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27.03.10

Chile a un mes del terremoto y tsunami del 27-2

Categories: Testimonios

¿Cuánto se han recuperado las comunas más devastadas? Entre poquito y nada
Falta de agua, desempleo y escasez de viviendas son los mayores problemas

 



 

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En TALCAHUANO piensan que “la reconstrucción tardará 10 años”

“La ciudad entera se cayó... y todavía están colapsados todos nuestros accesos, la industria pesquera y el comercio está en el piso, no hay agua y la gente no tiene techo”.

Así resume el alcalde de Talcahuano (VII Región), Gastón Saavedra, el estado actual de una de las ciudades más importantes en términos económicos de la región del Bío Bío.

Las autopistas, las rutas interportuarias, la costanera y las cuatro vías de acceso a la ciudad deben ser reconstruidas completamente, el Puerto de San Vicente (tercero en importancia tras San Antonio y Valparaíso) paralizó su actividad por los daños que sufrió, Asmar tampoco está operando y Cementos Bío Bío tiene dificultades para producir.

“Todas las industrias están en la misma, incluso las químicas y la celulosa. El sistema pesquero artesanal e industrial está en el suelo. El sistema industrial está completamente destrozado, el comercio no sólo sufrió el terremoto sino también el saqueo. Esto podrá normalizarse entre 6 meses y 2 años. ¿La reconstrucción? No antes de 10 años ”, advierte el alcalde.

Pero lo que más les urge es que —dice el alcalde— aún tienen 90 mil personas sin agua potable (La empresa habla de 8.712 clientes sin servicio y prometió que este fin de semana la mayor parte recibirá nuevamente el líquido): “Aquí lo efectos sanitarios son impredecibles. Seremos foco de tifus, hepatitis... Tenemos que demoler uno de los cuatro consultorios, pero en el resto no podemos atender como corresponde porque no hay agua. Es un colapso entero la ciudad”, enfatiza el alcalde.

Lo otro en que flaquean es cómo garantizar un techo para los más de 106 mil damnificados, de los cuales 3.500 están en campamentos y albergues. “No han llegado viviendas de emergencias, sólo carpas... debemos tener instaladas unas 1.500 y no nos sirve que la gente esté en carpas”.

Y aunque no tiene un catastro definitivo, cuenta que deben demoler 22 edificios (7 colegios y el municipio, entre otros), reconstruir 6.500 viviendas y reparar otras 15 mil.

“Pero el principal efecto de todo esto será el desempleo”, anuncia.

“La falta de liquidez golpeará al comercio y no habrá recursos para echar a andar las pymes. La capacidad de pago se verá resentida, la gente no podrá saldar sus deudas y mantener los estudios de sus hijos”, alerta.

Y confiesa que incluso el municipio podría entrar en este espiral ya que gastó los recursos frescos que tenía en comprar camiones, retroexcavadoras y maquinaria para comenzar el despeje de la ciudad.

—¿Cuánto desempleo proyecta?

—Uff, teníamos un 13,4% que va aumentar brutalmente.

—¿Y cuánto cuesta reconstruir la ciudad?

—No menos de $226 mil millones. n


¿Cuánto se han recuperado las comunas más devastadas? Entre poquito y nada
Falta de agua, desempleo y escasez de viviendas son los mayores problemas

 

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En ARAUCO 800 personas no se atreven a bajar de los cerros

“El colapso es sustancial porque seguimos con problemas muy básicos”, cuenta el alcalde de la comuna de Arauco (VIII Región), Mauricio Alarcón , que tiene 44 mil habitantes.

Recién esta semana comenzó a recibir en forma parcial agua potable: “No debe ser más de un 30% en toda la comuna y un 20% en el área urbana. Todo el resto hay que surtirlos con camiones aljibes”.

En vivienda es lapidario : “Estamos a fojas cero porque hay mucha improvisación”.

Asegura que nunca le llegaron carpas de campaña de buena calidad, “considerando que en nuestra zona el viento y la lluvia arrecian” y dice que lo primero que llegó fueron carpas tipo iglú para dos personas, “pero si uno medía más de 1.60 metro, te quedabas con las piernas afuera... parece chiste, pero era cruel”.

