Wide Blog Theme

30.03.10

Las doctoras de dos terremotos

Lo que vivieron fue un déjà-vu. Las doctoras Tania Muñoz y Macarena Letelier venían llegando desde Puerto Príncipe, donde ayudaron a las víctimas del terremoto haitiano, cuando aterrizaron en Chile a fines de febrero. No alcanzaron a descansar ni un minuto, la tierra se volvió a remecer, y decidieron partir a los hospitales de campaña y consultorios en Curicó y Batuco. Esta vez, los afectados eran sus propios compatriotas. Esta vez, era personal.





 

Durante semanas durmieron en el suelo, comieron porotos enlatados, tuvieron el agua justa para tomar y darse duchas de sólo un minuto. Pero a las chilenas Tania Muñoz y Macarena Letelier no les importó. Para ellas, salvar vidas o "aliviar el dolor" de las víctimas del terremoto haitiano -al que llegaron ocho días después de ocurrido- era lo más importante. En campamentos contiguos al epicentro atendieron desde fracturas expuestas hasta estrés postraumático. "Recuerdo un grado de pobreza del que era imposible sustraerse, en medio de la devastación absoluta. Algunas veces era muy frustrante ver a niños enfermos, cuyo principal problema era su avanzado nivel de desnutrición, y que nadie se preocupara por ellos, y nosotros tampoco teníamos cómo. También recuerdo fracturas difíciles de tratar, varios problemas con embarazadas, una que no sentía a su hijo, a quien examiné con instrumental que una monja me prestó. O una mujer que decía tener 18 meses de embarazo", dice Tania Muñoz.

Todo eso hasta el 27 de febrero de 2010.

Hasta ese día el apoyo que dieron a las víctimas del terremoto de Haití había sido la experiencia laboral más dura, sobrecogedora y a la vez gratificante que habían vivido.

Habían dejado Haití con un sentimiento de nostalgia, sin imaginar que pocos días después de su arribo a Santiago volverían a ser testigos de otra infernal catástrofe, igual a la haitiana, con saqueos, heridos, histeria, ausencia de comunicaciones, falta de agua y de electricidad.

Para las dos doctoras chilenas esto sería un déjà-vu.

De Puerto Príncipe a Curicó

El avión que traía a la doctora Tania Muñoz -34 años- llegó desde Puerto Príncipe 11 días antes del terremoto y tsunami que devastaron el centro y sur de Chile. Tania venía extenuada luego de jornadas de trabajo de 12 horas seguidas de pie, atendiendo en terreno. Apenas aterrizó en Chile, viajó directo a casa de sus padres en Curicó. Quería regalonear, descansar, al menos durante una semana, para luego retomar su trabajo en el consultorio Albert, en Cerro Navia.

En 2002, tras haber egresado de Licenciatura en Educación con mención en Castellano, había ganado una beca para estudiar Medicina a la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana, desde donde egresó en 2008. Al volver a Chile debió revalidar su título ante la Universidad de Chile. No recuerda exactamente qué le preguntaron, pero sí sabe que no fue "¿Cuántas hojas de acelga debe llevar la sopa de un menor de dos años?", como sí le tocó a su compañera de curso Tamara Domínguez.

Tania Muñoz aprobó con nota máxima y nunca sintió nervios. "Estaba segura de que sabía, además había estudiado en una de las mejores escuelas de medicina del mundo. Para mí era sólo un trámite", dice seria, segura de sus conocimientos.

A las 03.34 de la madrugada de ese 27 de febrero despertó de súbito por el movimiento; el segundo piso de su departamento parecía que se iba a tumbar, como sus libros de medicina, cuadros, recuerdos. "Me levanté asustada. Bajé en pijama, caía polvo y trozos de pared. Toda la gente salía aterrorizada, era un caos. A ese miedo se sumaron los gritos de los presos de la cárcel de al lado, que tras el sismo los dejaron salir, corrían por la calle. No lo podía creer, estaba en un segundo terremoto dantesco en menos de 45 días", cuenta la doctora, que vive en la calle Lira, cerca de la cárcel Blas Cañas.

Sus horas de angustia transcurrían sin que supiera nada de su familia en Curicó. Por la radio de un auto se enteró del epicentro y de la destrucción de la VII Región y sólo a las ocho de la mañana logró comunicarse con su padre. "Estamos todos bien al igual que toda la familia de los alrededores", alcanzó a escuchar. Poco después se comunicó con su jefe para ir al consultorio, pero la cantidad de gente que había llegado era escasa. No querían salir de sus casas por temor a los robos.

