero que la mezcla que sea de financiamiento esté sujeta a un monto total para varios años (llamémoslo Cuenta Macroeconómica de Reconstrucción), dejando al gobierno la flexibilidad de encontrar el mix óptimo para ahora, y de variarlo en el futuro próximo si es que se vuelve necesario.


Creo que un acto de buena fe de un lado (clarificar que no se van a intentar pasar reformas estructurales por medidas de emergencia) podría ser recibido por buena fe del otro (un monto total a financiar y un conjunto de herramientas discrecionales para ajustar en el tiempo). Ojala se pueda hacer un trato como este, la pelota está claramente en la cancha de las nuevas autoridades.

 

viernes 19 de marzo de 2010

FUENTE

 

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Sobre el terremoto, la economía y la agenda pública

Esta es una traducción de la nota especial sobre el terremoto que publicamos en Global Source el viernes de la semana pasada. Agradezco a Global Source por la posibilidad de compartir en términos públicos este reporte.


Un desastre mayor al que muestra CNN


Casi una semana atrás nuestro país fue devastado por un enorme terremoto. De acuerdo a los registros, este fue en magnitud, el quinto mas grande de la historia de la humanidad; hizo que disminuyera la rotación de la tierra por 1.26 millonésimas de segundo (hizo al mundo más oscuro) inclinando el planeta 8 cm.; en términos de energía liberada esto no ha terminado (la tierra bajo Santiago se mueve con las replicas mientras escribo, ayer el norte del país se sacudió con fuerza y hoy en la mañana tuvimos otras tres replicas sobre seis grados en Concepción), y la placa de Nazca se movió ocho metros bajo la placa sudamericana.


Pero esto no fue todo. Después del terremoto, la costa central sur de Chile fue golpeada por un tsunami que borro el puerto de Constitución y aplasto Talcahuano, que es el puerto de Concepción y la salida al comercio de la industria forestal. Las preciosas ciudades costeras de Pelluhue, Dichato, Iloca y otras fueron devastadas.


La cifra total de muertes todavía no es clara mientras el gobierno y las autoridades se enredan con la decisión de cómo contar a los desaparecidos, si como muertos o no (¿Quién no se enredaría?), pero está en el rango de 600, los lesionados son miles. Todos nuestros amigos en el exterior nos dicen que es muy pequeña la cifra para la magnitud de lo que paso, pero no se siente de esa manera. Todos nos dicen que la infraestructura del país resistió comparado a otros eventos que han ocurrido en el mundo e incluso en países desarrollados. Puede ser… pero encontramos poco consuelo en este pensamiento.


Pero esto no fue todo.


Después del terremoto vimos que la estructura social de nuestro país colapso por un día o algo más al aparecer hordas de vándalos saqueando e incendiando tiendas en casi todas las ciudades de la región afectada, mientras la policía esperaba instrucciones del gobierno (increíble pero cierto) antes de asegurar los supermercados, estaciones de bencina, farmacias y centros de comunicación.

 

La memoria de Chile de si mismo, del honor y la dignidad de la gente en la cara de los desastres y de la represión, fue destruida en dos días. El alcalde de Lota, una ciudad al sur de Concepción que fué el centro de la industria de carbón y luego el símbolo de la dignidad de la clase trabajadora, un hombre de izquierda dura, declaro por televisión que el daño moral de los saqueos masivos iba a tomar décadas en arreglarse. Fue muy difícil escuchar a ese hombre expresar su vergüenza de tener que admitir que estaría aliviado al tener a las fuerzas armadas controlando su ciudad. Un empresario de Talca no encontraba palabras para describir como vio a sus propios vecinos y colegas empresarios saquear su tienda con camionetas, el pobre hombre no lo podía creer.


Mientras estas hordas animales continuaban expandiendo sus acciones, saqueando e incendiando, las Fuerzas Armadas esperaban por instrucciones desde el gobierno para proteger a la población, y en eso el gobierno vacilo (ahora ambos están jugando a buscar culpables y hablando acerca de procedimientos).