Recién el martes recibieron 290 carpas de 6 m{+2} que resisten agua y lluvia; pero de mediaguas, “hasta ahora no hemos recibido ninguna calendarización ni sabemos si existe alguna programación respecto de soluciones de emergencia dentro de la comuna”.

—Usted rechazó viviendas de emergencia de Un Techo para Chile...

—Eran 20 soluciones que venían para Llico y nunca ingresaron a la comuna de Arauco. Cuando la gente de Llico tuvo conocimiento cómo eran, no estaban de acuerdo porque querían que las revistieran por dentro, porque es zona de lluvia y viento. Ellos saben que allí tendrán que vivir un año y medio o dos años... era tener algo digno.

Y aunque en la comuna hay centros habilitados como albergues, “muchos no los ocupan por temor a bajar a la parte plana de la ciudad. Aún tenemos más de 800 personas que desde el terremoto no han bajado de los cerros porque no se atreven”.

Y advierte: “Se nos viene una crisis estructural” por desempleo.

La comuna tiene 11 km de costa y quienes se dedicaban a la pesca, perdieron todo su material de trabajo.

A ello se suman los saqueos en los tres supermercados que había, panaderías, locales de ropa, electrodomésticos y un expendio de harina. “Dos supermercados no volverán a abrir y el tercero lo hará en varios meses más. Hoy apenas el 20% del comercio está funcionando y las forestales no operarán antes de 6 meses”.

—¿Cuántos cesantes proyecta?

—El impacto será fuertísimo... 8 mil personas afectadas.

De iniciar clases, ni hablar. “No sabemos cuándo partiremos. Tenemos 10 mil alumnos de básica y preescolar sin actividad”, dijo.

Y los servicios públicos funcionan como pueden. De hecho, muy pronto tendrán que demoler la municipalidad porque existe peligro de derrumbe y están en el suelo la iglesia, cuatro jardines infantiles y una serie de escuelas.

Los caminos no están mejor. La Ruta 160 (que les conecta con Concepción) está inutilizada, por lo que quedaron 7 días incomunicados. Además, las vías rurales de la provincia sufrieron severos daños y en el acceso al borde costero se cayeron dos puentes: “Para llegar tenemos que transitar por caminos muy estrechos y peligrosos, en estos días ya ha habido cuatro choques”, asegura el alcalde



TALCA: La mitad de los empleados del comercio fueron despedidos

Quince mil viviendas afectadas y de ésas, cuatro mil completamente en el suelo. Y sólo 160 mediaguas en pie para acoger a los damnificados...

Esas son las duras cifras que entrega el alcalde de Talca, Juan Castro, a casi un mes del terremoto. El tema se complica más cuando agrega que “Talca es una ciudad de servicios y el comercio es una de las actividades más golpeadas, más perjudicadas. Se cayó el centro, donde está la mayoría de las tiendas... Hoy está funcionando sólo la mitad ”, indica. Por lo mismo, asegura, “la mitad de los trabajadores han sido desvinculados de las tiendas”.

Para el alcalde la principal piedra de toque ha sido la falta de recursos para enfrentar la emergencia. “Tras el terremoto, lo primero que hicimos fue mandar a hacer mil mediaguas (que se suman a las que entregaría Un Techo para Chile) y limpiar la ciudad de escombros. El subsecretario de Desarrollo Regional del gobierno anterior nos dijo que gastáramos no más, que se nos iba a devolver la plata”, explica Castro.

Entonces contrató retroexcavadoras y alimentos para los damnificados. Comprometió cerca de $ 1.600 millones. “Y hoy estoy muy preocupado porque los recursos no llegan y no podemos pagar los compromisos que adquirimos (...) De todos los recursos que nos dijo el subsecretario saliente, el martes me llegó un oficio de que nos iban a depositar 40 millones. ¡No me alcanza ni para el petróleo de las máquinas!”.

Aunque los servicios básicos (agua y luz) están prácticamente restituidos, hay 60 mil personas con daños en sus viviendas . De ellas, sólo 149 viven en albergues. Del resto, la gran mayoría se mantiene en carpas, dentro de sus terrenos. “Menos mal que aún no llueve”, dice el alcalde.

