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27.03.10

Editorial de La Tercera (Grupo Said) Los impuestos son una alternativa innecesaria y costosa

Ha resultado sorprendente que el gobierno, desde un comienzo, haya postulado las alzas de impuestos como una opción, aun en un rol limitado. Por una parte, si bien la cifra a financiar es enorme, ella no deberá enfrentarse en un plazo breve, sino en un horizonte de reconstrucción de varios años, como ha dejado claro el gobierno. Pero más allá de esta distribución del gasto en un período mayor, hay argumentos de peso para evitar alzas de impuestos.

El Ministerio de Hacienda ha dado a conocer estimaciones iniciales de la magnitud económica de la catástrofe provocada por el sismo de febrero. Las cifras presentadas -si bien dependientes de supuestos- generan un marco preliminar para discutir cómo financiar las necesidades detectadas.

En las cifras del gobierno se considera que el daño a infraestructura productiva, social y de vivienda que deberá ser reparado con recursos estatales alcanza a unos 10.000 millones de dólares, los que, descontadas las recuperaciones por concepto de seguros, dan una cifra final en torno a los 9.000 millones de dólares.

A partir de estos números se ha suscitado una discusión sobre los mecanismos para contar con los recursos requeridos, donde las posibilidades planteadas por la autoridad incluyen reasignaciones de gasto público, venta de activos estatales, uso de recursos fiscales ahorrados en el exterior, endeudamiento fiscal, captación de aportes voluntarios privados a través de donaciones e incluso alza en algunos impuestos.

Ha resultado sorprendente que el gobierno, desde un comienzo, haya postulado las alzas de impuestos como una opción, aun en un rol limitado. Por una parte, si bien la cifra a financiar es enorme, ella no deberá enfrentarse en un plazo breve, sino en un horizonte de reconstrucción de varios años, como ha dejado claro el gobierno. Pero más allá de esta distribución del gasto en un período mayor, hay argumentos de peso para evitar alzas de impuestos.

El primero es que existe un amplio margen para que, con su actual presupuesto, el Fisco reasigne más recursos a la reconstrucción que los 700 millones de dólares anunciados.

Efectivamente, el gasto autorizado para 2010 supera en más de 150 millones de UF (aproximadamente, 6.000 millones de dólares) el gasto fiscal de 2008, y es marginalmente más elevado que el de 2009 cuando, como es sabido, el Fisco incurrió en una enorme expansión para enfrentar la crisis financiera mundial.

Parece razonable entonces que la gran expansión fiscal de 2009 pueda ser redirigida, al menos, en una porción más significativa que los 700 millones de dólares identificados por el gobierno, desde las medidas para la crisis financiera de 2008 y desde gastos en programas o proyectos prescindibles hacia la reconstrucción posterremoto. Algún margen de recursos debería aportar también incrementos de eficiencia en el gasto público.

La segunda razón para evitar un aumento de tributos es que si la reasignación no es suficiente está disponible también la obvia posibilidad de enajenar activos financieros fiscales prescindibles y de disponer de las reservas fiscales en el exterior. Además, si por alguna razón hiciera sentido mantener esas reservas en un nivel elevado, existe un amplio acceso a endeudamiento en el exterior para que el Fisco chileno pueda obtener fondos adicionales.

Pero la posibilidad de aumentar impuestos resulta especialmente contradictoria con la constatación de que la economía chilena sufre de una evidente pérdida de dinamismo, que ha significado que en la última década haya disminuido su ritmo de crecimiento en forma severa, haya visto estancarse su productividad y no haya podido generar empleos suficientes, tal que la tasa de desocupación promedio llegó al 9,5% de la fuerza de trabajo. Siendo la recuperación del dinamismo económico una prioridad social, además de un compromiso explícito del actual gobierno, llama la atención que -salvo absoluta falta de alternativas- se piense en recurrir a impuestos que limitan las posibilidades económicas.

Parece entonces prudente afinar más las estimaciones de los daños, precisar mejor el ritmo al que debe proceder la reconstrucción para evitar encarecimientos extremos, explorar  alternativas de financiamiento y agotar el análisis de posibles reasignaciones de gasto fiscal, antes de recurrir a mayores impuestos que dejarían en duda el compromiso con el empleo y el crecimiento económico del nuevo gobierno.

FUENTE

http://diario.latercera.com/2010/03/27/01/contenido/21_27569_9.shtml

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