 

La armada fallo en dar la alerta de tsunami. La oficina nacional de emergencias (ONEMI) colapso en un par de horas y descubrimos que las FFAA y los carabineros usan celulares para comunicarse (que no funcionaron por días por lo que Hilary Clinton nos presto algunos teléfonos satelitales); que las fuerzas armadas no tiene suficientes puentes mecano para cruzar todos nuestros ríos (somos un país largo y angosto) y que algunos de esos puentes no estaban ni cerca de los ríos; que el cable de respaldo de la fibra óptica va por el mismo tubo que el cable principal (para ahorrar dinero) y que, solo para dar un ejemplo, la municipalidad de Ñuñoa en Santiago inspecciono y aprobó cientos edificios por año en la última década con una muy limitada capacidad de inspección, y que toda la población asumía que esa inspección era un sello de garantía de la calidad de la construcción, pero no lo era.

 

El resultado es que miles de personas llevan años comprando vivienda sin información, ni certificación, lo que significa que vamos a tener que destruir un cantidad desconocida de ellos (muchos), mientras que todos los edificios construidos en los cincuentas, sesentas y setentas permanecen en buenas condiciones.


Ustedes afuera del país probablemente recuerdan cuan arrogantes hemos sido los chilenos con respecto a la competencia de nuestro gobierno comparados con el resto de América Latina. En general los chilenos asumíamos que nuestro gobierno y el Estado se comportaban relativamente bien, especialmente en este tipo de situaciones. Esa fe se perdió.


Las cicatrices de este terremoto van a ser humanas, fiscales, económicas, políticas y morales. La clase gobernante va a intentar recomponer las nociones básicas de nuestro país con eventos de solidaridad económica como la teletón y otras campañas. Nos vamos a abrazar y llorar en televisión, cosa que psicólogos de masas tendrán que explicarnos porqué es importante que se haga. La nueva administración del presidente Sebastián Piñera va a tratar de argumentar que las evidentes fallas del gobierno en gestión de crisis (que incluirá Transantiago, Chaitén y la Revolución Pinguina en su argumento) son de personas particulares asociadas a la administración saliente, mientras que un gobierno bien administrado es capaz de hacer las cosas mejor. El gobierno saliente va a culpar a las empresas constructoras y de telecomunicaciones, y probablemente en forma a lo menos implícita al Ejército y la Armada. Y las Fuerzas Armadas van a culpar al gobierno de no mandar el memo correcto que los exculpaba de sanciones disciplinarias en caso de parar disturbios masivos en una ciudad devastada (cosa que, por supuesto, no está en la descripción profesional de un oficial del Ejército de Chile). Solo observen y verán.


Pero lo triste es que en el fondo todos sabemos la verdad: nadie “necesita” un plasma 12 horas después del terremoto; es difícil argumentar que era el “hambre” lo que movía a esas hordas, nadie está hambriento 24 horas después de un terremoto en Chile (un de los mayore problemas que tenemos en sectores populares es la obesidad); y si puedes mantener la Chevrolet LUV que usaste para trasportar tus saqueos probablemente no tienes realmente tantas necesidades (tienes gasolina, por ejemplo). Sabemos que los jefes de policía que no aseguraron los supermercados y farmacias, no debieran necesitar una instrucción para hacerlo, no hablemos de un terremoto, sino en un apagón de cualquier tipo. Y todos sabemos que sean cuales hayan sido las fallas del gobierno de la Presidenta Bachelet, los oficiales del ejército no deberían necesitar de la Presidenta para saber que su estructura de comunicaciones estratégica no debe depender de los teléfonos celulares.


Puedes poner toda la gente que quieras llorando en televisión, pero nosotros, como un país vamos a tener que lidiar con esta dura realidad. No nos vamos a reconciliar con lo que ocurrió hasta que enfrentemos este tema.


Desde mi punto de vista la fuente profunda de todo esto es la misma que tiene el fenómeno de caída de la productividad total de factores en Chile: el sistema educativo ridículo que tenemos; y la ausencia del tema del capital humano, calidad humana, redes sociales y capital social de la agenda de políticas públicas.

 

Es lo que argumentamos en la campaña presidencial que justificaba un cambio en la estrategia de desarrollo y la estructura productiva de nuestro país. En mi opinión se puede invertir todo lo que se quiera, los edificios pueden ser relucientes y las autopistas “sexy”, pero este país no va a progresar si no enfrenta este problema. Podemos comprar todos los F16 que queramos y volarlos con pilotos al estilo “top gun”, pero el tener generales que no confíen en sus teléfonos celulares para artícular su estructura de mando no es algo que se pueda comprar en Lockheed Martin, no importa cuanto suba el precio del cobre.