La situación escolar es un poco más auspiciosa: de 49 colegios, cinco quedaron en ruinas, por lo que esperan acomodar a esos escolares en colegios con doble jornada y partir con las clases —para la enseñanza municipalizada— el próximo 5 de abril. n



En CAUQUENES tienen 8.260 casas en el suelo... y no ha llegado ni una mediagua

Mover miles de toneladas de escombros y la falta de miles de mediaguas son las dos preocupaciones más urgentes que tiene el alcalde de Cauquenes, Juan Carlos Muñoz.

“No nos ha llegado ni una sola mediagua, que necesitamos al menos 3.000 para salvar la emergencia, y ni un saco de dormir, ni uno... Todo lo que hemos logrado ha sido gracias a fondos municipales, a privados, a lo amigo.... Así logramos entregar diez mediaguas”, asegura.

En la ciudad hay 8.260 casas en el suelo y 36 mil damnificados “que están en diversos recintos con nylon o bien en carpitas que han hecho ellos mismos”.

Dice que hasta la fecha hay 200 mil toneladas de escombros en toda la comuna “porque la ciudad entera está en suelo... si todo era de adobe. Calle por la que usted ande, está llena de escombros y no tenemos maquinaria suficiente para mover esa cantidad. Ya hemos sacado 100 mil, porque tenemos donde acopiarlos, pero no damos abasto para moverlos”.

El otro punto débil en la comuna, donde ya están restablecida la mayor parte de los servicios básicos, es el puente Cauquenes, que divide la zona urbana con la rural.

“En el otro lado (rural) viven 16 mil personas y el puente está quebrado. No se puede transitar por ahí y el camino más cerca para llegar allá está a 36 kilómetros”, dice.

Cuenta que como alternativa, mientras las autoridades de Obras Públicas deciden qué hacer con el puente, “creamos un camino por abajo, que es pasar casi por el lecho del río... pero lloviendo un poco se nos acaba la alternativa no más y eso sí que es un problema grave”. n




En CONCEPCION “no hay ni ropa escolar para que los niños entren a clases”

“Necesitamos 4 mil mediaguas y hasta hoy (jueves) como comuna no ha llegado ninguna. Tengo entendido que al parecer llegaron 250 a la región, pero nosotros cero. Estamos desesperados porque se vienen las lluvias”.

Así lo asegura la alcaldesa (s) de Concepción, María Cecilia Jaque, quien detalla que tras el terremoto evacuaron a las familias desde 3.500 departamentos y 2.300 casas que presentaban daños estructurales.

“El mayor problema en seguridad urbana es que hay 7 edificios que tenemos que demoler porque están en serio riesgo de desplomarse y otros 60 están deshabitados para ver si se pueden reparar... Tenemos un problema serio”, admite tras detallar que calcula en 16 mil las personas que tuvieron que dejar sus viviendas y que están —la mayoría— en casa de familiares y amigos. “Ellos van a aguantar dos o tres meses, pero ¿después? Es un problema serio que se nos viene”, pregunta Y aunque en casi toda la ciudad ya hay agua potable, pero con muchos cortes esporádicos para arreglar las matrices dañadas, el problema ahora es que no hay gas de cañería.

Por ello, la gente está usando parrillas y hasta braseros para cocinar . “Y en los departamentos la gente ha cambiado sus instalaciones a balones de gas, lo que es tremendamente peligroso, pero no les podemos restringir. Y lo peor es que no sabemos cuándo habrá gas de cañería nuevamente”, dice.

El comercio está en el suelo. Gran parte de los locales antiguos terminaron en el piso, otros están por caerse y la mayoría de lo que quedó en pie fue saqueada. “No tenían seguros y apenas un 30% del comercio está funcionando... Por ejemplo, no hay donde comprar ropa escolar ahora que los niños están entrando a clases, no están funcionando todos los supermercados ni todas las sucursales bancarias”, dice.

