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10.04.10

Impuestos y reconstrucción nacional (Por Marco Enríquez-Ominami)

Categories: Opiniones, Impuestos

El terremoto desnudó un Estado ausente, y en medio de la discusión acerca de la comentada ineficiencia de la Concertación y sus funcionarios públicos, no es momento para concebir un Estado debilitado por la falta de recursos e incapaz de enfrentar desafíos ante catástrofes como la que vivimos. Sin un Estado robusto, ni los funcionarios más eficientes del mundo pueden contra la realidad.

Por eso, todo debate sobre una reforma debe apuntar, por un lado, a una carga tributaria global superior a la actual, y por otro, a fortalecer las capacidades fiscalizadoras para evitar la evasión y la elusión, así como a modificar el sistema político para que el Parlamento garantice la coherencia, trazabilidad e idoneidad del gasto fiscal.

 

Con el terremoto se levantó el velo del desarrollo económico chileno y, para muchos, lo que estaba tras el telón resultó francamente deprimente. Por una parte, vimos un Estado confundido, sin recursos ni capacidad de reacción; por otra, se desnudó la profunda desigualdad social, que es parte integral del modelo económico que construimos en estos años.

Podemos continuar diciendo que éste fue el mayor terremoto en la historia reciente o que Estados Unidos tampoco supo reaccionar frente al huracán Katrina, pero la verdad puede ser otra: el milagro económico chileno se para demasiadas veces sobre pies de barro y puede derrumbarse con un remezón, tal como el edificio Alto Río en Concepción, ícono de nuestra propia tragedia.

Por eso, la discusión sobre el alza de impuestos no puede solamente refugiarse al alero de la reconstrucción. Como bien expresan muchos, Chile tiene acceso a suficientes recursos para eso, y por lo mismo hoy tenemos la oportunidad de discutir más profundamente el tipo de desarrollo económico que queremos. Desafortunadamente, el debate fue monopolizado por economistas conservadores, quienes argumentan que la estructura tributaria debe ser neutral para no afectar la asignación de recursos y los estándares de crecimiento. Más allá de la miopía técnica, el tema de fondo es otro: la estructura tributaria refleja el tipo de sociedad a la cual aspiramos y, por lo tanto, el debate involucra a todos los actores.

La estructura tributaria cumple varias funciones. No sólo genera los recursos para el Estado, sino que es un medio de redistribución de los ingresos. Veamos, por ejemplo, el caso del IVA. Como bien dicen los economistas, los tributos indirectos alteran la asignación de recursos al cambiar los precios relativos de los bienes. Sin embargo, eso no es siempre negativo y tampoco implica que la estructura del IVA, por ser pareja y horizontal, sea la más eficiente. Se ha argumentado mucho contra la rebaja del IVA a los libros o productos de primera necesidad —lo que existe en la mayoría de los países desarrollados—, sin apreciar que el propósito es utilizar la estructura tributaria para promover la cultura —que tiene carácter de bien público— o garantizar a sectores más pobres bienes de primera necesidad, como el pan y la leche.

Cualquier discusión sobre la alteración de la estructura tributaria involucra una reflexión sobre el tipo de bienes y servicios que consideramos positivos para nuestro desarrollo. En Inglaterra se discute hoy un impuesto que grava el consumo de alimentos que inciden en la obesidad. Es decir, efectivamente los impuestos al consumo alteran la asignación de recursos, pero eso también puede ser una oportunidad para construir una economía más sustentable y equitativa.

Una estructura tributaria eficiente debe contemplar “royalties” no sólo a la minería, sino a una gama de actividades basadas en la extracción de bienes públicos y que generan rentas, como, por ejemplo, los recursos pesqueros o el agua utilizada por las hidroeléctricas. El debate sobre la eficiencia económica debe reconocer que aplicar regalías a los recursos naturales ayuda a construir una estructura tributaria socialmente eficiente.

Y pensando en la equidad, cualquier reforma al sistema debe avanzar hacia uno más progresivo, incluyendo, sobre todo, el incremento sustancial del impuesto a la primera categoría, extremadamente bajo comparado con otros países.

El terremoto desnudó un Estado ausente, y en medio de la discusión acerca de la comentada ineficiencia de la Concertación y sus funcionarios públicos, no es momento para concebir un Estado debilitado por la falta de recursos e incapaz de enfrentar desafíos ante catástrofes como la que vivimos. Sin un Estado robusto, ni los funcionarios más eficientes del mundo pueden contra la realidad. Por eso, todo debate sobre una reforma debe apuntar, por un lado, a una carga tributaria global superior a la actual, y por otro, a fortalecer las capacidades fiscalizadoras para evitar la evasión y la elusión, así como a modificar el sistema político para que el Parlamento garantice la coherencia, trazabilidad e idoneidad del gasto fiscal.

La reconstrucción requiere recursos adicionales, pero la catástrofe permanente de la desigualdad los requiere permanentemente. Chile necesita una reforma tributaria sustantiva no sólo para superar esta desgracia, sino para sentar las bases de un desarrollo económico más justo y sustentable. Tenemos una gran oportunidad para reinventar el país, no esperemos al próximo terremoto.

Sábado 10 de Abril de 2010

FUENTE

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/04/10/impuestos-y-reconstruccion-nac.asp

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