Disculpen por dramatizar, pero tras las noticias esto es lo que estamos pensando y hablando muchos de nosotros, y esto es lo que esperamos que sea la agenda del país durante los próximos años. Si volvemos simplemente a reconstruir el cemento destruido y reponemos las casas arrasadas, no habremos lidiado con esta fundamental falencia del modelo de desarrollo social y productivo de nuestro país.


Economía: Ahora todo ha cambiado. ¿O no?


Aquellos que leen mis informes recordarán que antes del terremoto hemos estado argumentando que uno de los problemas macroeconómicos centrales que va a enfrentar el nuevo gobierno es la competividad del sector exportador lo que podría significar que el tipo de cambio vuelva a ser un tema público relativamente importante (como ha ocurrido con regularidad en los últimos años pero ahora con más intensidad).

 

Bajo mi punto de vista pre-telurico, esto resultaba de que el principal objetivo político de Piñera y que determinaría la factibilidad de la reelección de la centro-derecha en 4 años mas, era el cumplimiento de la promesa del millón de empleos.

 

Como sabemos, la minería no tiene capacidad de colaborar mucho en la creación de empleo (si algo, hay una tendencia de caída en cuan trabajo intensivo es ese sectore); por endo estos se generarían a través de los sectores de servicios, construcción y, críticamente, en el sector agroindustrial que ha estado sometido a problemas de competitividad por algún tiempo (de precios de la energía, escasez de agua, tipo de cambio, acceso a crédito, temas laborales y otros). De hecho, para mí esto explicaba la designación de dos técnicos macroeconomistas top de tinte (e historial de opiniones) relativamente más pragmático respecto del tipo de cambio que el monetarista promedio, al ministerio de Hacienda y al asiento vacante en el Banco Central.


¿Qué ocurrió con el terremoto en cuanto a la agenda macroeconómica del nuevo gobierno? El tema del millón de empleos no va más, por supuesto, aunque el Presidente Piñera diga que si, nadie se los va a cobrar con la misma fuerza que antes. La promesa de crecimiento de 6% para los cuatro años es posible, e incluso probable dados los multiplicadores envueltos en el proceso de rcosntrucción pero tampoco será vista como una meta obligatoria. Y ya vemos a un Banco Central, extremadamente cuidadoso en cuanto a sus señales, dando a entender que su cronograma de alzas de tasas se terminaría, de un modo u otro, empujando hacia delante en a lo menos un trimestre.


Pero el tema de la competitividad del sector agroindustrial que tiene su centro (en verdad se encuentra casi todo) en la mayor parte de la zona dañada, va a hacer que el tema cambiario vuelva al centro del debate en forma inevitable. ¿Por qué? Porque si queremos usar los fondos soberanos o la deuda internacional debes pensar en el efecto sobre el tipo de cambio y la competitividad de esa industria, y si se usa deuda local se debe pensar en el efecto sobre las tasas y el efecto sobre la construcción y las PYME (el famoso efecto “crowding out”). La sintonía fina de la mezcla de financiamiento del esfuerzo de reconstrucción es extremadamente difícil.


Inevitablemente el gobierno va a tener que gastar dólares y probablemente (al menos yo pienso que deberían) en vez de intervenir el tipo de cambio, comenzar a introducir garantías cambiarias significativas, recortes temporales de impuestos y subsidios directos al sector agroindustrial más afectado por el terremoto y bien focalizados en las zonas afectadas. De esa forma, el dinero que se gasta está más eficientemente enfocado en el lugar que se necesita.

 

En cambio si se empiezan a hacer intervenciones explicitas o implícitas del tipo de cambio lo que se va a terminar subsidiando es al el sector minero. Para decirlo en simple, en mi opinión, el esfuerzo de recuperación debe tener como protagonista a la CORFO y al Banco Estado más que al Banco Central. En fin, como sea que decidan jugar esta mezcla, es un desafío macroeconómico nuevo pero que no es tan diferente, finalmente del que tenían antes.


Siento un gran escepticismo de los catastros de costos involucrados que han sido revelados por políticos, agencias de gobierno y por centros de estudio, noto demasiado entusiasmo por generar titulares con números. En mi opinión esto debe hacerse con más cuidado, en particular porque lo único que importa no es el número total sino cual es una distribución más o menos razonable en el tiempo de esos gastos en un plazo que con seguridad excede los cuatro a cinco años.

 

Además, es cierto que (por dar un ejemplo) las fotografías de lo que le paso a la industria del vino son espantosas, pero es importante recordar que la principal fuente de valor de un recurso natural es el recurso natural mismo y el conocimiento de cómo explotarlo, que sigue estando allí. Yo preferiría que todos fuéramos un poco más cuidadosos y conservadores a la hora de dar números.