Un gran punto de temor de los penquistas, admite la alcaldesa (s), es cruzar el puente Llacolén, que los conecta con San Pedro de La Paz, ya que está con mecanos en ambos extremos. “La gente tiene miedo a transitar por ahí, así que se evita venir a Concepción o salir de la ciudad. Mucha gente tiene a sus hijos en colegios grandes que están en San Pedro y simplemente los cambió porque no quieren arriesgarse a que lo crucen dos veces al día”.n


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El “eterno” marzo de la familia Bello Garrido: Lo perdieron todo y hoy se levantan “lento... pero inseguro”


María vio pasar a una mujer usando un chaleco que era suyo.

Iba bajando del cerro, desde la carpa en la que ahora duerme hacia el terreno en donde tenía su casa, cuando se cruzó con otra pobladora de Dichato: “Llevaba puesta una chomba mía, que yo había perdido el día del maremoto junto a todas mis pertenencias… seguramente se la encontró entre los escombros”, cuenta.

Interrumpida por un ahogado llanto, sentada al sol, María Garrido (36) hace memoria: “Apenas habían pasado dos días desde el desastre y verla a ella, vestida con mi ropa, fue como un bofetada. Ese momento me quedará grabado para siempre. Me marcó. Me sentí miserable… quizás ella se encontró la prenda y la usa sin mala intención. A lo mejor yo habría hecho lo mismo. Pero esa imagen fue macabra: me di cuenta de que mi vida se había ido a la mierda, que mi pasado estaba desparramado por el pueblo, perdido, mojado, destruido. Me quise morir”.

Pero hoy, cuando ya han pasado casi 30 días desde aquel macabro 27 de febrero, María siente que, al menos, ya recuperó lo más valioso que se llevó el mar: la esperanza, la fe en que le será posible salir adelante.

Con la idea de ponerle rostro a la forma (y velocidad) en la que el país se levanta, “La Segunda” pasó un día con la familia de María. Junto a su marido Orlando y sus hijos Giovanni (9) y Camila (7), esta jefa de hogar repasó detalladamente lo que han sido estos “eternos” días post-terremoto y la ayuda “por goteo” que le permite subsistir durante el marzo “más negro” de su vida.
El ajustado presupuesto familiar y los $3 millones en la cartera…

María se casó con Orlando en 2004…él es 30 años mayor que ella. El había enviudado y, tras siete primaveras de pololeo, decidieron formalizar la relación y vivir juntos en la casa que tenía en calle Jorge Montt 508, junto al almacén de provisiones que administraba.

De la casa azul de 270 metros cuadrados que tenían no quedó nada, “ni un solo fierro parado”, dicen. Y del local, lo mismo: “No rescatamos ni siquiera un tarro de conservas”.

Orlando padece diabetes y en 2005 fue operado del corazón, por un preinfarto que lo dejó internado varias semanas en el Hospital de Concepción. Desde entonces es María la que saca adelante a la familia. Ella es quien trabaja —mensualmente reunían unos $250 mil—, quien iba a dejar a los niños al colegio… quien calculaba el presupuesto familiar (al que le sumaban la pensión de $120 mil que recibe Orlando).

“Vivíamos al justo”, asegura la mujer, aunque reconoce que parte del dinero lo ahorraban para concretar el sueño de “ampliar y reforzar la casa”. Cinco días antes del terremoto, de hecho, habían pactado un crédito por $900 mil para esos menesteres, el que se descuenta por planilla a la jubilación de Orlando.

En su cartera —en la “mayor torpeza” de su vida— guardaba también $3 millones en efectivo, como parte de un “ahorro paralelo” que conseguía con el arriendo de la casa durante cada verano.

Nada de eso queda ahora. Con un tonel plástico y dos escobillas, María montó una improvisada lavandería con la que reúne unos $7.000 semanales: “Con eso compro detergente, shampoo, algo de pan y café en sobrecitos”. La pensión del Orlando, en abril, será de sólo $40 mil. Afortunadamente, dice la mujer, “puedo pecharle a mi papá… yo le colaboro con lo que puedo y él nos ayuda con la alimentación”.

La primera semana subsistieron “a punta de pan amasado y té”.

Los Bello Garrido pasan los días en una carpa que mal supieron levantar en la ladera de un cerro. “La municipalidad de Tomé, con lo despelotados que han sido en la repartija de ayuda, nos pasó esta tienda de campaña, pero sin los palos de la estructura… así que tuvimos que ponerle soportes de tablas”, reclama María.
“Me colgué del cogote de la Primera Dama”

Así y todo, sostiene, está“agradecida (…) A caballo regalado no se le miran los dientes. Pero igual considero injusta la forma en que se han distribuido las cosas. Hay familias a las que le llega el triple”.