El cuatro de marzo partió rumbo a Curicó. Con poco combustible y tras diez horas de viaje llegó a su casa. La impresionó ver la destrucción de la ciudad, sobre todo la de los barrios más tradicionales y humildes. El primer día se instaló junto con su amiga Tamara Domínguez, también doctora, en una mesita a la sombra frente a la Plaza de Armas, frente a lo que quedaba del diario "La Crónica". "Me tocó ver todo tipo de trastornos derivados del terremoto, adultos y niños con crisis de pánico y niños que por dormir a la intemperie tenían enfermedades respiratorias", cuenta. Los días siguientes las dos doctoras recorrieron los poblados rurales de Santa Mónica y Sagrada Familia. "Acá habían muchas bronquitis, también angustia y personas diabéticas muy descompensadas por falta de atención o medicamentos".

La semana pasada se presentó como voluntaria en el hospital de campaña de Cuba, ubicado en el Estadio Municipal de la ciudad donde se reencontró con colegas de su época de estudiante. "Aquí hemos llegado a atender cerca de 500 personas en un solo día, así es que la colaboración de los chilenos ha sido una buena ayuda", señala uno de los médicos de la carpa de urgencias.

Tania Muñoz compara las experiencias vividas estas semanas: "Reconozco algunas similitudes entre lo que viví en Chile y Haití. En los dos países había gente asustada con un alto nivel de trauma. La gente estaba con estrés, lo veía en sus caras. Había desesperanza; gente mayor muy afectada que me decía que ya no les quedaba vida para reconstruir sus casas. Y en los dos países vi a pacientes que no eran capaces de responder frente al dolor, totalmente en shock".

Dice que en Haití las condiciones de trabajo eran más adversas, "con una barrera idiomática y cultural mayor, con un nivel de desnutrición más grande, que prácticamente no se podía combatir. Eso era muy frustrante. En Haití yo no viví el movimiento. Llegué a la tragedia en una misión y me costaba dimensionar el nivel de la catástrofe global, a diferencia de Chile. Acá, en cambio, fui testigo de lo que estaba sucediendo. Además, tenía miedo por mi familia".

De Carrefour a Batuco

Macarena Letelier -30 años- regresó de Haití después de 40 días de trabajo. Le tocó, junto a Tania Muñoz y seis enfermeros del Samu, trasladarse a una carpa de emergencia para atender pacientes en las inmediaciones de Carrefour, en el departamento Oeste del país, cercano al epicentro de la tragedia haitiana. Viajaban en el pick up de una camioneta destartalada que hacía las veces de ambulancia.

El jueves 25 de febrero, a mediodía, llegó desde Puerto Príncipe y el viernes ya estaba en su trabajo en el Centro Comunitario de Salud Mental de Lampa. La madrugada del sábado 27 se acostó extenuada.

-Había sido un viaje lleno de emociones fuertes y de mucho trabajo en condiciones bastante complejas. De hecho estaba tan agotada que desperté -vive en un cuarto piso- pensando que el movimiento era sólo un temblor. Seguí durmiendo, pese a que el edificio fue desalojado. No supe. Sólo al mediodía siguiente me di cuenta de la magnitud de la situación.

Dos días antes, en Haití, cada día debía ordenar, hablando en creole y sin megáfono, a 400 personas que se agolpaban en la entrada de su carpa pidiendo atención. 72 horas después partía a Batuco, cerca de Santiago, a atender a docenas de pacientes con estrés postraumático. "La destrucción visible era mayor en Haití; la gente estaba más shockeada; ellos no tienen una cultura de movimientos telúricos como nosotros. En Chile, aunque estuvimos más tiempo incomunicados, sí podíamos tomar agua de la llave; tenemos redes asistenciales, el Estado funciona".

Macarena Letelier y Tania Muñoz sienten que esta tarea aún no termina, que cumplen con un deber social. Macarena incluso intentará volver a Haití, "porque allá descubrí que soy negra por dentro".

Por Carlos Saldivia

FUENTE

REVISTA YA EL MERCURIO 30/03/2010

 


 

 






Wide Blog Theme

 

Archivo de prensa - CEPPDI -  www.politicaspublicas.net