Por otro lado, no es necesario decir que este país ha perdido mucho en el terremoto y cuando el número final se sepa y sea asombroso, será grande. Pero por favor no se vuelvan locos. Tengan en mente tres cosas:


Primero, Chile no tiene prácticamente un problema de deuda previa al terremoto. Podemos gastar un poco y nos podemos endeudar en bastante más. Chile va a pedir prestado y va a pagar, ustedes lo saben, y también lo saben los bancos internacionales.


Segundo, tal como decíamos más arriba, el gasto total va a ser distribuido en muchos años. La razón es técnica, no se puede reconstruir el ultimo puente sin haber construido los anteriores, y la evaluación y adjudicación de proyectos toma tiempo, especialmente porque vamos a estar en un país particularmente obsesionado con la seguridad de construcción (espero). Después de todo, un terremoto comparativamente minúsculo que tuvimos en el norte de Chile el 2007 que destruyo la pequeña ciudad de Tocopilla tomo dos o tres años de trabajo públicos para y Tocopilla tiene 25,000 habitantes en el medio del desierto. Este terremoto afecto a cerca del 80% de nuestra población y devasto la infraestructura de cerca de un tercio de nuestros ciudadanos. Esto va a tomar tiempo y el costo debe presupuestarse para al menos cinco años (si es que).


Tercero, lo que sea que pidamos prestado para reconstruir tiene garantizada productividad porque esto reemplaza infraestructura que antes ya estaba produciendo altos retornos en valor de los ingresos de negocios intensivos en recursos naturales. Aquí hay algunas preguntas sobre como se van a comportar estas inversiones reemplazadas, pero estas tienen muy bajo riesgo, por lo que debieran andar bastante rápido a mi juicio.


Entonces, para terminar: mi predicción pre-telurica era que el crecimiento iba a ser un poco más alto este año (cerca de 5.0%, incluso mas) por los altos estímulos monetarios y fiscales en el sistema, así como consecuencia de la promesa del millón de empleos del nuevo gobierno que les incentivaría a ser expansivos en términos macroeconómicos, sobre todo en políticas de oferta. También pensaba que la inflación iba a tener una sobrerreacción un rato sobre el rango objetivo que el Banco Central estaba manteniendo, pero con predicciones y expectativas bien ancladas en los rangos meta. Esto iba a pasar el segundo semestre, tercer trimestre, en algún momento por ahí.


¿Qué pienso ahora? (y por favor tengan en mente lo que dije acerca de lo cuestionable de hacer predicciones en estos días). Pienso que el estimulo fiscal para el reemplazo de infraestructura va a tomar tiempo en empezar (meses) pero va a estar en forma vigorosa hacia la segunda mitad del segundo semestre.

 

Pero debemos sustraer al menos un trimestre que no habrá casi agregación de valor de una región que produce entre 15-20 por ciento del PIB y afecta significativamente los negocios en Santiago y Valparaíso. Vamos a tener un costo en crecimiento este año, sin dudas, pero puede que se limite a solo 100 puntos base si hacemos las cosas bien y rápido. Dada la configuración política del parlamento esto depende críticamente de que el nuevo gobierno no trate de pasar demasiados gatos por liebres ideológicos en sus proyectos de reconstrucción.


¿Qué pasará con el Banco Central? Creo que va a continuar por un tiempo dando señales pausadas de que el cronograma de alza de tasas se empuja más adelante. Aquí va a jugar un rol muy importante la CORFO a mi juicio, mientras más política de desarrollo y recuperación directa se haga, más libertad tendrá el Banco Central. Veremos que mezcla se escoge.


Esperanza


Quiero agradecer públicamente a todos los suscriptores por sus preguntas acerca de nuestra situación y su apoyo a través de correos y llamadas. Luego de un par de días sin internet, su inundación de e-mails fue tranquilizante y vigorizante.


Todos en el equipo de Global Source Chile sabemos que vamos a superar los desafíos de la naturaleza como siempre lo hemos hecho. Este país se va a reconstruir y crecer, y esta terrible tragedia nos va a remecer de nuestra pasividad hacia esos profundos defectos que se nos han revelado en esta crisis, para que continuemos avanzando, no solo en nuestras capacidades de reacción en emergencias, sino que también en nuestro potencial de desarrollo económico y social.

 

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