—¿Qué han recibido ustedes durante este primer mes?

—La carpa, dos colchonetas, una frazada y una caja de alimentos del gobierno que traía una leche, un paquete de tallarines con salsa, una bolsa de sal, un pedazo de carne enlatada y una botella de agua… ¡Ah! Y una Coca-Cola que nos regaló un vecino buena onda.

—¿Y qué necesitan con mayor urgencia?

—Eso necesitamos: urgencia. Porque las autoridades se llenan la boca con esa palabra, pero como digo yo la ayuda llega “lenta pero insegura”. Las cosas llegan por goteo y sin ninguna lógica… y cuando nos dicen que nos van a traer algo, siempre terminan diciendo que “no es seguro-seguro” que así sea.

Y si antes soñaban con ampliar su casa, hoy los Bello Garrido esperan con ansias la posibilidad de conseguir una mediagua: “Sería mucho más digno. Ojalá podamos cambiarnos antes de que empiecen las lluvias”, espera María.

Pocos días después del terremoto, durante la visita a Dichato que hizo el entonces Presidente electo Sebastián Piñera, María “a punta de codazos” logró ponerse en primera fila entre la muchedumbre que esperaba el helicóptero. “Cuando se acercaron, le pasé a mi hija en brazos al Hinzpeter (actual ministro del Interior), y me colgué del cogote de la Primera Dama porque pensé que ella me entendería mejor”.

¿Qué le dijo Cecilia Morel? “Que yo iba a lograr salir adelante, porque se me notaba en las manos que era una mujer trabajadora”, recuerda.
Esperan una escuelita “como la del Zafrada”

La entrevista con “La Segunda” es interrumpida por Gloria Mora, la profesora de 4º básico que este año enseñará a Giovanni en la escuela E-427 de Dichato. Viene a ver a los niños de la población, para regalarles caramelos… y malas noticias: las clases no se reanudarán “hasta que llegue una escuela modular como la del Zafrada en Iloca”. Y eso, estima ella, no sucederá“hasta como en dos semanas más”.

Si bien el liceo quedó en buenas condiciones tras el tsunami, “los servicios básicos todavía están cortados” y “los niños todavía tienen miedo de regresar al edificio, porque queda muy cerca de la playa”, cuenta la maestra.

“Yo tengo ganas de volver a mi sala. Hay compañeros de los que no he sabido nada. Me dijeron que todos están vivos, pero es distinto poder verlos”, dice Giovanni. Camila, en tanto, abraza a “Regalón”—su peluche blanco— y le pregunta a Gloria por su profesora de dibujo.
“Acá no hay atención” de salud

Capítulo aparte es el tema de la salud. Los Bello Garrido, “afortunadamente”, no han tenido necesidades en ese sentido: “A Orlando, sin embargo, lo trasladaron a Santiago, durante los primeros días, para que estuviera tranquilo. Unos familiares se lo llevaron para que descansara”.

En caso de alguna urgencia, quienes permanecen viviendo en Dichato deben acudir a los militares que resguardan el balneario para ser trasladados a Tomé o Concepción.

“Acá no hay atención”, sostiene María.

En los 14 campamentos de campaña instalados en la zona abundan los resfríos y las enfermedades respiratorias. Son médicos extranjeros los que, de modo voluntario, recorren a diario las carpas para repartir medicamentos y evaluar los casos más complejos.
“Me cuesta quedarme dormida. Sueño que mis hijos se ahogan”

Durante las noches María suele tener pesadillas. “Me cuesta quedarme dormida. Sueño que mis hijos se ahogan. Las madrugadas son largas, parece como si nunca fuese a amanecer… pero tengo fe en Dios. Yo creo que El no nos envió la desgracia, solamente la permitió para que volvamos a su lado, para que nos diéramos cuenta de que lo más necesario no es tener una tele o tomarnos un copete, sino que permanecer unidos como familia”.

