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29.06.10

Royalty recaudador, no innovador (Editorial de El Mercurio)

Categorías: Royalty

Durante el gobierno del Presidente Lagos se estableció el impuesto a las utilidades operacionales de la minería, adicional al de primera categoría, como resultado de ponderar las ventajas de la recaudación fiscal que generaría, y su justificación económica basada en las rentas “ricardianas” asociadas a los recursos naturales no renovables. Esto no fue positivo para la imagen de Chile, al modificar unilateralmente las reglas del juego institucional, en particular a los contratos de inversión extranjera.


En esa oportunidad, el Presidente Lagos sostuvo, como un argumento adicional, que se debía evitar la experiencia que nuestro país sufrió con el salitre tras la Primera Guerra Mundial, cuando el surgimiento del sustituto sintético hizo desaparecer esa riqueza sin dejar efectos perdurables en la sociedad. Por eso, afirmó que los fondos adicionales que se recaudaran se utilizarían para aumentar la productividad nacional, fomentando la innovación, por lo que se propuso instituir un Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC), que recibiría dichos recursos y otros adicionales que el Estado definiera presupuestariamente.

Sin embargo, la idea original de utilizar tales recursos en innovación se ha ido desdibujando. La ley que lo crearía aún no ha sido aprobada, y sólo hay una glosa de gastos para esos fines en el Ministerio de Economía. El fondo ha recibido sólo 18 por ciento de lo recaudado. Además, ahora se discute una modificación del impuesto —no es propiamente un royalty, pues no grava la extracción, sino las utilidades operacionales resultantes— que aumente su recaudación, a cambio de una extensión de su invariabilidad, para complementar los fondos requeridos para la reconstrucción. Todo esto deriva de que los impuestos no pueden destinarse a un propósito específico.

Sin embargo, la discusión sobre el uso específico del royalty no debe difuminar el tema de fondo, que es el fomento de la innovación como herramienta fundamental para incrementar la productividad total de los factores productivos, pues la disminución de su aporte y su actual estancamiento fueron identificados por el programa del Presidente Piñera —y al respecto hay consenso en los centros de estudio de las diversas corrientes políticas— como el factor que debe corregirse para retomar un crecimiento que permita alcanzar el desarrollo en esta década.

Impulsar la innovación es complejo, pues combina factores diversos: fomento a la ciencia, fundamental para crear y transmitir conocimiento; fomento a la tecnología dura y blanda, clave para incrementar la productividad de los procesos productivos, mucha de la cual requiere de conocimientos científicos; impulso a la formación de capital humano avanzado, e incentivo al emprendimiento, motor de la actividad humana.
El apoyo estatal necesario para lo anterior supone una sutil ecuación, que, junto con destinar fondos, evite el dirigismo y el voluntarismo. Serán siempre las personas, o grupos de ellas, cuyas energías hayan sido incentivadas por los programas gubernamentales las que lograrán los resultados. El esfuerzo estatal no debe consistir en centralizar programas de apoyo, sino en diseñarlos adecuadamente para que no contengan incentivos perversos, aun cuando operen descentralizadamente. Sí deben incluir necesariamente sistemas de control de resultados, con paneles internacionales de evaluación.

La vara de medida debe ser siempre la creación de valor, en sus diversas formas. Sólo así tendrá sentido destinar recursos de los contribuyentes a ese esfuerzo.

FUENTE

http://blogs.elmercurio.com/editorial/2010/06/29/royalty-recaudador-no-innovado.asp

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