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03.04.10

Reconstrucción e impuestos (Editorial de El Mercurio)

 

El Gobierno aún no ha dado a conocer su decisión respecto de cómo se financiarán las obras del Estado afectadas por el sismo del 27 de febrero. Hasta ahora se sabe de recortes de gastos menores en las distintas reparticiones públicas y de reasignaciones presupuestarias que están aún lejos de los montos requeridos para reparar los daños que sufrieron la infraestructura y los bienes públicos.

Si bien se requiere una mayor precisión en las estimaciones de los daños para definir el paquete de financiamiento requerido, así como una adecuada programación en el tiempo de estos gastos extraordinarios, para evitar impactos macroeconómicos de corto plazo muy significativos, eso no debería afectar de modo importante la estructuración del financiamiento. Siendo así, la demora en los anuncios no resulta del todo comprensible.

El asunto parece haberse complicado porque se planteó la posibilidad de recurrir a cambios tributarios para financiar la reconstrucción. Sin duda, esa opción siempre debe estar disponible, pero dada la solidez de las finanzas públicas nacionales, la elevación de la carga tributaria no es indispensable. En estas circunstancias, es mucho más prudente que la definición del sistema tributario corresponda a criterios más permanentes. Hacer cambios tributarios desarticulados de una mirada más global, si ello no es urgente, no tiene mayor sentido. La propuesta de alza de impuestos que plantean algunos sectores oficialistas parece estar motivada por razones políticas más que técnicas. Existe quizás la sensación de que si un gobierno de centroderecha —tradicionalmente contraria a esta política— sube los impuestos, habría beneficios políticos de largo alcance para la coalición gobernante, sin que el país, en el clima actual, deba pagar muchos costos por un alza pequeña de impuestos que, por lo demás, son difíciles de cuantificar.


Sin embargo, parece difícil que esos beneficios políticos puedan ser realmente importantes. Políticamente podría ser mucho más rentable para el oficialismo un sistema tributario que potencie el crecimiento del país —y, por esa vía, el bienestar de la población—, acompañándolo de diversas iniciativas que perfeccionen los programas sociales y aseguren mayor calidad y equidad en educación y salud, por ejemplo.

Por eso, parecería mucho más provechosa una revisión amplia del sistema tributario, que redujese algunas de las distorsiones y exenciones existentes y al mismo tiempo avanzara hacia tasas máximas para empresas y personas, más parecidas entre sí que en la actualidad (ello supondría elevar la tasa a las empresas y reducir la de las personas).

Además, se podría extender el límite actualmente vigente para que las empresas no paguen impuestos por sus utilidades reinvertidas. Eso se podría complementar con impuestos adecuados para dar cuenta de las externalidades negativas del consumo de ciertos bienes específicos. Un sistema de estas características incentivaría el ahorro y la inversión, corrigiendo de paso distorsiones. Eso elevaría el crecimiento del país y la calidad de vida de sus habitantes. Las ganancias políticas de una reforma de esta naturaleza podrían ser muy superiores y más permanentes que las hoy consideradas.

 

Sábado 03 de Abril de 2010

FUENTE

http://blogs.elmercurio.com/editorial/2010/04/03/reconstruccion-e-impuestos.asp

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