“Al ritmo en que van las cosas —estima la mujer— pienso que en un año más recién estaremos en una casita más definitiva”, en el terreno que hoy luce pelado , junto a la cancha de fútbol que funciona como centro de acopio de escombros.

El “remezón”, incluso, les ha hecho pensar a los Bello en el futuro a largo plazo: “Queremos dejar por escrito que la propiedad quede a nombre de nuestros hijos, para cuando nosotros faltemos. Ojalá que cuando sean grandes ellos hayan podido olvidar todo esto y vivir en Dichato tranquilos”.

—¿Cuándo cree que el pueblo volverá a la completa normalidad?

—¿En tres años? O cinco… no sé.n

Al ritmo en que van las cosas pienso que en un año más recién estaremos en una casita más definitiva

(María Garrido)


Giovanni (9): “Si no es mucho pedir… que venga Zamorano, porfa”

Durante la visita al terreno en donde estaba su casa, Giovanni toma la palabra para hacer sus propias solicitudes. María lo reta por “pelusón” y pedir “puras cabezas de pescado”.

El niño cuenta que su sueño es conocer a Iván Zamorano: “Si no es mucho pedir, que venga el ‘BamBam’, porfa”.

—¿Y para qué quieres conocerlo?

—Yo organizo una pichanga con mis amigos y podemos cobrar entradas para juntar plata para las familias afectadas.

Claudia (7) no está de acuerdo: “Mejor que venga la Tonka (Tomicic). Es más bonita”.

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“Bono marzo” lo gastarán en “agilizar” una mediagua y hacer papas fritas

Los $40 mil aprobados para el bono marzo serán una “buena ayuda” para seguir levantándose, aseguran. “El año pasado me tocó la bonificación que entregó la Presidenta Bachelet y me pude dar el lujo de gastarlo en ropita para los niños, en los uniformes y algunos útiles escolares”, dice la “dueña de carpa”, tal como se define ahora María, bromeando.

El lunes viajará a Tomé para averiguar cómo se realizará la distribución del dinero que prometió Piñera: “Si con esa platita puedo agilizar los trámites para una mediagua, la voy a gastar en eso. Porque a estos sectores todavía no llega ninguna. Y si no… comida. Quiero comprar aceite para hacerles papas fritas a mis cabros”.

El resto lo destinará en papel higiénico, pasta de dientes (los cuatro comparten una sola escobilla), y “una parka para cuando nos toque salir con lluvia”.

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Constructores y sismólogos sacan lecciones de la tragedia



SISMOLOGIA: Avances para anticipar terremotos y dónde será el mayor daño

Aunque los científicos aseguran que “es muy pronto” para saber qué datos entregará este terremoto para el desarrollo de la sismología, entre sus preocupaciones destacan investigar cuánto se desplazaron las ciudades tras el sismo (Constitución está 4,7 metros más cerca del Pacífico) y determinar zonas de riesgo para futuros terremotos.

El sismólogo de la Universidad de Chile Sergio Barrientos explica que “tras el sismo podremos aprender cómo se inicia el proceso de ruptura (de la corteza terrestre)”, y cómo se deforma el terreno tras un megasismo. Esos datos “dicen mucho sobre la ubicación del próximo ciclo sísmico. Qué pasará en 100 años en esa región ”. No confundirse, porque no implica que se esté cerca de llegar a una metodología que permita pronosticar la fecha de los terremotos.

—Pero se están recopilando nuevos datos...

—Que seguro van a servir para una mejor comprensión del fenómeno. En un tiempo (100 años), con estos datos se podrá decir: estas son las partes donde espero que ocurra un terremoto en los próximos años. Dónde se generará un mayor desplazamiento y probablemente dónde se generará un mayor daño... También dónde puede darse un tsunami.

Incluso, afirman, se podría determinar cuántas réplicas se deben esperar tras un sismo similar.

Otro tema en estudio es cómo se comporta, ante el mismo evento, el suelo de ciudades distintas.

“Tenemos instrumentos en las cuencas donde están las ciudades más importantes. Si están en suelos poco compactados, la amplitud de la onda será mayor y mayores serán, también, los daños”, dijo. Con esos datos se pueden establecer zonas donde las construcciones deberán reforzarse para enfrentar un sismo. “Además, veremos cómo se generó el tsunami... entender por qué la falla se movió más en un lugar que en otro es importante para saber por qué se inundó un terreno más que otro”.

