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29.09.10

TIRUA. Volver al mar: la pesca artesanal se recupera del maremoto

02 Sep 2010. Seis meses después del devastador terremoto y maremoto que afectó las costas de la zona centro sur de Chile, un proyecto de la FAO está apoyando la recuperación de de las caletas afectadas. Por Rodrigo Flores.

Santiago de Chile, 2 de septiembre de 2010 - "Ya no pensábamos de volver a la mar, pensábamos de ir al bosque, de buscar otra empresa, porque veíamos que el desastre era grande, y era difícil nosotros con nuestros recursos pararnos y comprar uno o dos botes, era como imposible. Era como agarrar una estrella del cielo con las manos." De esta forma Rolando Huenchunao, presidente del 1er Sindicato de Pescadores de Tirúa, recuerda la sensación que predominaba en su caleta en las semanas que siguieron al terremoto y maremoto que golpeó a Chile en la madrugada de 27 de febrero de 2010.


De contextura gruesa y brazos fuertes, propios de un hombre que ha trabajado en el mar desde los doce años, Rolando Huenchunao es un fiel reflejo del pescador artesanal de Chile, un hombre de esfuerzo que lucha por sacar adelante a su familia y apoyar a los miembros de su gremio.

"Nosotros contábamos con veinte botes en la caleta, y los que fueron destruidos fueron 19. Quedó uno sólo parado", recuerda Rolando en la playa de Tirúa, playa que todavía refleja las marcas de lo que fue la catástrofe en su costanera -levantada más de un metro en algunos sectores- y frente a sus costas, donde el río que lleva el mismo nombre se funde con el mar, y donde se pueden ver los restos del murallón que servía como rompeolas, arrancado de cuajo por las olas del maremoto.

Sin embargo, seis meses después de que el mar se tragara la costa, los pescadores de Tirúa y de dieciséis caletas más de las regiones de Valparaíso, Maule y Biobío tienen razones para el optimismo y la esperanza. Gracias al apoyo de un proyecto de la FAO, casi siete mil pescadores y pescadoras artesanales, buzos, mariscadores y recolectores miran al mar con más respeto que nunca, pero con el mismo amor de antes.

El mar es quien da y quien quita

El desastre de febrero cobró la vida de cientos de personas y afectó los medios de vida de miles de pescadores que dependían del mar para alimentar a sus familias, pagar el colegio de sus hijos y llevar sus vidas adelante.

"El mar es quien nos da todo y quien nos quitó casi todo", sentencia Leonel Lucero, presidente de la Federación de Pescadores Artesanales de Arauco, que reúne a 28 organizaciones de toda la provincia de la Región del Biobio.

Pero lo poco que les dejó el mar fue suficiente para estimular la tenacidad de los pescadores: "A los quince días del maremoto ya contábamos con un catastro detallado de los afectados y la cuantificación aproximada de sus pérdidas", recuerda Lucero. Ese catastro fue uno de los que se utilizaron para articular un proyecto de recuperación conjunto de la FAO y el Gobierno de Chile.

La necesidad más urgente

Gracias a una donación del Fondo Central de Respuesta de Emergencia de las Naciones Unidas, la FAO y el Gobierno chileno establecieron un proyecto de apoyo a los pescadores artesanales por un monto cercano al millón de dólares USD.

Con esta inversión se están distribuyendo un total de 44 botes equipados, 38 motores fuera de borda, 6 máquinas de hielo, 104 equipos de buceo, 25 compresores y cerca de mil redes de distintos tamaños, en las caletas más afectadas del país, permitiendo a miles de pescadores regresar a sus faenas.

Tubul, LLico, Tirúa, Quidico, Punta Lavapié, Isla Mocha, Laraquete, Coliumo, El Morro, El Soldado, Llico, Tumbes, Cocholgue, Isla Santa María, Dichato, Los Pellines y Juan Fernández fueron las caletas donde se implementó el proyecto, la mayor parte de cuyas donaciones ya se han entregado.

"Sabemos que todo el esfuerzo que hemos puesto en este proyecto es un grano de arena en el mar de necesidades que aun tienen los pescadores artesanales de Chile", dice Alejandro Flores, Oficial de Pesca y Acuicultura de la FAO, y añade que hoy los pescadores ven con más esperanza el futuro, pues saben que un bote es mucho más que su fuente laboral: para ellos es su forma de vida.

"Hicieron realidad sus dichos e hicieron realidad nuestros sueños", resume Rolando.

"Nuestro propio ñeque"

"Cada vez que vemos los botes ahí nos sentimos orgullosos. Esta ayuda que la FAO hizo siempre va a quedar en el recuerdo, porque demostró tanto interés en que nosotros nos volviéramos a ganar el pan con nuestro propio ñeque, nuestra propia fuerza. Eso nos conmueve un poco", dice emocionado Rolando Huenchunao.

Parte fundamental de la efectividad del proyecto fue la participación activa de los beneficiarios, quienes identificaron sus propias necesidades y se coordinaron para administrar de manera conjunta los bienes recibidos.

"Lo que hizo la FAO, fue totalmente rupturista ya que por primera vez se nos consultó lo que necesitábamos", asegura Leonel Lucero. "Esto fue muy importante para nosotros ya que nos sentimos valorados como organización. Con esto estamos cambiando la mentalidad del pescador, ya que está entendiendo que la mejor forma de conseguir cosas es organizarse", explica Lucero.

Lo mismo opina Carmen Pilquimán, presidenta del Sindicato 2 de Quidico, formado por 200 mujeres que se dedican fundamentalmente a la recolección de algas: "El proyecto nos fortalece como sindicatos, ya que nos hace trabajar en conjunto, y por el bien común de todos los socios". Esto se debe a que las donaciones no son propiedad de personas naturales, sino que de los sindicatos u organizaciones que agrupan a pescadores, recolectores, buzos y mariscadores.

Volver a la mar

El viento sopla fuerte en la costa de Tirúa. Hay marejadas, y el bote pesquero en que viaja Rolando Huenchunao se sacude como un corcho. Mientras Rolando relata cómo ha cambiado la vida para los pescadores desde el terremoto, una ola lo desestabiliza. Se ríe y reconoce que a pesar de sus años de experiencia aún le tiene gran respeto al mar.

"Al principio teníamos temor de volver a la mar. Pero ya se le ha perdido el miedo. Nosotros somos gente del mar. Es lo que nosotros sabimos hacer. No tuvimos la suerte de llegar a la universidad y ser un profesional, pero la vida de nosotros es el mar. Vamos a dejar la vida en el mar si es necesario, para que nuestros hijos puedan estudiar y alimentar a nuestras familia", dice Rolando, y apunta la proa del barco mar adentro.

 

FUENTE

Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO)
http://www.reliefweb.int/rw/rwb.nsf/db900SID/MCOI-88XDFG?OpenDocument&RSS20=03

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