Para el sismólogo Raúl Madariaga, de la Escuela Normal Superior de Francia , “los datos obtenidos en este terremoto servirán para el diseño sísmico en todas las zonas de subducción (donde una plaza se desliza bajo la otra) del mundo”. Con esta información, dice el experto, “hay que tomar medidas preventivas mucho antes de que se produzca el terremoto”.

Rafael Riddell, de Ingeniería Estructural y Geotécnica de la UC , resume: “Tenemos una mayor necesidad de soporte del Estado en la sismología e ingeniería sísmica, aportando fondos en investigación y desarrollo”.n



EDIFICIOS: Ojo con la fiscalización de obras y las terminaciones

Tras el fuertísimo terremoto del 27/2, a los expertos en construcción no les quedan dudas sobre cuáles son las mayores lecciones y los cambios que se deben realizar en el rubro de las edificaciones en Chile: Hay que regular el tema de las terminaciones, aumentar la fiscalización en las obras e instaurar un mecanismo riguroso de certificación de controles de calidad.

El presidente de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales (AICE), Alfonso Larraín, reconoce que hay tareas pendientes, y admite que la “lección más importante es que, tras las enormes aceleraciones provocadas por el sismo, debemos preocuparnos más de los elementos estructurales, en general. La revisión constante es muy poca”.

A su juicio, este problema podría ser subsanado creando una “Inspección Técnica Estructural, que puede ser gubernamental o de privados”.

“Hay inspecciones técnicas deficientes”

El vicepresidente del Colegio de Arquitectos, Luis Eduardo Brescianni, opina que el violento sismo deja como enseñanza que “hay puntos por mejorar, puesto que, más allá de que el sistema de estructuras antisísmicas se comportó bastante bien, falta regular el tema de las terminaciones, relacionadas con tabiquerías y cielos... El aeropuerto de Santiago es un ejemplo de esto, porque su estructura soportó de buena manera, pero los cielos se cayeron casi por completo”.

Brescianni agrega: “Hay inspecciones técnicas muy deficientes. Las ITO (Inspección Técnica de Obras, supervisan a las consultoras que contratan las empresas constructoras) deben velar porque todo se construya en base a las especificaciones y cálculos que exige la norma, pero la fiscalización en este sentido no ha operado bien. Por eso hay que buscar mejores mecanismos de certificación de las obras, que den garantías de que los responsables asumirán sus responsabilidades”.

Marcial Baeza, presidente de la Asociación Chilena de Sismología e Ingeniería Antisísmica (Achisina), concuerda: “Hay muchas cosas que corregir todavía, entre ellas (establecer) una mayor fiscalización de organizaciones independientes en la construcción de las obras. He visto muchas empresas que se preocupan, pero hay algunas que se preocupan menos. Debiese existir un mecanismo que obligue a certificar que se ha cumplido con un determinado nivel de controles”.

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“Las construcciones de adobe no pueden seguir existiendo”

“Lo que pasó con las construcciones de adobe es muy penoso: barrios completos —con una característica de paisaje urbano importante— se han caído. Las construcciones de adobe no pueden seguir existiendo como estaban hasta ahora”, afirma el urbanista.

—¿Qué cambios debieran tener?

—Deben tener cadenas, como el concreto... Las casas dañadas deben reconstruirse manteniendo la condición, eso sí, que tenían antes del terremoto.

Dice que conversó con la ministra de Vivienda, Magdalena Matte, la idea de un subsidio que se entregue a quien reconstruya “manteniendo las líneas arquitectónicas”, pero de forma correcta. “Podría otorgarse este dinero sujeto a un plan de reconstrucción avalado, por ejemplo, por universidades”, explica.

—Con esas fiscalizaciones, ¿la reconstrucción no se hace más lenta?

—Sí, pero de otro modo el peligro es que por el apuro las cosas se hagan mal.

—¿Se murió el Chile de adobe?

—Sí, creo que murió.


FUENTE
LA SEGUNDA 26/03/2010

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